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Archivos Mensuales: enero 2012

Impresionante el talento de Javier Marías para construir historias irresistibles con una técnica que es ya marca de la casa: un ininterrumpido flujo de conciencia repleto a menudo de especulaciones filosóficas, con abundantes y larguísimas digresiones y una aparente despreocupación a la hora de violar la linealidad de lo que se narra. Un material que plantea de entrada una gran exigencia al lector y parece poner a prueba sus nervios: el relato de los sucesos de un solo dia puede abarcar un volumen entero o casi. Pero el autor madrileño sale asombrosamente airoso de tales audacias editoriales, y el interés del lector no decae en ningún momento. Lo cual es un caso de estudio.

Los tres volúmenes de Tu rostro mañana (2002, 2004, 2007) son su cima narrativa hasta la fecha. Se añaden a sus grandes novelas de los noventa, como Corazón tan blanco (1992) o Mañana en la batalla piensa en mí (Rómulo Gállegos en 1994), pero en mi opinión Marías aquí las supera.  Sobre todo con la magistral tercera parte de esta trilogía, o más bien novela en tres entregas: Veneno y sombra y adios.

En Veneno y sombra y adios (Tu Rostro mañana, 3) prosiguen las andanzas de Jaime Deza, el alter ego de Javier Marías, que toma prestados muchos elementos biográficos del autor. Este escritor o académico, antiguo profesor durante un bienio en Oxford en la década de los ochenta (como Marías), que escapa de Madrid y de un matrimonio naufragado para recalar en un Londres de sueños. Allí trabajará para el enigmático e inquietante Bertram Trupa, y lo hará en un organismo de inteligencia que cuenta con el Estado británico y sus departamentos como clientes principales, así como de notables particulares. Deza pondrá su creatividad y presciencia al servicio del equipo de Tupra. Indagación psicológica. Narración de vidas. Seres escrutados hasta el último recoveco. Proyecciones de las que dependerán destinos. La novela nos presenta una trama de espionaje con constantes flash backs históricos referidos principalmente a la segunda guerra mundial o a la guerra civil española, y al pasado de personajes clave en el cosmos de Tu Rostro mañana como John Wheeler o Toby Rylands.

Presente como siempre en la novela esa habilidad miniaturista de Marías para dejar en el lector, gracias a una endiablada y personalísima técnica descriptiva inserta en el flujo de conciencia, una sensación casi pictórica. Emerge de las descripciones de escenas y personajes como de la gozosa contemplación de un misterioso cuadro o pintura.

Y de nuevo ese stream of conciousness, más digresivo y lánguido que nunca. Si bien, una lanquidez recorrida en Veneno y sombra por momentos de tensión e intenso nerviosismo. Unos momentos de filos muy cortantes, sangrantes, crueles. Una vez más, un Marías impresionante.

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Enduring love: como todo gran novelista, Ian McEwan indaga con habilidad y eficacia en la traída y llevada “condición humana”, tan adorada por los académicos humanistas. Pero hay algo que convierte al escritor británico en un auténtico meteoro para una nueva cultura: cada peripecia y pensamiento del personaje principal es subrayada (o hasta sustentada) por una reflexión sobre su base neurológica y bioquímica. Chúpate esa. Sucede aquí como también sucede en su magistral Saturday (2005).

McEwan demuestra que la literatura, el arte del contar, así como las humanidades en su conjunto, tienen un grandísimo futuro (sapiencial y estético). Pero siempre y cuando no pierdan de vista la base científica y racional de todo conocimiento auténtico.

McEwan me parece un autor clave de las letras del nuevo milenio, ese que ha de ver (que habría de ver) la integración de las culturas científica y humanística, en un solo cuerpo de conocimiento. Ian McEwan es tal vez el primer escritor de Europa en estos momentos (con Michel Houellebecq a close second). 
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Un magnífico artículo de Enric Juliana en La Vanguardia sobre “Carme Sorel”, remedo femenino y postmoderno del Julien Sorel stendhaliano, nos la revela magistralmente. Ah, esta muchacha arrojada y de ambición profundísima, aunque de maneras muy suaves. Frente a Rubalcaba, el cántabro cabrerizo de renacidas convicciones españolistas de piedra picada, Carme va a darle otra vuelta de tuerca al mito florido de la “pluralidad”, tan colorista, abigarrada y campanuda, de las Españas.

Chacón, catalana de variadas estirpes, con un poderoso trasfondo castellano-andaluz, aligerado con la mansedumbre recia de algún gen aragonés, catalana con la lección antropológica del “sol poble” bien aprendida en las aulas pujolistas de los años ochenta, esta Carme va a sacarle punta a su personaje hasta las últimas consecuencias. Frente al “prietismo” (Enric Juliana dixit) del cántabro, el largocaballerismo de Carme. España siempre vuelve sobre sí misma. Un catalán a secas es imposible en el Gobierno de España. Incluso Prim necesitó un plus biográfico, un aderezo narrativo. Si eres catalán y quieres gobernar España necesitas construirte un relato. Carme no va a ser menos, y tiene ya su relato bien trabajado y pulido. Más que en una mujer con aspiraciones, va a constituirse en estandarte de todas las antropologías hispanas habidas y por haber, sin dejarse una sola. “Pluralidad” a chorro. Y una rebeldía muy cosmopolita y muy urbana.

En definitiva, la chica se está fabricando una identidad muy muy chula. Ahora solo necesita buenos guionistas para la historia en la que dicho personaje habrá de encajarse. Pero hay futuro. Me gusta.
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