El codazo de Frida (1976)

Fue en una grabación para la TV sueca, en 1975 ó 1976. Agnetha la rubita y Bjorn estaban avistando ya quizá el divorcio, en el pre-divorcio estaban ya, quizá. Pre-divorciados, que divorciados estarían en 1979. Libre la suequita Agnetha y el suequito Bjorn, libre también, libres estarían en 1979. Pero era 1976 ó era 1975. Parejita todavía en el cuarteto sueco, eran. Y también lo eran (parejita) la noruega Frida (¡qué codazo, chica!) y el sueco y barbudo Benny, el pianista, casados todavía, casaditos y no predivorciados aún. Que no lo estarían (divorciados) hasta 1981. Y ni pre-divorciados, por tanto, como sí lo estaban ya -¿predivorciados?- la rubita Agnetha y el rubito Bjorn.

La suequita Agnetha, libre ella, canta libremente. La no libre todavía Frida se acerca al sí semi-libre Bjorn (al sí pre-divorciado ya Bjorn, en 1976, divorciado en 1979) y le sonrié y le tontea. Hola, Bjorn, guapo. El pre-divorciado le devuelve la sonrisa. Hola Frida, guapa. La pre-divorciada Agnetha (la rubita) lo nota, los observa, aparentemente concentrada la rubita, en la grabación y en el complicado I do I do I do I do. Lo ve la rubita, el coqueto de Frida, de la noruega, con Bjorn, todavía su suequito, todavía de la Agnetha. Reacciona, la Agnetha. I do, I do, I do, I do. Se aproxima al pianista, a Benny, al de la barbita, al marido de Frieda, de la noruega, el no-predivorciado. Anda Benny monín, play it again, Benny, guapo. El codazo que le da Frida, la noruega, a la pre-divorciada Agnetha me ha dolido hasta a mí. A mi Benny, a mi barbudo no me lo toques porque aunque estemos en TV y nos vean millones, y en el 2007 esto salga en el youtube te arreo una que vas a ver. Sosueca, solagarta.

download (3)Hasta a mi me ha dolido el codazo. Me ha astillado el húmero, dolorido lo siento. El húmero. Mi húmero.

Benny y Frida se divorciaron en 1981. Agnetha (la rubita) y Bjorn, en 1979. El grupo se disolvió en 1982. Durante 1981 y 1982, fueron el único grupo del mundo compuesto por cuatro divorciados. ¡Ah l´amour, comment ça s´acheve! Menudo codazo.

Pero cuidado. No hard feelings, eh, como dice el guasón de los subtítulos. Cachondeándose de Frida por no ser rubita. Que si poor Frida, que si no se qué.

¡Ah pero la Frida del Waterloo, de aquel clip vintage de 1973, qué caderas, que pelo negro el del demonio noruego!

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Young Folks, 2006. Peter Bjorn and John: un mililitro de indie sueco


En el post anterior hablé de los ABBA, los triunfitos suecos que se esparcieron por los años 70, arrancando de su Euro-Victoria del año 1974; ahí, en el post, os coloqué un tubo de su participación en la Eurovisión de aquel año. En el 2004 se celebró el 30 aniversario de su triunfo, con aquel Waterloo, incombustible. En el 2005, la cancion fue escogida la mejor de la historia del Festival. Además: leí que en el año 2004, ofrecieron a los ABBA una cifra absolutamente astronómica por reunirse. Comprensible. Se trata del grupo que más pasta ha hecho en la historia del pop, sólo detras de los Escarabajos.  Creo que ofreciéndoles ese oro y ese moro saben lo que se hacen, los productores, los ofrecedores. Y es que en una época de triunfitos, de Bisbales, Bustamantes and so, como no pensar en echar mano de aquellos Padres (ABBA) de la Iglesia, aquellos progenitores suecos? Creo que con unos arreglitos al gusto del 2007, podrían volver a poner en marcha la caja.

