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Archivo del Autor: Serafin G Leon

“… a lo mejor tuve miedo de que leyera en tu mano alguna verdad sobre mí, porque fuiste siempre un espejo terrible, una espantosa máquina de repeticiones, y lo que llamamos amarnos fue quizá que yo estaba de pie delante de vos, con una flor amarilla en la mano, y vos sostenías dos velas verdes y el tiempo soplaba contra nuestras caras una lenta lluvia de renuncias y despedidas…”

Memoria iluminada 

deda64afb461d33bf0c66be91e515ab6A la altura de mediados de 2015, ha sucedido algo que hubiese sido impensable hace solo un par de años: la pugna entre C’s y UPyD de pronto se resuelve de manera fulminante a favor del primero. Tanto es así que no son pocas las voces que apuntan a una desaparición del partido de Rosa Díez tras las próximas generales de finales del presente año.

UPyD ha cometido muchos errores respecto a Ciudadanos. Díez parece haberse atrincherado al frente del partido y se ha puesto a dar vueltas de tuerca a su contestada estrategia, prácticamente desoyendo toda crítica interna o externa. No solo ha dado un portazo (en realidad varios) a cualquier convergencia con C’s, en algún caso con formas casi estalinistas (recordemos lo de Sosa Wagner), sino que en los últimos meses, en especial en la campaña andaluza, parece haber ordenado a los suyos que se dediquen a lanzar a C’s ataques destemplados y casi grotescos. Y así lo han hecho, sobre todo en las redes sociales. Triste espectáculo en un partido que se creía llamado a liderar la nueva política y a ocupar importantes espacios de poder: verse reducido a pelearse por migajas con otro partido próximo ideológicamente y (al menos hasta ahora) también pequeño.

Con todo, no olvidemos ni despreciemos el valioso trabajo que ha venido haciendo UPyD desde su aparición en 2007. La regeneración de la que tanto se habla ahora es algo por lo que el partido magenta lleva tiempo esforzándose con tesón y honestidad, de una manera muy palpable. Y es humanamente comprensible la actual irritación de UPyD hacia el fenómeno Ciudadanos. Tal vez piensen que un partido como C’s, “nuevo” al menos en lo que respecta a la política española, se les ha comido la merienda. Y va a llevarse las glorias político-mediáticas del impulso de regeneración. O dicho de otro modo menos lírico: va a hacerse con el poder institucional, la representación, los escaños, los recursos económicos, a una escala a la que jamás ha tenido acceso UPyD, y a la que creía tener más derecho que nadie.

TAMBIÉN C’S LAS PASÓ PUTAS 

Pero la posible desaparición de UPyD sería un castigo excesivo para la gente de Rosa Díez, por muchos que hayan sido los errores cometidos en los últimos tiempos. Y sería negativa para el país. A pesar de lo que digan, siendo cierto que UPyD y C’s son en efecto partidos convergentes, que deberían ir de la mano mediante algún tipo de acuerdo, también es defendible que se trata de partidos con suficientes diferencias para ir bajo siglas distintas. Ambas son opciones políticas modernas y regeneracionistas, complementarias, aunque no 100% idénticas. Eso sí, tanto una como otra con gente muy preparada y valiosa, ávida de plantar cara tanto a la fosilizada casta establecida, como a los emergentes populismos catastrofistas o rupturistas.

Confío en que UPyD no desaparezca y sepa remontar la actual situación. Todos los partidos atraviesan altibajos. Y no digamos los partidos nuevos, sin la tradición, la estructura o los recursos de los grandes. UPyD pasa por un pésimo momento y parece haberse hundido momentáneamente en las preferencias de los electores. ¿Pero hemos olvidado ya cuál era la situación de Ciudadanos en el 2009? Muchos daban entonces por liquidado y amortizado el proyecto de Albert Rivera. No pocos de los intelectuales que les habían apoyado, con gran energía y determinación, durante los dias de su génesis, en 2005, o que incluso contribuyeron a crearlo, hacia 2009 habían poco menos que dado la espalda al partido. Azúa ya los ignoraba y defendía con ironía su derecho a la abstención, y Espada los trataba casi desdeñosamente.

