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Archivos Mensuales: agosto 2014

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“Tengo el deber de encerrarme en mi espíritu y trabajar cuanto pueda y en todo cuanto pueda para el progreso de la civilización y el ensanchamiento de la conciencia de la humanidad”

“Primero sé libre. Luego, pide la libertad” 

Fernando Pessoa

Este domingo, mi pequeño homenaje al editor Jaume Vallcorba. Que se las arregló para hacer, en su vida, cosas permanentes y bonitas.

Muere Jaume Vallcorba, maestro de editores

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Ahora que se cumplen 40 años de ese Watergate que convulsionó a la opinión pública estadounidense, recupero un artículo escrito poco después del estreno de la electrizante Frost/Nixon (2008), de Ron Howard.

La película dramatiza con maestría la génesis y desarrollo de las legendarias entrevistas que el periodista británico David Frost le hizo al ex-presidente norteamericano algunos años después de los hechos, en concreto en 1977.

El artículo fue publicado originalmente en Suite y también lo seleccioné en su dia para mi colección de reseñas Cine de Red. 

Frost/Nixon, de Ron Howard (2008)

Richard Nixon ha sido una de las figuras más controvertidas de la historia política estadounidense. En cierto modo, ha quedado retrospectivamente como una especie de presidente maldito.

No es que la Historia de los Estados Unidos como país y como administración resulte, vista desde fuera y globalmente, demasiado edificante. Al menos desde 1898. Su agresiva política exterior, la evidente voluntad de supremacía, su casi desvergüenza a la hora de involucrarse en los asuntos de países ajenos, o su constante pretensión de que lo que no son más que intereses propios coinciden con los intereses globales no ayudan a la imagen de EEUU como potencia cien por cien benigna.

Al igual que Roma, los EEUU tuvieron una primera fase Republicana a la que le sucedió una fase Imperial. En el caso estadounidense, podríamos decir que la Era Republicana cubrió desde 1776 hasta 1898. La guerra contra España supondría la puesta de largo como Imperio del nuevo gigante económico, el punto y final de la República ideal de los Padres Fundadores.

Y ese primer siglo del Imperio ha dado unas cuantas figuras sombrías. Pero alguna había de llevarse la palma, convertirse en cabeza de turco historiográfico. Richard Nixon (1913-1994) parece haber sido la figura escogida.

El escándalo de las escuchas ilegales en la sede demócrata del edificio Watergate obligó a Nixon a dimitir en 1974, poco después de ganar su reelección. A partir de entonces se sumiría en un largo silencio. Nadie, ningún periodista por acerado que fuese, parecía poder sacarlo de su hermetismo.

Mientras tanto, el polémico ex-presidente acariciaba la idea de resarcirse ante la opinión con alguna intervención pública contundente, o serie de entrevistas de calidad. De tapar dialécticamente con sus éxitos diplomáticos la fea mancha del asunto Watergate. A mediados de la década de los setenta, el periodista y showman británico David Frostpareció ponerle en bandeja la oportunidad.

¿Quien era David Frost? De entrada, ni siquiera era norteamericano, y en aquella época se encontraba desterrado en la televisión australiana. Especie de Andreu Buenafuente o Xavier Sardà de los setenta, a Nixon le pareció un contrincante fácil para la conducción de las entrevistas que habrían de devolverle (según confiaba) la estima de los estadounidenses. Aceptó casi de inmediato, animado también por la bonita suma ofrecida por Frost.  Read More

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