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Lecturas

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“Yo pasaba las páginas a toda velocidad. Y supongo que, de manera irreflexiva, buscaba algo, una especie de versión de mi misma en la que pudiera deslizarme como se hace con un par de zapatos cómodos”

“Era la más abyecta de las lectoras. Lo único que quería era que mi propio mundo y yo en él, me fuese devuelto con forma artística y de manera accesible”

“El amor no crece a un ritmo gradual o sostenido, sino que progresa a oleadas, sacudidas, mediante saltos salvajes, y este era uno de ellos”

Operación Dulce, de Ian McEwan

“… a lo mejor tuve miedo de que leyera en tu mano alguna verdad sobre mí, porque fuiste siempre un espejo terrible, una espantosa máquina de repeticiones, y lo que llamamos amarnos fue quizá que yo estaba de pie delante de vos, con una flor amarilla en la mano, y vos sostenías dos velas verdes y el tiempo soplaba contra nuestras caras una lenta lluvia de renuncias y despedidas…”

Memoria iluminada 

AR2Sólo unos días atrás (me enteré por Twitter), tuvo lugar, obviamente como cada año, el aniversario de ese extraño meteoro Rimbaud. Conozco bien su cronología y fechas, pero no hasta el detalle de días y meses. Bien: El 20 de Octubre se cumplieron 160 años de su nacimiento (1854, Charleville).

Hace dos o tres años escribí un artículo (que hasta adapté al inglés) sobre el fulgurante versificador adolescente. Con entusiasmo, lo titulé El Enigma Arthur Rimbaud. Tradicionalmente, como a muchos otros, me ha fascinado hablar del “misterio” de Rimbaud. Y a ese supuesto misterio vuelvo a referirme en el artículo, cuyo enlace pongo al final de esta breve nota recordatoria.

Pero quizá porque soy tres años más viejo (y por tanto tres años menos romántico), no veo ya misterio alguno (o veo mucho menos) en la huída de Rimbaud, su decepcionante transmutación. En la rápida conversión en un ser totalmente distinto, en aquel 1873 en que abandonó toda actividad poética y literaria. Tras haber demostrado durante solo unos meses (más que durante unos años) su enorme talento para tensionar el lenguaje y crear visiones. Visiones transfiguradoras del presente y también premonitorias. Como haría Kafka medio siglo después: el de Praga otro genio del filtrado estético de la realidad sombría, aunque menos expansivo que el teenager de Charleville.

No. Creo que en el fondo no hay misterio. Rimbaud tenía 19 años. Y era 1873. Un siglo (al menos en su tercio final) rabiosamente realista. Hasta la literatura misma ensayaría (mediante el naturalismo) convertirse en una especie de ciencia. El casi veinteañero Rimbaud dirigió, a partir de entonces, su creatividad e ingenio en direcciones mundanas, fuertemente antipoéticas. Se puso, literalmente, el mundo por montera. El juguete de la literatura dejó de servirle, voilà tout, y en el futuro ya solo escribiría cartas vulgares y antiliterarias. Lo insólito en este caso, pienso yo, fue que lo que Rimbaud abandonaba, como una especie de pasatiempo adolescente que al madurar se deja atrás, constituía ni más ni menos que su verdadero talento. La auténtica expresión de su genio. Algo que tal vez no supo ver. O que si vio, no le importó.

El Enigma Arthur Rimbaud 

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(Recupero un par de artículos escritos para Suite en 2010 sobre el fascinante W.H. Hodgson y su obra pavorosa y extraña)

Podemos considerar a William Hope Hodgson (1877-1918) como uno de los antecedentes de Howard Phillips Lovecraft. Aunque no lo leyó hasta 1934, es posible que hubiese algun tipo de influencia “circular” a traves de otros autores. Es fácil rastrear el mundo lovecraftiano en títulos como The House on the Borderland, por ejemplo, con esos seres monstruosos de antigüedad inconcebible y desconocido origen.

Elogio de Lovecraft

Muerto en 1918, en una de las últimas tardes de la Primera Guerra Mundial como quien dice, William H. Hodgson fue a parar al olvido durante un tiempo, a pesar de los esfuerzos editores de Betty, su viuda. Fue en cierto modo el afán de los devotos seguidores lovecraftianos de exhumar los orígenes e influencias del maestro de Providence, lo que llevó también al rescate del autor de Essex.