UPyD parecía en aquel momento que se llevaba el gato el agua como el nuevo proyecto esperanzador que había de superar la esclerosis del trípode PP-PSOE-CIU. Era la opción de dimensión estatal y por tanto más útil que el partido de Rivera, que parecía reducido a servir tan solo de mosca cojonera de los nacionalistas en Cataluña, mientras se movía en la indefinición ideológica (al margen de su “especialización” antinacionalista) y un no pequeño desconcierto que le llevó a firmar algún pacto weird. Pero más tarde, a partir de las autómicas catalanas del 2010, el partido empezó a remontar. Después de que muchos (yo también) los vieran fuera ya del Parlament, tras tan solo una legislatura.

Yo creo que UPyD aún tiene, posiblemente, futuro. Como seguía teniéndolo (a la vista está), y contra del criterio de no pocos, el C’s de 2009. Pero los de Rosa Díez han de aceptar que la estrella ahora es Ciudadanos, por “injusto” que pudiera ser. O no. No olvidemos que C’s es un partido que lleva bregando casi una década y que, a pesar de estar en sus orígenes circunscrito a Cataluña, es en realidad más antiguo que UPyD. Y aceptar la estrella de Ciudadanos implica tragarse el orgullo (o la bilis) y pensar ante todo en el gran proyecto de regeneración que aguarda, una vez más, a España. Lo cual solo puede significar una cosa: generosidad y acuerdo.

El amor entre C’s y UPyD es una amor difícil, que aún no conoce final.

Aprovecho para recuperar un artículo escrito a mediados de 2011 (no recuerdo la fecha exacta) que tal vez se mantenga dentro de lo legible. Relaciones entre UPyD y Ciutadans (2011) 

Stevie-Nicks_240Stevie Nicks (Stephanie Lynn), legendaria vocalista, junto a Christine McVie, de Fleetwood Mac, se descolgó en 2011 con algo que no sucedía desde hacía una década: un nuevo álbum en solitario. El sofisticado, impecable, a ratos fascinante, In Your Dreams. 

Este álbum de 2011 lleva un buen puñado de canciones elegantes, creaciones inequívocas con el sello del magnetismo de su autora. Pero también incluye alguna sorpresa para aquellos que, a parte de su música, adoran el background biográfico del grupo y sus miembros: resulta que una de las canciones, Secret Love, fue escrita por Stevie ¡en 1976!, es decir, poco después de su incorporación a Fleetwood MacY parece que hubiera podido ser incluida perfectamente en aquel mítico Dreams (1977), trabajo a partir del cual empezó a ser inconcebible pensar en Fleetwood Mac sin pensar (y quizá ante todo) en Stevie Nicks.

In Your Dreams fue saludado por no pocos críticos como el mejor de la Stevie Nicks solista. El álbum parece impregnado de esa magia y pasión melancólica que tan bien le ha sentado siempre a Stevie. Y la atmósfera de los lyrics junto a la estética visual de los clips parece remitirnos a ese romanticismo trágico que pobló la literatura europea y americana hacia la década de 1830s. Tanto es así que nos resulta totalmente natural encontrar en In Your Dreams una versión del poema Annabel Lee de Edgar Allan Poe.

Sobre Annabel Lee, leemos en Rolling Stone:

“The moon never beams without bringing me dreams” –might have been written in 1849, but it was clearly meant for Stevie Nicks to sing”

Stevie Nicks y Poe diríanse kindred spirits. En los dos es posible rastrear the aesthetic warmth of pain, cold decay and death. 

The Guardian Review
Rolling Stone Review


Moonlight (A Vampire’s Dream)


AR2Sólo unos días atrás (me enteré por Twitter), tuvo lugar, obviamente como cada año, el aniversario de ese extraño meteoro Rimbaud. Conozco bien su cronología y fechas, pero no hasta el detalle de días y meses. Bien: El 20 de Octubre se cumplieron 160 años de su nacimiento (1854, Charleville).

