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Archivos Mensuales: diciembre 2012

I

“Si quieres un final feliz, eso depende, por supuesto, de en dónde detengas tu historia” Orson Welles, 1970

Cierto y el final escogido transforma radicalmente la historia. La rehace y rehace su significado, su mensaje, su estética y sus esperanzas. Coge It is a Wonderful Life, el más delicioso cuento navideño, y córtala en el momento en que James Stewart decide suicidarse, ahí inclinado en el puente sobre el rio resonante y oscuro. Poco antes de la aparición del ángel sarcástico y bonachón.

Coloca ahí el final y arranca los títulos de crédito. Convertirás un cuento de hadas humanista en un angustioso drama nihilista.

Otro: la secuencia final de Les 400 coups. No puedo imaginarla sin ese final. Impregna toda la historia de una felicidad extraña y dolorosa.

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La que sigue es mi opinión sobre el nuevo berenjenal.

En relación a Cataluña y sus exigencias, la Transición Política se basó en el siguiente equilibrio: el Estado permitía al catalanismo modelar Cataluña a su imagen y semejanza, a cambio de la aceptación (total o parcial) por parte del catalanismo del marco y del proyecto español. Esa fue la clave del pacto PSC-PSOE y de la izquierda española con el conjunto del catalanismo de izquierdas (PSUC-PCE fue el otro par). Y también ha sido clave de los más recientes acuerdos (mucho más polarizados) entre las derechas catalana (CIU) y española (PP).

Pero el catalanismo ha cometido el error de posicionarse contra el Estado antes de tiempo, sin tener aún la fruta madura del todo (su objetivo fue siempre la independencia en algún momento del futuro), en un mal cálculo de correlación de fuerzas. Y ahora es el Estado el que se siente con manos libres para posicionarse frente al catalanismo. Wert, o quien corresponda, va a ponerse a demoler todos los ídolos del catalanismo, ya sin complejos, incluidos los más “sagrados”, como la lengua. Se ha roto la baraja.

Y ahora va en serio. Se han acabado las bromas. 30 años después, las máscaras de unos y otros han caído. Hasta ahora solo hubo intromisiones intermitentes y más bien débiles por parte del Estado en el desarrollo del proyecto nacional catalán. Ahora la norma será la confrontación decidida y sin remilgos.

La agonía del PSC simboliza otra agonía: la de los equilibrios de la Transición entre el Estado central y el catalanismo de las esencias. En los próximos meses y años veremos y oiremos cosas inéditas desde 1976.

¿Es posible alguna salida? La llave la tiene, exactamente igual que en 1977, el PSC.

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