Aunque de manera algo matizada, Lovecraft deja en buen lugar a Hodgson en su ensayo de 1927 (revisado en 1934) Supernatural Horror in Literature. Pero los elogios suben de tono en relación a aquello que el autor de la Llamada de Cthulhu consideraba esencial. Si bien critica en Hodgson cierta tosquedad estilística, así como sus tendencias hacia una cierta sentimentalidad barata, Lovecraft exalta sin reservas el enorme talento del inglés para levantar poderosas tramas preternaturales, mundos de horror y espanto que rivalizan con los suyos propios.

En efecto, los escenarios y paisajes, y las criaturas horribles que corretean por los textos de William Hope Hodgson, la insinuación constante del Mal y de lo innombrable, hacen de él una figura de referencia entre los cultivadores de la literatura materialista de terror. Esa de la que Lovecraft se convertirá en símbolo y en el autor más atendido por crítica y público.

Marino mercante, fisioculturista, fotógrafo, escritor

WH Hodgson nació en Essex, Inglaterra, en 1877. Para la siempre complicada tarea de ganarse la vida, ensayó varios oficios. Fue marino mercante y recorrió mares y océanos como hiciera Joseph Conrad algo antes, y el mar y sus misterios son un elemento constante en sus narraciones.

Pero acabó hastiado del mar, que en sus obras será siempre algo amenazante, como en Lovecraft. Trabajó como fotógrafo. Durante un tiempo puso en marcha un negocio fisicoculturista, entre cuyos clientes se contaban miembros del cuerpo policial de Blackburn. Mientras tanto escribía y escribía, novelas y relatos.

(…)

Biografía de W.H. Hodgson (continuación)

La obra de W.H. Hodgson 

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“Tengo el deber de encerrarme en mi espíritu y trabajar cuanto pueda y en todo cuanto pueda para el progreso de la civilización y el ensanchamiento de la conciencia de la humanidad”

“Primero sé libre. Luego, pide la libertad” 

Fernando Pessoa

Este domingo, mi pequeño homenaje al editor Jaume Vallcorba. Que se las arregló para hacer, en su vida, cosas permanentes y bonitas.

Muere Jaume Vallcorba, maestro de editores

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Ayer exhumé, de entre un montón polvoriento de libros en rústica, una edición de bolsillo (Bruguera, Libro Amigo) del Viaje a Francia, del gran cronista (algo olvidado) Nestor Luján. Esto me sirve de excusa para desempolvar (junto al libro) una reseña escrita hace años. El tono de la reseña es algo cursi, pero creo que se mantiene en los límites de lo legible. 

Alguien dijo en una ocasión que todo hombre tenía dos patrias: la suya propia y Francia. Quien hizo esta afirmación no tenía que ser necesariamente francés. Yo soy de los que la subscribirían gustosos (quizá porque para mí, como para muchos otros, Francia no es tanto una nación real como un mito y una idea romántica) y es muy posible que Nestor Luján, periodista, escritor, gastrónomo y bon vivant, también la hubiera suscrito. Como buen catalán, Luján sintió la gravitación del viejo y sofisticado pais galo y la fascinación por la cultura francesa, en especial la historia y la gastronomía. En Viaje a Francia, el autor recoje algunos de los reportajes que escribió para la revista Destino sobre sus viajes por el luminoso hexágono. El libro esta escrito de una manera libre y despreocupada y no hay que buscar en él método ni orden matemático. Tampoco busca eso el viajero que visita Francia, aunque esta sea la patria de Descartes y del método. Lo que busca es lo mismo que Luján: cultura, historia, gastronomía, disciplina esta última que reina en el libro de manera absoluta y versallesca.

El autor nacido en Mataró nos habla con pasión de las trufas de la Aquitania, de sus ostras, de los vinos y la opulenta cocina borgoñesa, de la mítica tierra de la Champaña. Nos ilustra sobre ritos gastronómicos, nos habla del legado de Dom Perignon, de la feria gastronómica de Dijon, de les trois glorieuses…Y todo ello trufado con elegantes alusiones a episodios y anécdotas sacadas de la pletórica historia de Francia. En suma, un auténtico homenaje a la douce France. 