Hace dos o tres años escribí un artículo (que hasta adapté al inglés) sobre el fulgurante versificador adolescente. Con entusiasmo, lo titulé El Enigma Arthur Rimbaud. Tradicionalmente, como a muchos otros, me ha fascinado hablar del “misterio” de Rimbaud. Y a ese supuesto misterio vuelvo a referirme en el artículo, cuyo enlace pongo al final de esta breve nota recordatoria.

Pero quizá porque soy tres años más viejo (y por tanto tres años menos romántico), no veo ya misterio alguno (o veo mucho menos) en la huída de Rimbaud, su decepcionante transmutación. En la rápida conversión en un ser totalmente distinto, en aquel 1873 en que abandonó toda actividad poética y literaria. Tras haber demostrado durante solo unos meses (más que durante unos años) su enorme talento para tensionar el lenguaje y crear visiones. Visiones transfiguradoras del presente y también premonitorias. Como haría Kafka medio siglo después: el de Praga otro genio del filtrado estético de la realidad sombría, aunque menos expansivo que el teenager de Charleville.

No. Creo que en el fondo no hay misterio. Rimbaud tenía 19 años. Y era 1873. Un siglo (al menos en su tercio final) rabiosamente realista. Hasta la literatura misma ensayaría (mediante el naturalismo) convertirse en una especie de ciencia. El casi veinteañero Rimbaud dirigió, a partir de entonces, su creatividad e ingenio en direcciones mundanas, fuertemente antipoéticas. Se puso, literalmente, el mundo por montera. El juguete de la literatura dejó de servirle, voilà tout, y en el futuro ya solo escribiría cartas vulgares y antiliterarias. Lo insólito en este caso, pienso yo, fue que lo que Rimbaud abandonaba, como una especie de pasatiempo adolescente que al madurar se deja atrás, constituía ni más ni menos que su verdadero talento. La auténtica expresión de su genio. Algo que tal vez no supo ver. O que si vio, no le importó.

El Enigma Arthur Rimbaud 

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(Recupero un par de artículos escritos para Suite en 2010 sobre el fascinante W.H. Hodgson y su obra pavorosa y extraña)

Podemos considerar a William Hope Hodgson (1877-1918) como uno de los antecedentes de Howard Phillips Lovecraft. Aunque no lo leyó hasta 1934, es posible que hubiese algun tipo de influencia “circular” a traves de otros autores. Es fácil rastrear el mundo lovecraftiano en títulos como The House on the Borderland, por ejemplo, con esos seres monstruosos de antigüedad inconcebible y desconocido origen.

Elogio de Lovecraft

Muerto en 1918, en una de las últimas tardes de la Primera Guerra Mundial como quien dice, William H. Hodgson fue a parar al olvido durante un tiempo, a pesar de los esfuerzos editores de Betty, su viuda. Fue en cierto modo el afán de los devotos seguidores lovecraftianos de exhumar los orígenes e influencias del maestro de Providence, lo que llevó también al rescate del autor de Essex.

Aunque de manera algo matizada, Lovecraft deja en buen lugar a Hodgson en su ensayo de 1927 (revisado en 1934) Supernatural Horror in Literature. Pero los elogios suben de tono en relación a aquello que el autor de la Llamada de Cthulhu consideraba esencial. Si bien critica en Hodgson cierta tosquedad estilística, así como sus tendencias hacia una cierta sentimentalidad barata, Lovecraft exalta sin reservas el enorme talento del inglés para levantar poderosas tramas preternaturales, mundos de horror y espanto que rivalizan con los suyos propios.

En efecto, los escenarios y paisajes, y las criaturas horribles que corretean por los textos de William Hope Hodgson, la insinuación constante del Mal y de lo innombrable, hacen de él una figura de referencia entre los cultivadores de la literatura materialista de terror. Esa de la que Lovecraft se convertirá en símbolo y en el autor más atendido por crítica y público.

