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Archivo del Autor: Serafin G Leon

Mc-Ewan-Sweet-T

“Yo pasaba las páginas a toda velocidad. Y supongo que, de manera irreflexiva, buscaba algo, una especie de versión de mi misma en la que pudiera deslizarme como se hace con un par de zapatos cómodos”

“Era la más abyecta de las lectoras. Lo único que quería era que mi propio mundo y yo en él, me fuese devuelto con forma artística y de manera accesible”

“El amor no crece a un ritmo gradual o sostenido, sino que progresa a oleadas, sacudidas, mediante saltos salvajes, y este era uno de ellos”

Operación Dulce, de Ian McEwan

Me encuentro en YouTube con la ya casi legendaria, controvertida en su día, Traviata del Festival de Saltzburgo de 2005. Con una puesta en escena muy “moderna” (¿o post-moderna), la de Carlo Rizzi, Willy Decker y Brian Large es una versión irresistible del clásico de Verdi.

Un enorme reloj a la derecha del decorado minimalista mide en todo momento el paso del tiempo y la proximidad de la muerte. Emocionantes simbolismos cromáticos, ese lascivo vestido rojo que da paso a la pureza del blanco. Y la deslumbrante Anna Nebretko (Violetta) se mueve por el escenario vanguardista como una chispeante y casi onírica party-girl. 

Astonishing.

Me animo a reproducir aqui una reseña escrita en diciembre de 2002 sobre la cinta de David Lynch

La última y enigmática película de Lynch fui a verla en dos ocasiones diferentes, aunque en la misma sala barcelonesa: el Maldà, uno de los pocos y cristalinos espacios que no han sido cubiertos aún por ese vertido que son las multisalas.

La primera vez Mulholland Drive me produjo cierto desconcierto, ante todo el extraño tramo final; aunque me llevé la seductora impresión de un notable atractivo estético: las estudiadas amalgamas de luz y sombra, el uso de determinados tipos de color (la combinacion entre el negro y un elegante azul oscuro), los personajes y decorados sugerentes y oníricos, ciertos motivos recurrentes de gran magnetismo (las carreteras en sombras iluminadas por faros de automóvil o la pavorosa vista nocturna de la ciudad de los sueños) y otros elementos típicos del cine de David Lynch. A mi segundo visionado de la película acudí ya sin ninguna pretension de entenderla, tan sólo con la intención de dejarme llevar por su suave y vagamente amenazante discurrir onírico (con algún que otro chapoteo de inesperado terror); tambien fui con el ánimo, pues ese dia me sentía sensual, de volver a disfrutar con la contemplación en pantalla grande del maravilloso rostro de Naomi Watts.

No obstante, y aunque no lo esperaba, en esta segunda ocasión me fue posible comprender Mulholland Drive un poquito mejor: cierto entendimiento, cierta revelación fue abriéndose camino, casi sin esfuerzo, simplemente dejando libre la imaginación, más que forzando la razón o el análisis. Pero la película permite tantas interpretaciones como existen soñadores o espectadores; en cierto modo es tan indescifrable como los sueños o como la mente de Lynch, que con esta nueva creación se consolida no ya como un director sino también como un guionista genial y un auténtico soñador de historias. Alguien para quien sin duda las fantasias o ensoñaciones no son menos reales que la llamada (y en exceso sobrevalorada) realidad. De David Lynch tal vez hubiera podido decir Borges lo mismo que escribió (creo) sobre Macedonio Fernández: no permitía que la realidad le estorbara.  Read More

“… a lo mejor tuve miedo de que leyera en tu mano alguna verdad sobre mí, porque fuiste siempre un espejo terrible, una espantosa máquina de repeticiones, y lo que llamamos amarnos fue quizá que yo estaba de pie delante de vos, con una flor amarilla en la mano, y vos sostenías dos velas verdes y el tiempo soplaba contra nuestras caras una lenta lluvia de renuncias y despedidas…”

Memoria iluminada 

deda64afb461d33bf0c66be91e515ab6A la altura de mediados de 2015, ha sucedido algo que hubiese sido impensable hace solo un par de años: la pugna entre C’s y UPyD de pronto se resuelve de manera fulminante a favor del primero. Tanto es así que no son pocas las voces que apuntan a una desaparición del partido de Rosa Díez tras las próximas generales de finales del presente año.