Una buena reseña de Juan Malpartida sobre Viaje a Francia 

Otra antigua (y algo desmañada) reseña de una novela de Marías que, junto a las del otro dia, también rescato de la oscuridad. La he retocado algo para volverla legible.

portada-negra-espalda-tiempo (1)Negra espalda del Tiempo

In the dark backward and abyss of Time? Shakespeare / The Tempest

Novela, inicialmente publicada en 1998, del para muchos (me incluyo) mejor escritor español vivo. En Negra Espalda del Tiempo, Marías desdibuja de una manera diabólica la línea que separa ficción y realidad. Con su habitual estilo elegante e hipnótico, el autor desarrolla esta ¿ficción? ribeteándola con seductoras ideas filosóficas. Aunque tal vez no sea esta la manera más precisa de referirse a Negra espalda del Tiempo: no debería hablarse de ribete filosófico, ya que la filosofía es más bien la materia prima de la obra. A parte de una absorbente lectura, esta novela es una reflexión sobre el Tiempo, o mejor dicho, sobre su reverso, lo que Marías llama su negra espalda ¿Donde se hallan, a donde van a parar esas cosas que podrían perfectamente haber sido y que finalmente no fueron, en beneficio de otras que, a su vez, pudieron no haber sido? Se hallan justamente ahí, en el reverso del Tiempo, en su “negra espalda”.

Aunque no puede hablarse en absoluto de secuela, la obra retoma en cierto modo el hilo de la anterior Todas las Almas (1989), donde también realidad y ficción se emulsionaban. Aquel libro y sus personajes, según cuenta el autor madrileño, fueron gradualmente invadiendo su realidad cotidiana, de manera que aquel material ficticio pareció ir volviéndose real. Este gradual viraje hacia la realidad de la fabulación de Todas las Almas servirá al autor de material de partida para Negra espalda del Tiempo, y es precisamente en esta nueva obra donde va desdibujando definitivamente sus contornos la siempre delgada línea que separa la realidad de la ficción.

78marias_300Si hubieramos de señalar algo criticable en Negra Espalda (ya puestos) es quizá el que, a medida que el autor desarrolla su apasionante juego literario (un juego muy serio a cargo de un escritor-pensador), va consumando ciertos ajustes de cuentas hacia algunos personajes cuyas trayectorias se han cruzado con la de Marías. Así, el narrador ironiza burlonamente sobre los Querejeta, responsables en 1996 de una versión cinematográfica de Todas las almas, que no le gustó en absoluto a Marías, y que al parecer no era en modo alguno fiel a la obra y a los personajes; o también sobre su antiguo editor de Anagrama, al que deja literalmente por los suelos (“se halla más cerca del tendero que del intelectual, por lo que no se sentía cómodo con razonamientos”). (*)

Vuelven a aparecer en esta obra, al igual que en All Soulsesos escritores ingleses raros y olvidados, siendo la primera impresión la de que son apócrifos, pero que no lo son, y que contribuyen a ese juego mágico al que se libra la pluma del autor. El narrador (como Marías) acostumbra a revolver en librerias de viejo en busca de libros raros de autores recónditos, libros descatalogados y olvidados, algo que también comparte con ese John Gawsworth, sabueso literario y autor raro y olvidado él mismo, que acabó convirtiendose en material de sabuesos. 

Negra Espalda del Tiempo, al igual que otras obras de Marias, combina elegancia formal y contenido filosófico con intriga (Corazón tan Blanco creaba una intriga casi hithcockiana, usando como material la filosofía y el pensamiento). La obra narrativa de Javier Marías, tanto novelas como cuentos, crea en el lector, como ninguna otra, lo que Fernando Savater llamó la fuerza absorta de leerAlgunas de sus descripciones dejan una extraña y fascinante sensación pictórica. Javier Marías es algo más que un escritor: es, por decirlo con las palabras de cierto crítico alemán, un programa estético.  

(*) Y Andrés Trapiello, al que Marías llama “el autor de Manzaneda de Torío” es despachado como el “escritor más inepto de España”. 

images (16)Leo que Marías prepara nueva novela para Septiembre. Esto me sirve de excusa para recuperar una serie de reseñas (algo imberbes) que escribí hace algunos años sobre unos cuantos libros del autor, así como una pequeña introducción. Como he visto que tampoco son tan malas, las reproduzco aqui.  

Javier Marías: Hijo del filósofo Julián Marías, nació en Madrid en 1951. Estudió Filosofía y Letras y ha sido profesor en Oxford y en la Complutense de Madrid. Se inició en la literatura a los 17-18 años con Los dominios del lobo, aparecida en 1971 y apadrinada por Juan Benet. Antes de la aparición de esta ágil y juvenil novela, Marías ya había escrito algún relato (como La vida y la muerte de Marcelino Iturriaga, incluido en Mientras ellas duermen y que fue escrito con 15 años). Su consagración como novelista llega con Corazón tan blanco, probablemente su mejor obra, traducida a decenas de lenguas y un éxito arrollador en Alemania y Francia. El crítico alemán Marcel Reich-Ranicki, auténtico gurú literario en su país,  consideró a Marías uno de los mayores autores vivos del mundo, fundamentalmente por Corazón tan blanco.

