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Archivos Mensuales: febrero 2007

norah-lange

Creo que fue Cordano quien, en una de nuestras veladas del Teatreneu, nos refirió por primera vez la historia. La discusión había derivado hacia la vida sexual de Borges (La  vida sexual de quien? -preguntó alguien). Yo, ensimismado, ligeramente borracho, apenas escuchaba. No obstante, al captar el nombre de Borges, presté de inmediato atención.

Ha sido publicado un libro de un tal Williamson, hispanista inglés, que abunda en el tema y en la idea primeramente apuntada por Cordano. Georgie (Borges) había conocido a la argentino-noruega Norah Lange en la casa de ésta, tras una invitación, junto a su familia. Corría el año 1927, creo. Borges tenía 27 años y la noruega austral, 18. Al futuro autor de El Aleph le atrajo el olor de la sangre nórdica de Norah, y también la propia Norah,  el rumor de antiguas sagas boreales, el viejo idioma anglosajón y las kennigar o artesanales metáforas de los antiguos anglosajones. En definitiva, Borges quedó prendado de la muchacha y de sus ancestros noruegos, y de esas literaturas germánicas que parecían gravitar en torno a la inminente amada.

1927. Borges comienza a desarrollar ensoñaciones que lo involucran a él y a Norah. Poco a poco, aunque sin dar el paso definitivo, va trazando proyectos de una futura vida compartida. Pero tal vez no acaba de verlo claro. Su literatura empezaría a mutar. El Borges cuchillero e infumable del Hombre de la Esquina Rosada va a ir dando paso al deslumbrante autor de las Ficciones y del Aleph. El Borges de las alegorías cabalísticas vagamente kafkianas que conocemos y devoramos. El Borges inmortal, en definitiva.

Borges no lo veía claro. Pero el poeta Oliverio Girondo sí lo veía claro. Girondo era una especie de rival (odiado) de Borges en el tempestuoso mundo de las revistas literarias argentinas. Girondo le entró a Norah, sin complejos ni vaguedades, derechito. Y se la cameló.

La evidencia de que Girondo se había llevado a la noruega desconcertó por completo a Borges. Lo desmontó en lo personal, en lo emocional, en lo literario. Tardó mucho tiempo en aceptar aquella derrota. Sólo en 1934, siete años después de conocerla, aceptó que había perdido a la nórdica: la relación de Norah con Girondo parecía definitiva. Muchos años más tarde, Borges escribió un relato (tal vez menor dentro de su obra): Ulrica. Es uno de mis favoritos: tal vez esa Ulrica noruega sea un trasunto lejano (en el tiempo y en la memoria del ya casi anciano Borges) de Norah.

Tras la pérdida, Borges comienza a considerar el suicidio. “Vida y muerte le han faltado a mi vida” escribió enigmáticamente en el prólogo de su Discusión, a los 32 años.

¿Vida y muerte le han faltado a mi vida? ¿Cómo puede escibir eso alguien de 32 años, como si tuviera 72? Es evidente que hacia 1932, algo le pasaba. Y ese algo era Norah, la noruega que se le escapaba. La muerte que le ha faltado a su vida: el suicidio, a cuya ejecución no acaba de decidirse. Y no sólo la muerte le ha faltado, sino también la vida, el arrojo, la decisión, la claridad, la plenitud.

No es la primera vez que oigo la historia del intento de suicidio de Borges, hacia 1934. La adquisición del revolver, el trayecto en tren hasta la habitación de aquel hotel, en el que el argentino habría de autoborrarse definitivamente, convertirse en un sueño de sus lectores. Que hubiesen sido pocos: de desaparecer en 1934, dudo que hoy recordásemos a Borges.

Williamson en su libro, según dicen las críticas (ya que aun no he leído el libro, pero pienso hacerlo en breve), convierte a Norah en un punto de referencia vital y literario para Borges que ha de durarle toda la vida. Una Beatriz, vaya. Tal vez esto sea exagerado, se dice. Pero quien sabe.

Lo que está claro es que el Borges que en 1934, definitivamente perdida Norah (y asumida al fin la pérdida), camelada por Girondo, comienza a transmutarse de una manera clara. Literariamente, quiero decir. Y si no, compárese la obra del borges veinteañero con la del cuarentaañero de la década de 1940.

Tal vez debamos a Oliverio Girondo la existencia del Borges literario que veneramos, la del padre de la literatura latinoamericana moderna. Sin Girondo y su “robo” de Norah, puede que Borges (un Borges feliz en lo amoroso) hubiese insistido en su absurdo intento de convertirse en el Walt Whitman de la Argentina. Quizá hoy Borges sería un oscuro y lejano poeta menor de los años treinta, un fallido Neruda, una especie de Carlos Argentino Danieri, ese patético poetilla de El Aleph, que el propio Borges parodió, apuntando al propio Neruda. Tal vez debamos a Girondo y a la huidiza Norah una obra literaria deslumbrante.