UPyD ha cometido muchos errores respecto a Ciudadanos. Díez parece haberse atrincherado al frente del partido y se ha puesto a dar vueltas de tuerca a su contestada estrategia, prácticamente desoyendo toda crítica interna o externa. No solo ha dado un portazo (en realidad varios) a cualquier convergencia con C’s, en algún caso con formas casi estalinistas (recordemos lo de Sosa Wagner), sino que en los últimos meses, en especial en la campaña andaluza, parece haber ordenado a los suyos que se dediquen a lanzar a C’s ataques destemplados y casi grotescos. Y así lo han hecho, sobre todo en las redes sociales. Triste espectáculo en un partido que se creía llamado a liderar la nueva política y a ocupar importantes espacios de poder: verse reducido a pelearse por migajas con otro partido próximo ideológicamente y (al menos hasta ahora) también pequeño.

Con todo, no olvidemos ni despreciemos el valioso trabajo que ha venido haciendo UPyD desde su aparición en 2007. La regeneración de la que tanto se habla ahora es algo por lo que el partido magenta lleva tiempo esforzándose con tesón y honestidad, de una manera muy palpable. Y es humanamente comprensible la actual irritación de UPyD hacia el fenómeno Ciudadanos. Tal vez piensen que un partido como C’s, “nuevo” al menos en lo que respecta a la política española, se les ha comido la merienda. Y va a llevarse las glorias político-mediáticas del impulso de regeneración. O dicho de otro modo menos lírico: va a hacerse con el poder institucional, la representación, los escaños, los recursos económicos, a una escala a la que jamás ha tenido acceso UPyD, y a la que creía tener más derecho que nadie.  Read More

Stevie-Nicks_240Stevie Nicks (Stephanie Lynn), legendaria vocalista, junto a Christine McVie, de Fleetwood Mac, se descolgó en 2011 con algo que no sucedía desde hacía una década: un nuevo álbum en solitario. El sofisticado, impecable, a ratos fascinante, In Your Dreams. 

Este álbum de 2011 lleva un buen puñado de canciones elegantes, creaciones inequívocas con el sello del magnetismo de su autora. Pero también incluye alguna sorpresa para aquellos que, a parte de su música, adoran el background biográfico del grupo y sus miembros: resulta que una de las canciones, Secret Love, fue escrita por Stevie ¡en 1976!, es decir, poco después de su incorporación a Fleetwood MacY parece que hubiera podido ser incluida perfectamente en aquel mítico Dreams (1977), trabajo a partir del cual empezó a ser inconcebible pensar en Fleetwood Mac sin pensar (y quizá ante todo) en Stevie Nicks.

In Your Dreams fue saludado por no pocos críticos como el mejor de la Stevie Nicks solista. El álbum parece impregnado de esa magia y pasión melancólica que tan bien le ha sentado siempre a Stevie. Y la atmósfera de los lyrics junto a la estética visual de los clips parece remitirnos a ese romanticismo trágico que pobló la literatura europea y americana hacia la década de 1830s. Tanto es así que nos resulta totalmente natural encontrar en In Your Dreams una versión del poema Annabel Lee de Edgar Allan Poe.

Sobre Annabel Lee, leemos en Rolling Stone:

“The moon never beams without bringing me dreams” –might have been written in 1849, but it was clearly meant for Stevie Nicks to sing”

Stevie Nicks y Poe diríanse kindred spirits. En los dos es posible rastrear the aesthetic warmth of pain, cold decay and death. 

The Guardian Review
Rolling Stone Review


Moonlight (A Vampire’s Dream)


AR2Sólo unos días atrás (me enteré por Twitter), tuvo lugar, obviamente como cada año, el aniversario de ese extraño meteoro Rimbaud. Conozco bien su cronología y fechas, pero no hasta el detalle de días y meses. Bien: El 20 de Octubre se cumplieron 160 años de su nacimiento (1854, Charleville).