Pero se han negado reiteradamente, los suecos, especialísimamente Agnetha Fältskog, la rubita mona, la que siempre eclipsaba a la noruega -que no sueca- Frida, la morenita Frida (the girl which is not the blond one, la llamaban, which is not the blond one la llamaban a la Frida, qué cruz, la rubita no, la otra); la Agnetha, la rubita mona, especialísimamente ella, se niega, a reunirse se niega, se ha negado sí, devenida la rubita mona, la Agnetha mona, trasunto de Greta Garbo, habitando una islita de Suecia cerca del territorio continental sueco, y que remeda así a la Garbo, sueca también y esquiva ella, también.

Bueno, total. Que vamos a seguir con suecos, y tras los setenteros ABBA, vamos todavía con suecos, pero suecos indies dosmileros, y no setenteros como los ABBA, sino indies y suecos. Nos vamos al otro extremo, pero seguimos con los suecos.

La cancioncita indie-sueca Young Folks de los Peter Bjorn and John apareció en el 2006, y el clip me ha parecido logradísimo y fascinante. En una época donde la fascinación es algo cada vez más raro.

El Hexágono: súbito taller de escritura

Como he percibido algunas alarmas por el giro (inquietante, que duda cabe) que ha dado mi escritura en posts y mails, creo que debo enviar un mensaje tranquilizador a aquellos que se preocupan por mi y por mi estado mental, cambiante.

Si bien es verdad que conceptualmente tiendo a moverme en el caos y que mi modo de escribir es algo barroco y espeso, mi situación mental es aceptable.

Mi psicopatía se mantiene en niveles (todavía) asumibles, manejables. Cotejables con la psicopatía general de pueblos y ciudades. Tal vez haya podido pensarse lo contrario leyendo algunos de los posts del mes de abril. Pero insisto en que me mantengo (eso sí, con alguna dificultad) dentro de un cierto standard de cordura.

Lo que pasa es que como últimamente rehuyo los cursos de narrativa (me aburren ya, por mucho que me quede por aprender, por mucho que nunca se deje de aprender) pues entonces, utilizo el blog como taller.

En los posts más recientes, he estado haciendo ciertas prácticas con la escritura. He intentando jugar un poquito en plan rabelesiano, tratando de amasar y moldear el lenguaje. La lectura e indigestión de Thomas Bernhard y de alguna línea de Gertrude Stein han tenido algún efecto devastador en mi prosa, volviéndola repetitiva y tal vez ilegible. Un intento de comicidad fallido, un intento (fallido también) de devenir un Woodhouse, un Jerome K. Jerome en versión recargada, opaca.

Pero chicos, para encontrar la propia voz, hay que ensayar. Leer, dejarse influenciar, dejarse poseer y contaminar y emborronar páginas y páginas. Perdón por las molestias sin duda causadas.

SartroNáusea

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No acabo de dar con un blogo-diseño que  me convenza. He cambiado la presentación del Hexágono un par o tres de veces, ya, en las últimas semanas. Como diría mi padre, el senequista, cuando el demonio no tiene qué hacer, mata moscas con el rabo.

El caso es que sí que tengo qué hacer, pero no ganas. Últimamente, sólo me apetecen las cosas facilitas. Y cambiar el diseño del Word Press está al alcance de unos suaves clicks. Descansados, hastiados.

Es que no tengo ganas de casi nada. Además, esta mañana tengo un dolor de cabeza de cojones. Todos los lunes me pasa. Y para mayor gravedad, noto que estoy empezando a usar el blog como dear diary, devenido incomprensible trasunto masculino de Bridget Jones, lo que me tiene muy preocupado. Ayer, temerariamente, me pesé: he subido 1600 gramos. Media hora o más estuve con el rostro escondido entre las manos.

Volviendo al diseño del WP: he recuperado una presentación anterior, la que tenía en agosto y septiembre, me parece, la de la lolita húmeda del polo. Esa presentación tiene como ventaja el tamaño grande de letra, la legibilidad. No está la cosa hoy dia para jugar con la legibilidad. La legibilidad en un blog o en un libro o donde sea, es clave, al margen de las virguerías diseñísticas, también importantes, és clar. Vuelvo pues, de momento, tecno-Humbert, a la lolita húmeda del polo. Además, eso le da al blog un tono un pelín más transgresor, un delicado impacto visual adecuado para compensar el aburrimiento mortal de la mayoría de posts.