Marino mercante, fisioculturista, fotógrafo, escritor

WH Hodgson nació en Essex, Inglaterra, en 1877. Para la siempre complicada tarea de ganarse la vida, ensayó varios oficios. Fue marino mercante y recorrió mares y océanos como hiciera Joseph Conrad algo antes, y el mar y sus misterios son un elemento constante en sus narraciones.

Pero acabó hastiado del mar, que en sus obras será siempre algo amenazante, como en Lovecraft. Trabajó como fotógrafo. Durante un tiempo puso en marcha un negocio fisicoculturista, entre cuyos clientes se contaban miembros del cuerpo policial de Blackburn. Mientras tanto escribía y escribía, novelas y relatos.

(…)

Biografía de W.H. Hodgson (continuación)

La obra de W.H. Hodgson 

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“Tengo el deber de encerrarme en mi espíritu y trabajar cuanto pueda y en todo cuanto pueda para el progreso de la civilización y el ensanchamiento de la conciencia de la humanidad”

“Primero sé libre. Luego, pide la libertad” 

Fernando Pessoa

Este domingo, mi pequeño homenaje al editor Jaume Vallcorba. Que se las arregló para hacer, en su vida, cosas permanentes y bonitas.

Muere Jaume Vallcorba, maestro de editores

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Ahora que se cumplen 40 años de ese Watergate que convulsionó a la opinión pública estadounidense, recupero un artículo escrito poco después del estreno de la electrizante Frost/Nixon (2008), de Ron Howard.

La película dramatiza con maestría la génesis y desarrollo de las legendarias entrevistas que el periodista británico David Frost le hizo al ex-presidente norteamericano algunos años después de los hechos, en concreto en 1977.

El artículo fue publicado originalmente en Suite y también lo seleccioné en su dia para mi colección de reseñas Cine de Red. 

Frost/Nixon, de Ron Howard (2008)

Richard Nixon ha sido una de las figuras más controvertidas de la historia política estadounidense. En cierto modo, ha quedado retrospectivamente como una especie de presidente maldito.

No es que la Historia de los Estados Unidos como país y como administración resulte, vista desde fuera y globalmente, demasiado edificante. Al menos desde 1898. Su agresiva política exterior, la evidente voluntad de supremacía, su casi desvergüenza a la hora de involucrarse en los asuntos de países ajenos, o su constante pretensión de que lo que no son más que intereses propios coinciden con los intereses globales no ayudan a la imagen de EEUU como potencia cien por cien benigna.

Al igual que Roma, los EEUU tuvieron una primera fase Republicana a la que le sucedió una fase Imperial. En el caso estadounidense, podríamos decir que la Era Republicana cubrió desde 1776 hasta 1898. La guerra contra España supondría la puesta de largo como Imperio del nuevo gigante económico, el punto y final de la República ideal de los Padres Fundadores.

Y ese primer siglo del Imperio ha dado unas cuantas figuras sombrías. Pero alguna había de llevarse la palma, convertirse en cabeza de turco historiográfico. Richard Nixon (1913-1994) parece haber sido la figura escogida.

El escándalo de las escuchas ilegales en la sede demócrata del edificio Watergate obligó a Nixon a dimitir en 1974, poco después de ganar su reelección. A partir de entonces se sumiría en un largo silencio. Nadie, ningún periodista por acerado que fuese, parecía poder sacarlo de su hermetismo.

Mientras tanto, el polémico ex-presidente acariciaba la idea de resarcirse ante la opinión con alguna intervención pública contundente, o serie de entrevistas de calidad. De tapar dialécticamente con sus éxitos diplomáticos la fea mancha del asunto Watergate. A mediados de la década de los setenta, el periodista y showman británico David Frostpareció ponerle en bandeja la oportunidad.