Chiaravallotti y Servidor hablan el próximo lunes en Radio Kanal Barcelona a las 10. 00 h sobre las diferencias entre el Cuento y la Novela. Lo harán en el resignado programa de Inés Butrón. El tema es del máximo interés, altamente polémico: agota tertulias, cafés, sobremesas, bares de diseño, cuartos de baño. Nosotros aportamos nuestro personalísimo granito de arena a la polémica.

A ver si nos escucha al menos la familia. Laura (en Estocolmo, moviendo su revista de muebles de diseño) y Carmen (en su Consultoría de la Rambla Catalunya) ya me han advertido que a esa hora trabajan duramente y no están para cuentos ni novelas.

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En el marco de la asignatura de doctorado Los Públicos de la Ciencia, de Agustí Nieto-Galán, y ahondando en las relaciones entre Ciencia y Literatura/Cine (estos últimos como ventanas de representación de la Ciencia y su imagen, vehículos de comunicación científica al público, en suma) tomé por primera vez conciencia de la posible (por mínima que sea) influencia de la Literatura en la construcción de Ciencia, en el tráfico de ideas científicas y su desarrollo. La siguiente es la trascripción de un fragmento de mi ensayo para la asignatura, el que se ocupa de ese tema:

(…)

Bidireccionalidad. A veces, la Literatura habla y la Ciencia escucha

En el marco de la relación Ciencia/Públicos y de los entrelazamientos Ciencia/literatura o Ciencia/Cine, hemos de insistir en la circularidad de esa relación, en su bidireccionalidad, en el hecho de que se trata de un diálogo en que los interlocutores se alternan en el uso de la palabra y se influyen mutuamente, y en ocasiones, incluso se intercambian los asientos. A este respecto, recordemos que, no solamente la Ciencia se ha constituido en material literario y ha nutrido a la literatura y a la ficción. Es posible también defender que la propia Ciencia ha bebido en ocasiones de la literatura.

Algunos ejemplos, que seguramente alguien encontrará discutibles, pero que ahi están como ejemplo del diálogo de disciplinas. Según se asegura en varias páginas internáuticas -no se hasta que punto está contrastado académicamente este dato, paro da igual: las páginas son de Alberto Rojo y Basilio Kotsias (ver bibliografía). Francesco Redi llevó a cabo los experimentos en los que cuestionaba la generación espontánea (aunque esta experimentaría un revival tras el descubrimiento de los microorganismos, antes de ser definitivamente tumbada por Pasteur) tras la lectura de un pasaje de la Iliada, en la que se cubre un cadáver, para que no esté expuesto a gusanos y otros organismos, responsables de su podredumbre.

Parece ser también que a la paradoja de Olbers (esto es, ¿por qué el cielo nocturno no es brillante, siendo el espacio y el número de estrellas es infinito?) le fue propuesta una posible solución por Edgar Allan Poe, en Eureka. Y las ramificaciones de los universos fueron apuntadas en primer lugar por Jorge Luis Borges en el Jardín de los Senderos que se bifurcan (Ficciones, 1942) antes que Everett, que lo propuso desde el púlpito científico en los años 50. Parece ser, también, que el primero que apuntó el término y el concepto de Warmhole (agujero de gusano) para los trayectos interestelares fue el científico y divulgador Carl Sagan en su incursión a la ciencia-ficción de 1985, Contact. (De nuevo, ver bibliografia: web de A. Rojo.)

(…)

¿En efecto tomó Redi su idea de la Iliada? Los otros casos mencionados ¿son verídicos, influyeron efectivamente en el circuito de las ideas científicas? Creo que aqui hay un campo fascinante y poco estudiado (al contrario del otro sentido de las relaciones Ciencia/Literatura-Cine: ya sabemos que la Ciencia influye en los dos últimos): esto es, influye la Literatura o el Cine en la construcción de la Ciencia o de la medicina, aunque sea aportando tenues ideas o nociones? ¿Los experimentos de Redi partieron efectivamente de esa fuente primaria, la Iliada?

Aqui hay material no sólo para la tesina y para conversar entre amigos sino hasta para una tesis doctoral. Pero, tal como comenté a mi colega Miquel Terreu (que me escuchó con escepticismo) ¿que ocurre si en el curso de mi investigación, se desmorona mi endeble conjetura, la de la influencia de esas formas artísticas tan populares en la construcción del edificio científico?