Hace dos o tres años escribí un artículo (que hasta adapté al inglés) sobre el fulgurante versificador adolescente. Con entusiasmo, lo titulé El Enigma Arthur Rimbaud. Tradicionalmente, como a muchos otros, me ha fascinado hablar del “misterio” de Rimbaud. Y a ese supuesto misterio vuelvo a referirme en el artículo, cuyo enlace pongo al final de esta breve nota recordatoria.

Pero quizá porque soy tres años más viejo (y por tanto tres años menos romántico), no veo ya misterio alguno (o veo mucho menos) en la huída de Rimbaud, su decepcionante transmutación. En la rápida conversión en un ser totalmente distinto, en aquel 1873 en que abandonó toda actividad poética y literaria. Tras haber demostrado durante solo unos meses (más que durante unos años) su enorme talento para tensionar el lenguaje y crear visiones. Visiones transfiguradoras del presente y también premonitorias. Como haría Kafka medio siglo después: el de Praga otro genio del filtrado estético de la realidad sombría, aunque menos expansivo que el teenager de Charleville.

No. Creo que en el fondo no hay misterio. Rimbaud tenía 19 años. Y era 1873. Un siglo (al menos en su tercio final) rabiosamente realista. Hasta la literatura misma ensayaría (mediante el naturalismo) convertirse en una especie de ciencia. El casi veinteañero Rimbaud dirigió, a partir de entonces, su creatividad e ingenio en direcciones mundanas, fuertemente antipoéticas. Se puso, literalmente, el mundo por montera. El juguete de la literatura dejó de servirle, voilà tout, y en el futuro ya solo escribiría cartas vulgares y antiliterarias. Lo insólito en este caso, pienso yo, fue que lo que Rimbaud abandonaba, como una especie de pasatiempo adolescente que al madurar se deja atrás, constituía ni más ni menos que su verdadero talento. La auténtica expresión de su genio. Algo que tal vez no supo ver. O que si vio, no le importó.

El Enigma Arthur Rimbaud 

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(Recupero un par de artículos escritos para Suite en 2010 sobre el fascinante W.H. Hodgson y su obra pavorosa y extraña)

Podemos considerar a William Hope Hodgson (1877-1918) como uno de los antecedentes de Howard Phillips Lovecraft. Aunque no lo leyó hasta 1934, es posible que hubiese algun tipo de influencia “circular” a traves de otros autores. Es fácil rastrear el mundo lovecraftiano en títulos como The House on the Borderland, por ejemplo, con esos seres monstruosos de antigüedad inconcebible y desconocido origen.

Elogio de Lovecraft

Muerto en 1918, en una de las últimas tardes de la Primera Guerra Mundial como quien dice, William H. Hodgson fue a parar al olvido durante un tiempo, a pesar de los esfuerzos editores de Betty, su viuda. Fue en cierto modo el afán de los devotos seguidores lovecraftianos de exhumar los orígenes e influencias del maestro de Providence, lo que llevó también al rescate del autor de Essex.

Aunque de manera algo matizada, Lovecraft deja en buen lugar a Hodgson en su ensayo de 1927 (revisado en 1934) Supernatural Horror in Literature. Pero los elogios suben de tono en relación a aquello que el autor de la Llamada de Cthulhu consideraba esencial. Si bien critica en Hodgson cierta tosquedad estilística, así como sus tendencias hacia una cierta sentimentalidad barata, Lovecraft exalta sin reservas el enorme talento del inglés para levantar poderosas tramas preternaturales, mundos de horror y espanto que rivalizan con los suyos propios.

En efecto, los escenarios y paisajes, y las criaturas horribles que corretean por los textos de William Hope Hodgson, la insinuación constante del Mal y de lo innombrable, hacen de él una figura de referencia entre los cultivadores de la literatura materialista de terror. Esa de la que Lovecraft se convertirá en símbolo y en el autor más atendido por crítica y público.