A su siguiente novela, aparecida en 1994, Mañana en la batalla piensa en mí (título tomado de un verso de Shakespeare, al igual que Corazón tan blanco), le llovieron los premios en Europa y América. La novela le valió a Marías algún toque de atención en España, a causa de un episodio en el que satirizaba al rey Juan Carlos.

A pesar de su éxito de crítica y público (o quizá a causa de ello), a Marías no le faltan los detractores. Umbral, en su Diccionario de Literatura, lo llamó angloaburrido, y algunos lo consideran poco español (!?) y extranjerizante. Además de su actividad como novelista y cuentista, ha publicado artículos, antologías e importantes traducciones que también han sido reconocidas y galardonadas, como su versión del Tristam Shandy, de Sterne. Entre sus predilecciones literarias figuran Juan Benet, William Faulkner, Vladimir Nabokov, Lawrence Sterne y Joseph Conrad (del que tradujo El espejo del mar).

Marías es uno de los autores más admirados y odiados del panorama literario nacional. Odiado quizá por haber logrado lo que cualquier autor literario sueña y anhela (y agarraría a Mefistófeles por las solapas con tal de conseguirlo): agradar a la crítica nacional e internacional y congregar largas colas de lectores en busca de su dedicatoria.

Reseñas

Los dominios del lobo, 1971. La opera prima del escritor madrileño (escrita a la rimbaudiana edad de 18 años) supuso una estimulante y novedosísima incorporación a la novelística española de los primeros 70. La obra, que contó con el elogio de Juan Benet y Carlos Barral (que le dedicó un prólogo), fue acusada por algunos de escapista, al no ser una obra engagée: es decir, de no retratar la España de la época, y no contribuir al derrocamiento del dictador, digamos. A pesar de tales pecados, se trata de una obra trepidante (contrariamente al Marías más tardío, lento y filosófico), cuya lectura resulta hoy interesante y amena. Ambientada en Estados Unidos y con personajes norteamericanos, su velocidad narrativa sorprenderá a los lectores familiarizados con las obras más recientes del autor.

Todas las almas, 1989. El material de Todas las Almas fue tomado de los dos años de estancia del autor como profesor en Oxford. La novela fue considerada por muchos como autobiográfica al haber en ella tantos elementos en correspondencia con ese intervalo oxoniense de la vida de Marías y parecerse tanto el narrador al autor. Pero esta no es una autobiografía ni una falsa novela, como aclarará el autor años más tarde en Negra espalda del tiempo. Tampoco es un roman à clef, como, al parecer creyeron algunos de sus antiguos colegas de Oxford. Sí es una novela típica de Marías, con su ritmo quedo y calmado; con esas sugerentes ideas extraidas de lo (en apariencia) más banal y cotidiano, y esos personajes descritos con el cuidado y la precisión de un miniaturista. Y todo ello con esa endiablada habilidad de Javier Marías para crear una historia absorbente a partir tan sólo de pensamientos, reflexiones y cuidados y acabados personajes.

Corazón tan blanco, 1992. “Mis manos son de tu color, pero me averguenza llevar un corazón tan blanco”, dice Lady Macbeth a su usurpador y asesino conyuge, que ha sido instigado por ella misma. De este verso shakespeariano toma Marías el título de su novela: una novela sobre la instigación, sobre la irreversibilidad del conocimiento, sobre el saber o el no saber (que es análogo y paralelo al ser o no ser), es decir sobre el continuar llevando el corazón blanco o tiznarlo del conocimiento de cosas que tal vez desearíamos no saber (y que quizá habiamos intuido antes de saberlas que su conocimiento nos iba a suponer un peso y una carga de la que ya jamás podremos deshacernos). Una novela de intriga (e intrigante) que da cobijo a ideas y pensamientos de lo más hipnótico y sugestivo. Mi modesta afirmación de lector es la de que con la publicación de Corazón tan blanco apareció una de las mejores novelas españolas (quizá la mejor) de los años 90 y puede que del siglo.  Read More

Hoy 28 de Marzo se cumple un nuevo aniversario de la muerte de Virgina Woolf. 73 años ya, desde aquel dia de 1941 en que sucumbiendo a una de sus depresiones, esta vez brutal, escribió una última carta a Leonard, llenó sus bolsillos de piedras y se sumergió en el rio Ouse, en Sussex.