Aburrimiento mortal. Ayer estuve trece horas en la Farmacia. El dolor de cabeza me viene de ahí. Aunque también es un dolor de cabeza existencial, en parte. Pues hasta el escozor de mis ingles es existencial.

Hoy por la mañana me estuve mirando con detenimiento en el espejo, examinando imperfecciones en la piel de mi cara: irregularidades, puntos negros, falta de brillo, ojeras, arruguitas en el contorno de los ojos, problemas con la textura de la epidermis, falta de hidratación, rojeces. El sillón nasogineano un poquitín más marcado, el óvalo algo más desdibujado. La segunda ley de la termodinámica pateándome la cara otra vez. By the way, boy ¿En qué te estás convirtiendo, Serafín, muchacho? ¿Sigues siendo farmacéutico, so called, experto en medicamentos, en farmacología y galénica, en análisis y ensayos, o más bien te has transmutado ya en delirante, incomprensible consultor de belleza, bello-técnico en estética facial y corporal? ¿Suerte de tecno-señorita Pepis? Ayer una mujer me estuvo mareando media hora sacándole desmaquillantes de ojos y de cara. La mujer no se decidía. Su piel, la de su rostro, era especialísima, exigente, devoradora.

De pronto, frente al espejo, volvió a asaltarme la Sartro-naúsea. Hasta entonces sólo me había dado en cafeterías, en algún supermercado, frente a las torres gemelas de la Plaça Sant Jaume o en la Estación de la RENFE en Sants. Contemplé -seguí contemplando- mi cara y perdí de vista lo que ví. La Sartro-naúsea, otra vez, y frente al espejo. Lo que ví. Un objeto orgánico, un ser, vaya, con conciencia y sentidos, conciencia, sobre todo, demasiada conciencia. Tendría que auto-lobo-lobotomizarme, yo mismo autolobotomizarme. La Conciencia, la puta.

A mi lado, en esta mesa en la que escribo, tengo los manuales de Literatura Griega y de Geografía Regional. La Geografía Regional es infumable; la literatura griega semiapasionante, de las pocas cosas que pueden a dia de hoy atravesar el espesor espeso de mi abulia, atravesar mi dura barrera hematoencefálica. La literatura, la civilización griega. En esos templos, esas ágoras, y academias, ahí, ahí, empezó a programarse el matrix occidental actual. Aquellos greco-barbudos empezaron a teclear el código. Los greco-barbudos, ellos fueron, sí. Cada vez me interesa más -dejando de lado mi abulia- bucear en esa civilización ya tan lejana, ahi deben estar buena parte de las claves, de los porqués. En los misterios, en los cultos, en el nacimiento impactante de la prosa y del logos, de esa sublimación humana que fue el politeismo griego -estos diosecillos lúbricos, tan simpáticos, cómicamente humanos, que follan y procrean y se aburren-, la sofistería, ese Socrates….ese Socrates. Lo que daría yo -un huevo daría, conservando el otro- por tener sus obras completas, porque al tipo le hubiera dado por la escritura como a su plato-discípulo. No necesitaríamos tanta espumita de autoayuda, tanto librito a lo Louise L. Hay. En las obras de Socrates, recorriéndolas, encontraríamos el Operating Instruccions de la mente (como llamamos ahora al alma). Seríamos libres, y no tendríamos quizá que gastarnos los 50-100 euros de cada psico-visita.

Los porqués. Los griegos los tienen. Los jodidos porqués.

Coda: hoy es dia de Sant Jordi, y no lo había notado. De pronto, algo rabioso y espumeante va subiendo desde mis profundidades. Me convierto en barbero, en cura, en ama de llaves, en sobrina. Una pira haría con todos los libros del mundo, eso haría, una pira haría, y en torno de ella enloquecido danzaría.