Bueno, no deja de ser una idea. Un hilo de donde tirar. A ver si hay algo al otro lado. Y si no, pues a otra cosa. Por lo pronto la semana que viene iré (balbuceante, tembloroso) al despacho de Agustí o de Álvar (Martínez Vidal), a exponerles la, tal vez banal y absurda, ocurrencia.

Hace muchísimo tiempo, en la era del Internet 1.0 (época en la que si querías una página personal tenías que saber al menos manejar un editor Web), escribí una reseña sobre la película de David Lynch Mullholland Drive (2001), fascinante y misteriosa donde las haya (la película, no la reseña).

En la línea de Lost Highway (1996), es la típica cinta enigmática, onírica, del deslumbrante Lynch. Yo aventuré ya en la reseña mi tesis, que continúo subscribiendo: el tema oculto, quizá no evidente, de la película es el facilísimo tránsito del amor al resentimiento y aún al odio.

El personaje de Naomi Watts ama al personaje de Laura Harring. La ama de una manera enfermiza, pasional. La primera mitad del film es una ensoñación de la primera que las involucra a las dos en una excitante aventura noir, detectivesca, puramente cinematográfica, propia de ese Hollywood que es el transfondo de todo el minutaje de esta obra de Lynch. La Harring a esas alturas ya está muerta -mientras la Watts la recrea en su imaginación y se recrea a sí misma con ella- , y su muerte ha sido decidida por la propia Betty (Naomi Watts). En la segunda parte de la historia están las razones de la tremenda transmutación en odio de esa inicial pasión amorosa. Una historia lésbica de celos, de abandono, tan vieja como el mundo: la Harring se ha ido con otro, que para colmo es un hombre.

¿Que es Mulholland Drive? Muchas cosas, tantas como espectadores, como ya escribí en aquella ocasión: pero ante todo es el sueño (la pesadilla) de una mujer traumatizada por el dolor, el amor-odio y los celos. Una devastación, la imposibilidad de manejar las propias emociones.  La destrucción de aquello que no puede tenerse, o que se ha perdido, como paso previo a la propia destrucción.

Ya es Febrero. La temporada 2006-07 avanza a ritmo frenético. Dentro de nada, comenzará a insinuarse la primavera y la caloreta. No está siendo un año muy fructífero para mí, que digamos, al menos comparado con el anterior, en el que logré algunos éxitos académicos, dentro de la licenciatura de Humanidades y del máster-doctorado en Historia y Sociología de la Ciencia, los dos títulos que ando persiguiendo desde el 2004-005.

Este año dejé aparcado el doctorado, tras una larga meditación, y me matriculé en el primer semestre de Humanidades. Intento no perder el año y mantener el contacto con compañeros y profesores, delimitando al menos el campo de los posibles temas para la tesina. Tengo claro que el ámbito habría de ser Los Públicos de la Ciencia y el entramado de relaciones entre Ciencia o Medicina y la Literatura y el Cine. Hubiera podido ir de oyente a la asignatura Literatura y Medicina de Carlos Tabernero, pero me dio pereza. Además me enteré tarde.  Mi paciente hermana Carmen me sugirió la posibilidad de ir de oyente a diferentes asignaturas para al menos obtener ideas y seguir en contacto con el mundo del doctorado.

En fin, hay bioquímicos que han acabado investigando sobre el cine de Stanley Kubrick. A mi -un farmacéutico que cursó la orientación Bioquímica- muy probablemente me pase algo parecido. Tengo claro que mi futuro son las Humanidades, la literatura y el Cine, y si acaso, sus relaciones con la Ciencia (en el marco de su historia y sociología).

Pero ¿Qué hacer de cara al segundo semestre del 2006-07? El primero ha sido nefasto en todos los terrenos. ¿Como salvar algo del segundo? No se si matricularme en alguna asignatura de Humanidades; el problema es la obligatoriedad de pagar un mínimo de 11, 5 créditos a los de la UOC. Qué listos. Podria cogerme Literatura y Civilización griega -asignatura apetitosa donde las haya- y alguna más, pero no lo veo claro. A ver si van a ir a la basura otros 300 o 400 euros. Quizá sería mejor dejarlo ya correr este año, y recomenzar con las pilas cargadas el siguiente.

Proyecto una cena -o mejor, serie de cenas- en algún restaurant o restaurants cool de BCN con amigos y compañeros del máster. En estos momentos, me interesan ante todo la comunicación, el diálogo, el intercambio de visiones, opiniones, ideas. El contraste de existencias. Y si de esos diálogos (que a la salida del local podrían devenir, porqué no, peripatéticos como aquellos griegos)salen posibles sugerencias para la tesina, pues mejor que mejor.

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