“Querido:

Estoy segura de que me vuelvo loca de nuevo. Creo que no puedo pasar por otra de esas espantosas temporadas. Esta vez no voy a recuperarme. Empiezo a oír voces y no puedo concentrarme. Así que estoy haciendo lo que me parece mejor. Me has dado la mayor felicidad posible. Has sido en todos los aspectos todo lo que se puede ser. No creo que dos personas puedan haber sido más felices hasta que esta terrible enfermedad apareció. No puedo luchar más. Sé que estoy destrozando tu vida, que sin mí podrías trabajar. Y sé que lo harás. Verás que ni siquiera puedo escribir esto adecuadamente. No puedo leer. Lo que quiero decir es que te debo toda la felicidad de mi vida. Has sido totalmente paciente conmigo e increíblemente bueno. Quiero decirte que… Todo el mundo lo sabe. Si alguien pudiera haberme salvado, habrías sido tú. No me queda nada excepto la certeza de tu bondad. No puedo seguir destrozando tu vida por más tiempo.

No creo que dos personas pudieran haber sido más felices de lo que lo hemos sido nosotros.

V. “

Sobre tres obras de George Orwell. 

La actual crisis económica parece no tener fin. Tardamos en percatarnos de su presencia, o más bien los medios y la clase política tardaron en asumirla y revelárnosla. Pero la tenemos encima desde como mínimo el 2008. Al principio parecía una de tantas: periodo de recesión y luego remontada al cabo de unos años: y vuelta al (supuesto) crecimiento, al menos el teórico, el de pizarras y porcentajes. (no tanto el de nuestros bolsillos). Pero a principios de este 2012, comprendemos al fin que la cosa es más grave: la crisis es de las del tipo W. O sea, una fase descendente de la economía, seguida por un periodo de crecimiento anémico para volver a la fase descendente unos meses o trimestres después. 2011 fue un año de brotes verdes. Eso se nos decía. De pequeñas plántulas que parecían prometer el inminente deshielo, o así quisimos creerlo. Yo quise creerlo. Comprendemos ahora que la travesía del desierto va a durar mucho: Un ilimitado horizonte rojizo y polvoriento. Y además nada nos garantiza que tras la actual W no llegue una cadena indefinida de Ws.

Vamos, que la cosa va para largo, y que esto que llamamos crisis tal vez sea una nueva forma de “normalidad” a la que tengamos que acostumbrarnos. No un revés o un bache, sino un nuevo standard. Quizá de esta crisis emerjan oportunidades y formas de vida y relación (social, económica, laboral) que ahora vemos en un estado embrionario, pero que podrían dar lugar en el futuro  a un mundo más avanzado, diverso, plural. Más libre y menos encorsetado. Aunque ahora nos parezca justo lo contrario. Pero tampoco estamos en nuestro mejor momento anímico. Nos falta perspectiva.

Perspectiva. Es bueno no perder de vista aquello que tenemos. El enorme potencial del universo dos punto cero, esa tierra prometida surgida casi por arte de magia de unas tecnologías cada vez más cotidianas y rutinarias. Lo he afirmado otras veces, pero no me importa volver a hacerlo: prefiero un mundo en “crisis” disponiendo de la red y sus posibilidades infinitas, que aquellos viejos mundos en (supuesto) “crecimiento” y sin la red. Dicho de otro modo: prefiero mil veces 2012 a 1990 ó 1999. LinkedIn nos salva del horror circular de los viejos anuncios de empleo de La Vanguardia.

Oímos y leemos mucha basura estos dias. Conviene no perder de vista la historia para saber de donde venimos, como era la existencia hace cien, ochenta, cincuenta años. Para valorar mejor aquello de lo que disponemos, para tener una visión más adecuada de las cosas y no caer en un desánimo mayor del necesario.

Qué mejor para ello que la historia y qué mejor que la literatura. Y en particular la literatura inmersa en la trama de la historia, esa que sabe darle brillo estético y emocional, a la historia y las gentes que en ella vivieron. Y qué mejor que esa literatura-testimonio de uno de los grandes: George Orwell. Una de esas figuras que han sabido elevarse por encima del habitual maniqueismo ideológico, un tipo que ha conseguido ser adorado por izquierdas y derechas por igual, y sobre todo por los que aborrecemos esas divisorias.