Conciencia: Manual de Instrucciones

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La Conciencia, vaya jugada. Menudo peso, menuda carga. ¿Por qué se nos ha cargado, la evolución, la madrastra, con un cerebro tan avanzado, voluminoso, pesado? ¿Por qué esos 1300 gramos de masa blanquigris, si con mucho menos nos hubiera bastado? Total, para lo que nos han hecho hacer a lo largo de la historia, y también en su extensión y ancho, en las distintas civilizaciones que se han sucedido por la serie de milenios fatigada, o en las que coexisten o han coexistido en un mismo instante, del Tiempo. Yo creo que, ya ves, con 500 o 600 gramitos cerébricos ya nos hubiéramos apañado. Medio kilito, y no más. De ese modo no tendrían que lobotomizarnos (de las maneras más burdas o también imaginativas) en los ensayos de El Planeta de los Simios para toda serie de seres de toda época (siglo XXI, borrachera positivista del XIX-XX, Medioevo, Imperio Romano, and so). A cada Tiempo o a cada colectivo le ha sido prescrita una técnica lobotomizadora difente, original, pero Lobo-lobotomizadora. Así: El horror al Dios tiránico y shakespeariano del Antiguo Testamento, cuidado con cabrearlo, que te echa un cubo de agua o no ves la Tierra Prometida, habiéndote desollado los cojones por todo el Oriente Medio tras esa Tierra; el culto florido al Dios-hippie, Jesusín de Nazareth (el Jesús Leary), el carpintero de la otra mejilla, barbudo Sargento Pepper evangélico, restallante acid-God (sensación causó en Palestina y en todo el Imperio el divino,  arcoírico, Sky with Diamonds); la extenuación cafre en las fábricas dickensianas, germinada tres siglos antes por el cafre Lutero (su memorable y siniestro Everyday’ Sunday, en castizo, todo los dias son Lunes), el Lutero-Cafre, digo, el alemán anglosajón, el alemán estadounidense, y australiano y sudafricano, progenitor impío de la ética protestante, paridor del culto negro al trabajo y a la productividad y a las corbatas y a la semana de 60 horas o de 70 o de 80 o de 90, esas horas tiznadas que ennoblecen; el pavoroso duo XIX-XX francoanglogermanosajón, su atmósfera, trasunto espeluznante y verídico del Metrópolis de Lang; el desmantelamiento boloñés del sistema educativo en el finisecular 1999; las consignas vertidas en los vertederos publicitarios,la liquimierda que con agujas nos inyectan…. ¿Porque esa necesidad de lobotomizar al simio desnudo, tan bueno él, rousseauniano en su fondo tímido, tan natural y triste? Esa necesidad viene de los 1300 gramos, que si en vez de ser 1300 gramos fuesen 500 o 400 no habría necesidad de lobotomización, no sería necesaria ni necesario sería ensayar técnica ninguna, de las tantas que se han ensayado a lo largo de milenios y centurias. Lobo-técnicas. Los 500 gr adicionales: la Conciencia, suponen.  Y qué jodida. Con lo bien y felicísimos que estaríamos tan sólo con el sistemita límbico, con el cerebrito reptiliano. Y que felices serían, ellos también, los de Bolonia. Pero la Conciencia: como multiplica nuestra angustia y nuestra libertad y nuestro potencial y nuestros campos. Como lleva de cabeza a nuestros amos, y a los mandados boloñeses. Como nos proyecta hacia el pasado remoto o hacia el futuro remoto o nos dispara en todas las direcciones del presente tan desaprovechado. Tantos mundos que nos permite crear y recombinar y remodelar. Collons. Tantos mundos que superponer a la así llamada realidad. Cuantos misterios suyos (de ella, de la Conciencia, generadora indiferente de  lo real y de lo fantasioso y de lo virtual, tan intercambiable), cuantos misterios todavía por desvelar, en esos pliegues y recovecos de los ilimitados 1300 gramos. De los jodidos, de los maravillosos y angustiosos 1300 gramos. Qué puta, insisto una vez más, la Conciencia. Como nos atormenta con problemas como el del Sentido, qué existencialista y que tocahuevos a veces, como nos aplasta con el Spleen, y con el ennui, y con el vino y con las putas y con Baudelaire, y como nos empuja no pocas veces hacia el vacio, hacia el empedrado y el vacio. ¿Pero y si supiéramos manejarla, y si supiésemos dirigir ese ingenio?. ¿Y si reconstruésemos el Operating Instructions de la mente -monstruosa, hiperabarcante- aunque fuera con esfuerzo y a trocitos, el Operating Instructions, verdadero volumen ignorado y maldito y temido, libro de índice y escamoteado, y si lo reconstruyésemos? ¿Y si controlásemos nuestra Conciencia? ¿En lugar de que nos aplastase y sirviese a las Pharmaceuticals, a su cotización, espléndidas, nobles, a los ansiolíticos? Y si decidiéramos nosotros y nosotros y sólo, Qué entra y Qué no entra, Qué sale y qué no sale, Qué deseamos y Qué no, Qué cambiamos o qué no. And also: qué reencuadramos y qué no y en qué sentido y en qué dirección. ¿Y si nos volviéramos un poquitín orientales, hindús, japos, chinos, coreanos? ¿y si machacáramos la cabeza de algún griego con una espada persa, aunque no modificásemos el signo? ¿nos constituyésemos en hombres (o mujeres) de una puta vez, y ya no simios o cabritas en el monte mordisqueando hierbajos o borregos fuésemos? ¿y si nos levantásemos fieramente, con fiereza dulce, sobre las patas de atras, nuestras patas? ¿Y si recorriésemos ese Necronomicon del Manual de Instrucciones, en la noche desveladora y secreta? ¿Y si  penetrásemos en los misterios?  ¿Y si los publicistas tuvieran de pronto que acarrear cartones y contar moneditas y suplicarlas?

