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Archivos Mensuales: enero 2010

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Confieso que experimento un siniestro placer en hacer pedazos a ciertos iconos progres del panorama politico y audiovisual (por desgracia, hoy lo audiovisual incluye a lo politico). John Lennon es uno de esos iconos. Gandhi, otro con gafitas redondas, es otro. La tentacion de agarrar el martillo y hacer pedazos el busto de escayola es, sencillamente, irresistible.

Vamos con el amigo Lennon. Acaso sobrevalorado, se trata al menos de un artista creativo, estimulante. Algunas de sus piezas son sin duda logradas, cómo no va a venerar este servidor, agnóstico de piedra picada, al tipo que supo colar aquello de And no religion, too?

Otra cosa es el otro Lennon, el gran totem de la conciencia politica, del pacifismo. Entre demasiados cantos en torno al personaje y hagiografias, sobresale esta contundente y aun asi equilibrada exposicion de Cynthia Lennon, su primera mujer y madre de Julian, aquella que fue deshechada, tirada a la papelera (no se me ocurre otra manera de decirlo), tras la violenta infatuation del bueno de John por la japonesita retratista de traseros.

John (2005), de Cynthia Powell Lennon es una narración seria y afectuosa pero tambien madura y descarnada, imprescindible para el equilibrio psicológico del lector mitómano. El Lennon que emerge de esas lineas se nos aparece rabiosamente humano: talentoso, innovador, oportunista, relampagueante, experimentador incansable, espiritu libre, padre deficiente, poeta, energúmeno, políticamente arrojado, socialmente cobarde, original, único. A ratos asqueroso.

Asquerosamente trato a Cynthia cuando decidió poner punto final a sus casi diez años con ella, liquidar su matrimonio y hasta darle en parte la espalda a su hijo Julian, todo para dejarse devorar emocionalmente por la vegetariana. Pero el libro está escrito desde la sobriedad que solo da el paso del tiempo, la perspectiva, el enfriamiento, la comprensión de la vida y de la complejidad del animal humano, de un animal humano.

John nos muestra lo que se ocultaba bajo la rompedora imagen del Lennon de los bed-ins en Amsterdam junto a Yoko, del Imagine y los pianos blancos con la japonesita abriendo y cerrando ventanas, el buen rollito incansable, o los encendidos y agradables cánticos pacifistas.

Cynthia y John Lennon

¿No era el a ratos tan poético chansonnier Jacques Brel  (aquel del ne me quitte pas) el que cantaba también aquello de

Il neige sur Liège

Et tant tourne la neige entre le ciel et Liège

Qu’on ne sait plus s’il neige sur Liège

Ou si c’est Liège qui neige vers le ciel  ??

Bueno, pues aqui en Londres lo mismo, tú. Yo tampoco sé ya si nieva sobre Leytonstone o es Leytonstone el que nieva hacia el cielo o qué, vamos, yo lo unico que sé es que empiezo a estar ya de nieve hasta los dallonces.

Y llevamos sólo unos dias, tú.

sherlock-holmes-1

Sobre Sherlock Holmes (Guy Ritchie, 2009)

Ni cuando era adolescente me gustaba marchar en manada. Pero el ultimo Boxing Day (o dia de San Esteban, como lo llamamos en España) hice la no pequeña concesion de aventurarme por el más radical centro de Londres, cobijado y protegido por el educado rebaño del London International Club. Un dia es un dia.

Tras unas horas deambulando por las inmediaciones de Baker Street, patria chica real de los imaginarios Holmes y Watson, tras revolver en el pequeño y abarrotado Sherlock Holmes Museum, a reventar de souvenirs de las contundentes criaturas ficticias, convine (insisto, un dia es un dia), junto con los restos de la amable manada policultural de la que era improbable miembro aquella tarde, en ir a echar un vistazo a la recien estrenada Sherlock Holmes. Starring increiblemente a Robert Downey Jr y Jude Law.

La película me produjo una estupefacción ya tranquila, estupor medido y calibrado. Ese Holmes (ese Robert Downey, Jr) era naturalmente una máquina lógica, seguidora de la Ciencia Natural y de la Quimica y aficionada (la máquina lógica) a sorber un poquito de tanto en tanto, por qué no, de esa Quimica. (Holmes eso que bebe usted suele utilizarse para la cirugia ocular, espeta el petimetre y algo chillón Law-Watson). Pero la máquina lógica que es el Holmes de la pantalla (y el de Doyle) también es aqui un dispositivo de concentración y autocontrol y a ratos un remolino golpeamalos habilísimo en el manejo de las artes marciales, japoHolmes. Un Kungfú analitico se gasta, vamos, y hasta el atildado Law-Watson marca tambien algunos directos certeros, que mandan narices abajo a más de un malvado victoriano, engorrado, hollinado.

Curiosa esta nueva lectura cinematográfica de unos personajes manoseadísimos por cien años de televisión y cine. Lo mejor es el tramo final de la película, en el que un Holmes completamente puesto, se deja de bromas y da un auténtica sacudida analítica a todo el tejido sobrenatural que la historia había ido hilvanando. Al igual que en los relatos de Chesterton, lo sobrenatural es finalmente colocado sobre el suelo mediante la mecánica racional. Y tal cosa, en estos tiempos semimágicos que vivimos, yo diría que es más bien de agradecer.

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