Todos conocemos sus obras maestras, esas dos o tres que son ya casi tópicos en nuestra cultura. Pero creo que en estos momentos que vivimos, no hay nada más adecuado que sumergirnos en lo que se me ha ocurrido llamar su Trilogía de la miseria: Sin blanca en París y Londres, Mantened la Aspidistra Izada y El Camino de Wigan Pier. 

Orwell, sin blanca

George Orwell es conocido ante todo como autor de dos clásicos contra el totalitarismo: 1984 (1948) y la fábula Rebelión en la Granja (1945). En España, además se reedita constantemente su Homenaje a Cataluña (1938), libro en que recoge sus experiencias de la Guerra Civil.  Además de la crítica al totalitarismo y al imperialismo británico (al que se refiere en Burmese days,1934), otro de sus grandes temas es el de la justicia social, el reparto equitativo de la riqueza y la descripción de la miseria y las penalidades económicas, especialmente en la Inglaterra de los años 30.

Tras su periodo en Birmania como policía colonial británico, Orwell vuelve a Inglaterra en 1927, y se establece en la residencia familiar de Southwald. Comienza un periodo de pobreza, en parte “escogido”, hasta cierto punto similar al de Gordon Comstock, personaje principal de su novela Keep the aspidistra flying. En los años siguientes, vivirá de artículos, publicaciones e impartiendo clases. Se relaciona con el mundo intelectual de Hampstead.

También trabajará como ayudante en una librería, de nuevo lo mismo que Gordon. Durante nueve meses de 1928, y al igual que otros ingleses de perspectivas bohemias y literarias, vivirá en Paris. Entre las actividades remuneradas de Orwell en los meses parisinos figurará la de fregaplatos en un hotel de lujo de la calle Rivoli.

Hay al menos tres obras de George Orwell que tratan del tema de la pobreza:

Down and Out in Paris and London, 1933. Es una crónica autobiográfica. El narrador es el propio Orwell o alguien muy similar. Refiere de una manera muy vivaz sus experiencias en las dos ciudades, sus traslados de pensión en pensión, con las monedas siempre contadas, accediendo a algún que otro trabajo de tarde en tarde, principalmente en restaurantes. Se nos relata la picaresca de la gente de la calle, de los excluidos, las reflexiones políticas en torno al socialismo y la supuestamente inmediata revolución.

Keep the aspidistra flying, 1936. Se trata de una especie de comedia dramática que nos narra las peripecias de Gordon Comstock, poetilla con un mísero libro publicado y aparatosos proyectos de obras poéticas que nunca se materializan, más allá de un montón de páginas emborronadas.

Rechaza el “imperio del dinero” y de la “sociedad respetable”, lo cual le lleva a dar la espalda a cualquier empleo que pueda abrirle perspectivas de desarrollo, incluidos aquellos para los que parece bien dotado. Prefiere trabajos insignificantes que le permitan subsistir, mientras espera poder desplegar algún día todo el arte que cree llevar dentro. Desoye orgullosamente los ofrecimientos de ayuda de su acomodado editor y amigo “izquierdista” Ravelston y los consejos bienintencionados de su sufrida novia Rosemary.

El personaje de Gordon Comstock nos resulta entrañable e irritante a un tiempo. Su cruzada personal contra el “totalitarismo” del dinero no le impide una obsesiva y algo patética preocupación por el “qué dirán” y que la gente perciba que no tiene un céntimo. Es un sujeto más que trágico, tragicómico, vagamente valleinclanesco.

The Wigan Pier Road, 1937. Por encargo del editor Victor Gollancz, Orwell marcha hacia el noroeste de Inglaterra, al entorno de Wigan (entre Manchester y Liverpool), para recopilar material de primera mano acerca de las condiciones de vida de la clase trabajadora en esa parte especialmente deprimida del país. En el camino de Wigan Pier, las dotes de observación y de análisis del inglés se nos aparecen de nuevo en todo su esplendor, algo que tendrá inmediata continuidad con su viaje a la España en guerra y el Homenaje a Cataluña (1938).

Además de una buena lectura, los tres libros de George Orwell, esa “trilogía de la miseria”, nos ofrecen un estimulante background o fondo para estos tiempos de crisis económica de la que, como decimos, parece que tenemos para rato. Habitemos durante unas horas mundos un pelín más duros que el nuestro.

Artículo original 

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