Get back, 1969. The Beatles. ¿Inauguración de los 70?

Gatos en un tejado de zinc. On a hot tin Roof. Atenta mirada de los policemen, ceñudos.  El UK -sus élites, ‘course– comienza a estar ya cansado de bromas y de melenudos y de orientalismos y de ostias. Pero la cosa no ha hecho más que empezar. Diez años o más tenían por delante de melenudos. En Downing no lo sabían o ya lo barruntaban. Pero eran otros tiempos. Los policemen observan a los escarabajos. Hoy los habrían desalojado rapidito. Incluso en ese 1969 acabaron desalojándolos, según tengo entendido, aunque no a las primeras de cambio. Hubo quejas de oficinistas del edificio abajo, y de edificios vecinos, tengo entendido, no conozco a fondo la historia, quejas por el músico-ruido que hacían los escarabajos: los oficinistas no podían concentrarse, aunque les pagasen -entonces como hoy- por horas. Asi qué, ¿y qué?

El video, rodado en los primeros dias o semanas de 1969, fue una de las últimas actuaciones escarabájicas. Antes de su disolución en 1970. Yo tengo para mi -y esta afirmación es pura subjetividad, percepción pura de un clima, de una atmósfera musical- que el show escarabájico del tejado supuso la inauguración de los años 70. Sí, en ese recien comenzado 1969, se cortó la cinta de los 1970. Enmelenados, paneros, parcheros. Concienciados. Encamados.

Se me antoja que la estética musical y vestimentamental desplegada en ese tejado, es ya más setentera que sesentera. Se me antoja. ¡Qué diferencia con los escarabajos de 1963 o así, con sus melenitas cortitas, impecable, cuidadamente descuidadas y desiguales!. Excelentemente mal talladas. Sus trajecitos y corbatitas de esa primera mitad sesentera…pero si parecían ellos mismos oficinistas, como estos que se quejan en 1969, estos que llaman a la Police, los que chillan que se callen, fuck them, que no podemos concentrarnos, cojones.