¿Quien era David Frost? De entrada, ni siquiera era norteamericano, y en aquella época se encontraba desterrado en la televisión australiana. Especie de Andreu Buenafuente o Xavier Sardà de los setenta, a Nixon le pareció un contrincante fácil para la conducción de las entrevistas que habrían de devolverle (según confiaba) la estima de los estadounidenses. Aceptó casi de inmediato, animado también por la bonita suma ofrecida por Frost.

Primeras entrevistas: Nixon se come a Frost 

Según lo pactado, las entrevistas habrían de abarcar cuatro bloques temáticos, uno de los cuales sería el asunto Watergate. David Frost acabaría financiándolas de su propio bolsillo, ya que no consiguió interesar a las cadenas estadounidenses, que no veían en él un periodista con la suficiente mordiente para “tumbar” o al menos torear a Richard Nixon.

Las entrevistas habían de durar unos 90 minutos cada una. Antes de empezar, Frost confiaba en sus posibilidades. Pero al concluir la primera de las grabaciones, y mucho antes, el inglés se dio cuenta de que estaba ante una personalidad de lo más correoso, un auténtico maestro del discurso y del intercambio político. No parecía nada claro que algo fuese a salir de ahí. El escepticismo general parecía justificado. Y no sólo eso, sino que resultaba claro que Nixon iba saliéndose con la suya, y metiéndose a la audiencia en el bolsillo. Lo cual irritaba y mucho a aquellos miembros del equipo de Frost que consideraban a Nixon poco menos que un traidor a la esencia democrática de América.

Todo cambió en la última de las entrevistas. Frost se la trabajó muy bien, pues ahí se jugaba su carrera. Tanto él como el expresidente sabían lo que estaba en juego. Si Frost ponía sobre la mesa su futuro mediático y televisivo, Nixon se las veía con la opinión pública y los libros de Historia.

De esas entrevistas Frost/Nixon, que se han convertido en míticas, se hizo una obra de teatro a cargo de Peter Morgan, en la que finalmente se ha basado la película de Ron Howard. Alguien ha dicho jocosamente que la cinta es una especie de Rocky intelectual. Un comentario divertido y certero: David Frost en el papel de Rocky, el bueno, y Richard Nixon, el malo, que va machacando a su contrincante hasta el “inesperado” giro final, en el que el bueno triunfa.

Y ese giro inesperado, vino, pues en la última de las entrevistas. Cierto material de última hora del que pudo disponer Frost (que no anduvo nada inactivo antes de esa “batalla” definitiva) le permitió hacerse con la “victoria”. Increíble Knock out de Nixon. Frost logró que el expresidente reconociera ante las cámaras su responsabilidad. Dos frases inmortales en la historia de la entrevista política televisada: “He dejado tirado al pueblo estadounidense, y tendré que llevar esa carga toda mi vida”. Y sobre todo: “Si el presidente lo hace, no es ilegal”, algo que dejó estupefactos a Frost y a la audiencia.

La película de Ron Howard, del 2008, recoge con solvencia el pathos de las entrevistas, ese “Rocky intelectual”. Las interpretaciones de Michael Sheen y Frank Langella son más que verosímiles y transmiten toda la tensión en torno al tratamiento informativo de uno de los episodios clave de las últimas décadas de historia estadounidense.

Y las imprecisiones en relación a los hechos reales no parecen excesivas. Nada más puede pedírsele. Frost/Nixon es un verdadero thriller que nos despierta una curiosidad irreprimible hacia la Política y el electrizante relato de la Historia.

Las entrevistas Frost/Nixon y la película de R Howard

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Dejando de lado sus varios cortos, la obra del realizador vasco Víctor Erice, gran auteur de nuestro cine, se compone fundamentalmente de tres largometrajes : El Espíritu de la Colmena (1973), El Sur (1983) y El Sol del Membrillo (1992).

Con El Espíritu de la Colmena, Erice rodó una de las películas míticas de la cinematografía europea, rutinariamente aclamada como una obra maestra. Ambientada en un perdido pueblo castellano en 1940, aún humeante la Guerra Civil, es una conmovedora y muy poética historia de iniciación y descubrimiento, a través del prisma de una niña, la magnética Ana (Torrent).