Marino mercante, fisioculturista, fotógrafo, escritor

WH Hodgson nació en Essex, Inglaterra, en 1877. Para la siempre complicada tarea de ganarse la vida, ensayó varios oficios. Fue marino mercante y recorrió mares y océanos como hiciera Joseph Conrad algo antes, y el mar y sus misterios son un elemento constante en sus narraciones.

Pero acabó hastiado del mar, que en sus obras será siempre algo amenazante, como en Lovecraft. Trabajó como fotógrafo. Durante un tiempo puso en marcha un negocio fisicoculturista, entre cuyos clientes se contaban miembros del cuerpo policial de Blackburn. Mientras tanto escribía y escribía, novelas y relatos.

(…)

Biografía de W.H. Hodgson (continuación)

La obra de W.H. Hodgson 

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“Tengo el deber de encerrarme en mi espíritu y trabajar cuanto pueda y en todo cuanto pueda para el progreso de la civilización y el ensanchamiento de la conciencia de la humanidad”

“Primero sé libre. Luego, pide la libertad” 

Fernando Pessoa

Este domingo, mi pequeño homenaje al editor Jaume Vallcorba. Que se las arregló para hacer, en su vida, cosas permanentes y bonitas.

Muere Jaume Vallcorba, maestro de editores

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Ahora que se cumplen 40 años de ese Watergate que convulsionó a la opinión pública estadounidense, recupero un artículo escrito poco después del estreno de la electrizante Frost/Nixon (2008), de Ron Howard.

La película dramatiza con maestría la génesis y desarrollo de las legendarias entrevistas que el periodista británico David Frost le hizo al ex-presidente norteamericano algunos años después de los hechos, en concreto en 1977.

El artículo fue publicado originalmente en Suite y también lo seleccioné en su dia para mi colección de reseñas Cine de Red. 

Frost/Nixon, de Ron Howard (2008)

Richard Nixon ha sido una de las figuras más controvertidas de la historia política estadounidense. En cierto modo, ha quedado retrospectivamente como una especie de presidente maldito.

No es que la Historia de los Estados Unidos como país y como administración resulte, vista desde fuera y globalmente, demasiado edificante. Al menos desde 1898. Su agresiva política exterior, la evidente voluntad de supremacía, su casi desvergüenza a la hora de involucrarse en los asuntos de países ajenos, o su constante pretensión de que lo que no son más que intereses propios coinciden con los intereses globales no ayudan a la imagen de EEUU como potencia cien por cien benigna.

Al igual que Roma, los EEUU tuvieron una primera fase Republicana a la que le sucedió una fase Imperial. En el caso estadounidense, podríamos decir que la Era Republicana cubrió desde 1776 hasta 1898. La guerra contra España supondría la puesta de largo como Imperio del nuevo gigante económico, el punto y final de la República ideal de los Padres Fundadores.

Y ese primer siglo del Imperio ha dado unas cuantas figuras sombrías. Pero alguna había de llevarse la palma, convertirse en cabeza de turco historiográfico. Richard Nixon (1913-1994) parece haber sido la figura escogida.

El escándalo de las escuchas ilegales en la sede demócrata del edificio Watergate obligó a Nixon a dimitir en 1974, poco después de ganar su reelección. A partir de entonces se sumiría en un largo silencio. Nadie, ningún periodista por acerado que fuese, parecía poder sacarlo de su hermetismo.

Mientras tanto, el polémico ex-presidente acariciaba la idea de resarcirse ante la opinión con alguna intervención pública contundente, o serie de entrevistas de calidad. De tapar dialécticamente con sus éxitos diplomáticos la fea mancha del asunto Watergate. A mediados de la década de los setenta, el periodista y showman británico David Frostpareció ponerle en bandeja la oportunidad.

¿Quien era David Frost? De entrada, ni siquiera era norteamericano, y en aquella época se encontraba desterrado en la televisión australiana. Especie de Andreu Buenafuente o Xavier Sardà de los setenta, a Nixon le pareció un contrincante fácil para la conducción de las entrevistas que habrían de devolverle (según confiaba) la estima de los estadounidenses. Aceptó casi de inmediato, animado también por la bonita suma ofrecida por Frost.  Read More

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