Bueno, ya digo. Digo que los 70 empezaron con el Get Back y ese tejado. Aunque más de un musicómano, como el redactor o redactores del correspondiente wiki-artículo sobre el Get Back, especialistas en vericuetos los más elevados e inoteables de la canción y en su recording y su circustancia, y hasta en la albañilería del tejado, más de un musicomanomaníaco erudito, digo, dirá que no, que no necesariamente, o qué gilipollez o que inexactitud, que los 1970 empezaron antes o después, o que total, los años finales o meses de los 1960 ya fueron íntegramente seventies, o que…

Bueno ya digo. Insisto. Mi cultura musical insuficiente no me permite la precisión. No sé en qué momento se traspasó ese umbral de los 1970, suponiendo que algún sociólogo o especimen similar o historiador o lo que sea pueda trazarlo con tiza científica. Hobsbawm dice que el siglo XIX empezó en 1789 y acabó en 1914. Y que el XX echó a andar en ese 1914 y acabó en 1989, todo de ladrillos por el suelo y chillidos y consignas. No se en qué momento, repito, se atravesaron los 1970. Pero la música, la cultura, no es algo tan estructurado como la Política y sus sucesos y sus bien cronometrados espasmos. Así que, en definitiva, ¿quien puede aseverar el instante en que se lanzan musicalmente los años 1970? Que cada cual diga la suya.

Y la mia es que comenzaron en enero de 1969, en ese tejado, en ese Roof, en el momento en que el barbudo McCartney se aproximó al micrófono y te dijo que volvieras.

Ludwig Wittgenstein (1889-1951)

Durante una acalorada discusión con Cordano, la Gausí y la Sorkin -que bordeó la violencia física, que rondó el puño americano verbal, el nudillo- referida a las relaciones entre realidad y lenguaje (discusión en la que fui pateado y demolido), para mi secreta satisfacción descubrí que los violentos personajes no parecían identificar a Lutwig Wittgenstein. Había dejado caer a la desesperada el nombre del filósofo alemán, y fue como un sortilegio, una letra mágica. Triunfante, liberador.

La Sorkin (Fanny) agarró rápidamente su portátil e interrogó la Wikipedia: con rabia tecleó WITTGENSTEIN. El resultado las maravilló a ella y a la Gausí: acababan de descubrir a un autor maravilloso. De la escritura, del lenguaje, del pensamiento. Realidad, lenguaje. Maravilloso. Yo contemplaba los rostros iluminados, la pantalla del portátil, restallante.

Aprovecho la ocasión para reproducir aqui un pequeño escrito en el que hablo de las diferencias entre el Wittgenstein de la primera época (W1) y el de la segunda (W2).

Sobre Witgenstein 1 y 2:

Me gustaría centrarme en la idea de si puede hablarse de avance o de retroceso entre el W1 y el W2. La cuestión no resulta fácil. Por una parte, me parece valioso el primer Wittgenstein en el sentido de que supuso una gran clarificación el trazar de manera precisa los límites del campo de aplicación del lenguaje, ese circunscribirlo a la descripción de los hechos del mundo, los hechos verificables del mundo; el logro de Wittgenstein 1 de convertir el lenguaje (” de reducirlo”) a perfecta herramienta de la Ciencia, entendida esta como descripción y verificación de la estructura del mundo, o al menos de su porción positiva y verificable. Todo aquello que desborda los hechos comprobables, queda más allá del dominio del lenguaje y más vale (según W1) “guardar silencio”. No obstante, a pesar de no poder usarse el lenguaje de manera rigurosa y lógica para referirse a lo que Witgenstein llama “lo místico”, su importancia (la de ese mundo “místico”) no es negada y sí puede y debe mostrarse.

Pero resulta desolador que campos tan fundamentales en un animal que desborda lo racional y lo lógico (cuyas dimensiones van mucho más allá) como es el animal humano, queden fuera del alcance de una de sus principales (o la principal) herramienta de comunicación, de aprensión del mundo y de reflexión como es el lenguaje. ¿Qué sucede con la literatura, la poesía y otras artes que utilizan el lenguaje verbal como materia prima y que es evidente que no forman parte del dominio lógico?