Con El Sol del Membrillo, de 1992, Erice nos entrega un meticuloso e inclasificable “documental”, sobre el proceso creativo mediante el cual el pintor Antonio López va sacando de la nada un cuadro: la representación de un membrillero y sus frutos, bañados por la luz del sol de la mañana. Cine de arte y ensayo tout court.

download (1)Junto a estas dos obras, El Espíritu de la Colmena y El Sol del Membrillo, que han cimentado su gran prestigio, es necesario mencionar en la carrera de Víctor Erice otros dos proyectos que no iban a acabar exactamente de acuerdo con las intenciones iniciales del director.

El primero de esos proyectos iba a dar lugar en 1983 a la película El Sur que, a pesar del casi unánime aplauso de la crítica, Erice iba a considerar siempre como una obra que tuvo que dejar “inacabada” contra su voluntad. Tras rodarse unos dos tercios de lo inicialmente planificado, la productora decidió dar por acabada la película.

El segundo proyecto, a finales de los noventa, este sí totalmente frustrado, fue el de la adaptación al cine de la novela de Juan Marsé El Embrujo de Shangai.

Tras El Sol del Membrillo, rodada en 1992, El Embrujo de Shangai parecía destinada a ser la cuarta película del poco prolífico Erice. “Tocaba” ya una película del vasco, que al parecer creaba un largometraje con una media de una década de intervalo. La expectación cuando se conoció el proyecto El Embrujo de Shangai, era máxima en el mundo del cine español. Un cineasta adorado por la crítica, el gran perfeccionista de nuestra cinematografía, volvía a rodar.

Pero la cosa iba a fracasar, una vez más por problemas de lógica comercial y el choque entre el criterio del esteta Víctor Erice y los cálculos financieros (tal vez demasiado conservadores) del productor Andrés Vicente Gómez. (Seguir) 

El embrujo de Shangai

El Sur

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Ayer exhumé, de entre un montón polvoriento de libros en rústica, una edición de bolsillo (Bruguera, Libro Amigo) del Viaje a Francia, del gran cronista (algo olvidado) Nestor Luján. Esto me sirve de excusa para desempolvar (junto al libro) una reseña escrita hace años. El tono de la reseña es algo cursi, pero creo que se mantiene en los límites de lo legible. 

Alguien dijo en una ocasión que todo hombre tenía dos patrias: la suya propia y Francia. Quien hizo esta afirmación no tenía que ser necesariamente francés. Yo soy de los que la subscribirían gustosos (quizá porque para mí, como para muchos otros, Francia no es tanto una nación real como un mito y una idea romántica) y es muy posible que Nestor Luján, periodista, escritor, gastrónomo y bon vivant, también la hubiera suscrito. Como buen catalán, Luján sintió la gravitación del viejo y sofisticado pais galo y la fascinación por la cultura francesa, en especial la historia y la gastronomía. En Viaje a Francia, el autor recoje algunos de los reportajes que escribió para la revista Destino sobre sus viajes por el luminoso hexágono. El libro esta escrito de una manera libre y despreocupada y no hay que buscar en él método ni orden matemático. Tampoco busca eso el viajero que visita Francia, aunque esta sea la patria de Descartes y del método. Lo que busca es lo mismo que Luján: cultura, historia, gastronomía, disciplina esta última que reina en el libro de manera absoluta y versallesca.

El autor nacido en Mataró nos habla con pasión de las trufas de la Aquitania, de sus ostras, de los vinos y la opulenta cocina borgoñesa, de la mítica tierra de la Champaña. Nos ilustra sobre ritos gastronómicos, nos habla del legado de Dom Perignon, de la feria gastronómica de Dijon, de les trois glorieuses…Y todo ello trufado con elegantes alusiones a episodios y anécdotas sacadas de la pletórica historia de Francia. En suma, un auténtico homenaje a la douce France. 