Consideremos el caso de Franz Kafka. Tomemos La Metamorfosis o el Proceso. O cualquiera de los enigmáticos fragmentos de los Cuadernos en Octava. ¿Qué hay ahi? ¿Que nos está comunicando el autor? Sería posible hacer el siguiente ejercicio: tomar todo aquello que presuntamente se halla contenido en esos textos desolados y escribir un ensayo lógico y riguroso de una sola página o pocas páginas. Escribir cosas como “el hombre moderno, el hombre del atroz siglo XX se encuentra atrapado en estructuras deshumanizadas, la Culpa es la gran carga del ser humano, asi como los castigos desproporcionados, en nuestra época”, etc. En efecto, podría reducirse Kafka a unas cuantas líneas de un único juego linguístico (el “natural” o “lógico”), el único juego que contemplaba el primer Witgenstein antes de que condescendiera a reconocer la existencia de ilimitados juegos y contextos para el lenguaje, sacándolo de la jaula de la descripción lógico-racional. Pero resulta evidente que las páginas de Kafka contienen infinitamente más que lo que nos mostraría ese único juego de lenguaje.

¿Aún asi, qué sería Kafka incluso para el W2? ¿una mezcla de juegos de lenguaje? Tal vez, pero yo no puedo renunciar a la idea de que en esas páginas atemorizadas, humorísticas, convulsas y desoladas no esté contenida (de un modo enigmático) la totalidad de la vida o al menos de la civilización, y en ello en un lenguaje no racional. Kafka no calla, y hace algo más que mostrar. Kafka expresa, analiza, comparte (no sólo muestra), grita, susurra, aunque lo haga en un dialecto enigmático.

Por ello y reconociendo el valor utilitario del primer Witgenstein al colocar el lenguaje a la altura de la Ciencia y del pensamiento científico (tal vez una tarea pendiente desde la revolución científica, despejadas las brumas del pensamiento, quedaba despejar el lenguaje: W1 lo hizo); un enamorado como soy yo del lenguaje y de sus infinitos registros se siente más cerca del segundo Witgenstein, el que volvió a ensanchar nuestra principal herramienta. Los juegos del lenguaje le dan a éste un poder ilimitado, convierten todo objeto en su objeto, reconocen caminos de conocimiento alternativos al lógico-matemático-racional; hacen del lenguaje un instrumento del hombre y no al hombre en un instrumento del lenguaje, al poner el acento en el uso como fuente generadora.

Nabokov dijo en su Curso de literatura europea que las grandes narraciones literarias (incluidas las realistas o presuntamente realistas) eran cuentos de hadas que se dirigían no a nuestro cerebro, sino a nuestra médula espinal. Era ésta la que hacían vibrar, y de ese modo nos hablaban. El juego linguístico utilizado era el literario, pero a mi no me parece un uso menos eficaz, vibrante o valioso que el uso linguístico en el juego científico (único reconocido por el W1). E insisto, yo creo que la literatura no sólo “muestra”, sino que comunica de una manera tan precisa como cualquier otro “juego”, aunque no todos los juegos se dirijan a nuestro cortex. Es como la música, otro lenguaje no vertible a conceptos racionales, pero eficaz y poderoso.

La física misma (la más aparatosa de las Ciencias), tras la revolución de las primeras décadas del siglo XX, se ha poetizado. No otra cosa es la mecánica cuántica: el mundo del sentido común, del clasicismo físico (la física también tuvo su clasicismo, afrontamos ahora su época romántica) ha perdido su vigencia: el mundo, tras el desencantamiento al que se vio sometido tras el tránsito del siglo XVIII, ha recuperado su magia. Para describirlo necesitaremos todos los juegos de lenguaje imaginables y más.

Abril, 2006

El porqué de un Blog (yo q sé)

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Porqué llevo un blog? ¿Porqué somos bloggeros? ¿Cual es la razón última o primera o intermedia?

¿Quiero comunicarme? ¿Soy un exhibicionista? ¿Un presumido, acaso? ¿Quiero que todo el mundo se entere de quien soy y lo que soy y lo que hago y lo que pienso y vea mis fotos y mi entorno y mi circunstancia y mi ciudad y mi aldea y donde vivo y a quien veo y a quien no veo?

¿Trato de sacudirme mi micropequeñez de nanoparticula  -ya ni átomo- social?