Una buena reseña de Juan Malpartida sobre Viaje a Francia 

Otra antigua (y algo desmañada) reseña de una novela de Marías que, junto a las del otro dia, también rescato de la oscuridad. La he retocado algo para volverla legible.

portada-negra-espalda-tiempo (1)Negra espalda del Tiempo

In the dark backward and abyss of Time? Shakespeare / The Tempest

Novela, inicialmente publicada en 1998, del para muchos (me incluyo) mejor escritor español vivo. En Negra Espalda del Tiempo, Marías desdibuja de una manera diabólica la línea que separa ficción y realidad. Con su habitual estilo elegante e hipnótico, el autor desarrolla esta ¿ficción? ribeteándola con seductoras ideas filosóficas. Aunque tal vez no sea esta la manera más precisa de referirse a Negra espalda del Tiempo: no debería hablarse de ribete filosófico, ya que la filosofía es más bien la materia prima de la obra. A parte de una absorbente lectura, esta novela es una reflexión sobre el Tiempo, o mejor dicho, sobre su reverso, lo que Marías llama su negra espalda ¿Donde se hallan, a donde van a parar esas cosas que podrían perfectamente haber sido y que finalmente no fueron, en beneficio de otras que, a su vez, pudieron no haber sido? Se hallan justamente ahí, en el reverso del Tiempo, en su “negra espalda”.

Aunque no puede hablarse en absoluto de secuela, la obra retoma en cierto modo el hilo de la anterior Todas las Almas (1989), donde también realidad y ficción se emulsionaban. Aquel libro y sus personajes, según cuenta el autor madrileño, fueron gradualmente invadiendo su realidad cotidiana, de manera que aquel material ficticio pareció ir volviéndose real. Este gradual viraje hacia la realidad de la fabulación de Todas las Almas servirá al autor de material de partida para Negra espalda del Tiempo, y es precisamente en esta nueva obra donde va desdibujando definitivamente sus contornos la siempre delgada línea que separa la realidad de la ficción.

78marias_300Si hubieramos de señalar algo criticable en Negra Espalda (ya puestos) es quizá el que, a medida que el autor desarrolla su apasionante juego literario (un juego muy serio a cargo de un escritor-pensador), va consumando ciertos ajustes de cuentas hacia algunos personajes cuyas trayectorias se han cruzado con la de Marías. Así, el narrador ironiza burlonamente sobre los Querejeta, responsables en 1996 de una versión cinematográfica de Todas las almas, que no le gustó en absoluto a Marías, y que al parecer no era en modo alguno fiel a la obra y a los personajes; o también sobre su antiguo editor de Anagrama, al que deja literalmente por los suelos (“se halla más cerca del tendero que del intelectual, por lo que no se sentía cómodo con razonamientos”). (*)

Vuelven a aparecer en esta obra, al igual que en All Soulsesos escritores ingleses raros y olvidados, siendo la primera impresión la de que son apócrifos, pero que no lo son, y que contribuyen a ese juego mágico al que se libra la pluma del autor. El narrador (como Marías) acostumbra a revolver en librerias de viejo en busca de libros raros de autores recónditos, libros descatalogados y olvidados, algo que también comparte con ese John Gawsworth, sabueso literario y autor raro y olvidado él mismo, que acabó convirtiendose en material de sabuesos. 

Negra Espalda del Tiempo, al igual que otras obras de Marias, combina elegancia formal y contenido filosófico con intriga (Corazón tan Blanco creaba una intriga casi hithcockiana, usando como material la filosofía y el pensamiento). La obra narrativa de Javier Marías, tanto novelas como cuentos, crea en el lector, como ninguna otra, lo que Fernando Savater llamó la fuerza absorta de leerAlgunas de sus descripciones dejan una extraña y fascinante sensación pictórica. Javier Marías es algo más que un escritor: es, por decirlo con las palabras de cierto crítico alemán, un programa estético.  

(*) Y Andrés Trapiello, al que Marías llama “el autor de Manzaneda de Torío” es despachado como el “escritor más inepto de España”. 

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