Llevo desde 1999 o 2000 colgando material personalizado en la Red. ¿Porqué hago esto? A veces -últimamente bastantes veces- me lo pregunto.

¿Porqué -los que lo somos- somos bloggeros? ¿Porqué hay tanto bloggero y tanto blog?

¿Qué buscamos, o a quien?

¿Eh?

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Eyes Wide Shut (apunte)

En uno de nuestros encuentros, en esta ocasión en casa de Fanny, el pasado Lunes de Pascua (dia en que Helena decapitó salvajemente una gallina de chocolate), Roberto Cordano, italo-escritor, enfant terrible temible, polemista profesional, valiente disminuidor de Borges, se descolgó con una de sus ideas explosivas. Tembló el ático en el que se celebraba la barbacoa, se sobrecogieron bistecs y morcillas, trémulas sobre las brasas. Eyes Wide Shut, de Kubrick -proclamó Cordano- es mediocre, Tom Cruise es inexpresivo y a su vez mediocre, el propio Kubrick -no recuerdo ahora si también lo dijo, tal era mi desconcierto- es igualmente mediocre.

Aterrado, empequeñecido ante el ímpetu dialéctico de Roberto, susurré que Eyes Wide Shut no me parecía tan mediocre: algunas de sus escenas se me antojaban memorables. Helena, cosa que agradecí, se mostró de acuerdo. La secuencia o secuencias orgíasticas -esas en las que se adentra el inesperadamente noctámbulo Hardford-Cruise- son magníficas, gozosamente escalofriantes. La música que subraya las enmascaradas orgías caligulescas -y como escribí en algún lugar internáutico, hace ya años- es de lo más intenso que me ha sido deparado en mis dias y noches de tímido espectador cinematográfico.

En el meeting hipercolesterolémico, balbucée (asentí) que el inexpresivo Cruise era precisamente lo que buscaba Kubrick. Ah, la pareja Cruise-Kidman, hallada con felicidad, quien sabe si azarosa. La Kidman, sombría y bella y bello el culo contoneante, la Kidman, símbolo de profundidades femeninas recónditas (“si supierais en verdad como somos”, le dice al marido, al Hardford) y el Cruise pateante y llorón. Pero eso perseguía Kubrick. El contraste, el misterio: el desconcierto masculino, la estupefacción masculina y los abismos del alma femenina, esencialmente inexplorados, a pesar de Henry James y de la Wolf y de Joyce (alguien proclamó que Joyce conocía a las mujeres mejor que la madre del Demonio): eso, todo eso puede rastrearse en Eyes Wide Shut.

Una cosa está clara. Una herida te abre -si no en la conciencia, sí al menos en la sensibilidad- ese descenso a los infiernos, ese viaje al fin de la noche del personaje de Cruise, esa música…Esa música. Deliciosa e infernal. Creada por una estadounidensita mona que en 1999 estaba todavía en la treintena. Y no por un clásico de pulso devastador, como había creído yo.

El tubo que recojo recoge a su vez algo del asustado pateo de Hardford-Cruise por la noche y por Nueva York. Hacia el primer tercio o la mitad del metraje, Cruise encuentra en su vagabundeo a un ex-compañero de facultad que no acabó la carrera, y que ha devenido pianista. Charlan, beben. El pianista revela que ha sido invitado a tocar en un secreto lugar en el que se celebra un encuentro orgíastico, cuyos protagonistas son gente de mucha relevancia, muchísima. Es necesaria una contraseña para entrar: Fidelio, ópera del viejo Ludwig Van. El pianista y el médico se despiden. Hardford-Cruise resuelve ir por su cuenta y riesgo al misterioso lugar insinuado, abismarse en Nueva York y en la noche y en su conciencia y en su obsesión y en su neurosis.

Eyes Wide Shut: los ojos cerrados de par en par, una poderosa versión, traslación en imágenes de la decorosa novelita austro-húngara de Schnitzler. Traída de los años 1910 al convulso, finisecular 1999. Carruajes permutados por motores de explosión. Viena devenida Nueva York.

Afilados todos los ángulos por Kubrick, todos los ángulos de la susurrante novelita. Punzantes, desholladores.