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Archivos Mensuales: octubre 2014

AR2Sólo unos días atrás (me enteré por Twitter), tuvo lugar, obviamente como cada año, el aniversario de ese extraño meteoro Rimbaud. Conozco bien su cronología y fechas, pero no hasta el detalle de días y meses. Bien: El 20 de Octubre se cumplieron 160 años de su nacimiento (1854, Charleville).

Hace dos o tres años escribí un artículo (que hasta adapté al inglés) sobre el fulgurante versificador adolescente. Con entusiasmo, lo titulé El Enigma Arthur Rimbaud. Tradicionalmente, como a muchos otros, me ha fascinado hablar del “misterio” de Rimbaud. Y a ese supuesto misterio vuelvo a referirme en el artículo, cuyo enlace pongo al final de esta breve nota recordatoria.

Pero quizá porque soy tres años más viejo (y por tanto tres años menos romántico), no veo ya misterio alguno (o veo mucho menos) en la huída de Rimbaud, su decepcionante transmutación. En la rápida conversión en un ser totalmente distinto, en aquel 1873 en que abandonó toda actividad poética y literaria. Tras haber demostrado durante solo unos meses (más que durante unos años) su enorme talento para tensionar el lenguaje y crear visiones. Visiones transfiguradoras del presente y también premonitorias. Como haría Kafka medio siglo después: el de Praga otro genio del filtrado estético de la realidad sombría, aunque menos expansivo que el teenager de Charleville.

No. Creo que en el fondo no hay misterio. Rimbaud tenía 19 años. Y era 1873. Un siglo (al menos en su tercio final) rabiosamente realista. Hasta la literatura misma ensayaría (mediante el naturalismo) convertirse en una especie de ciencia. El casi veinteañero Rimbaud dirigió, a partir de entonces, su creatividad e ingenio en direcciones mundanas, fuertemente antipoéticas. Se puso, literalmente, el mundo por montera. El juguete de la literatura dejó de servirle, voilà tout, y en el futuro ya solo escribiría cartas vulgares y antiliterarias. Lo insólito en este caso, pienso yo, fue que lo que Rimbaud abandonaba, como una especie de pasatiempo adolescente que al madurar se deja atrás, constituía ni más ni menos que su verdadero talento. La auténtica expresión de su genio. Algo que tal vez no supo ver. O que si vio, no le importó.

El Enigma Arthur Rimbaud 

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(Recupero un par de artículos escritos para Suite en 2010 sobre el fascinante W.H. Hodgson y su obra pavorosa y extraña)

Podemos considerar a William Hope Hodgson (1877-1918) como uno de los antecedentes de Howard Phillips Lovecraft. Aunque no lo leyó hasta 1934, es posible que hubiese algun tipo de influencia “circular” a traves de otros autores. Es fácil rastrear el mundo lovecraftiano en títulos como The House on the Borderland, por ejemplo, con esos seres monstruosos de antigüedad inconcebible y desconocido origen.

Elogio de Lovecraft

Muerto en 1918, en una de las últimas tardes de la Primera Guerra Mundial como quien dice, William H. Hodgson fue a parar al olvido durante un tiempo, a pesar de los esfuerzos editores de Betty, su viuda. Fue en cierto modo el afán de los devotos seguidores lovecraftianos de exhumar los orígenes e influencias del maestro de Providence, lo que llevó también al rescate del autor de Essex.

Aunque de manera algo matizada, Lovecraft deja en buen lugar a Hodgson en su ensayo de 1927 (revisado en 1934) Supernatural Horror in Literature. Pero los elogios suben de tono en relación a aquello que el autor de la Llamada de Cthulhu consideraba esencial. Si bien critica en Hodgson cierta tosquedad estilística, así como sus tendencias hacia una cierta sentimentalidad barata, Lovecraft exalta sin reservas el enorme talento del inglés para levantar poderosas tramas preternaturales, mundos de horror y espanto que rivalizan con los suyos propios.

En efecto, los escenarios y paisajes, y las criaturas horribles que corretean por los textos de William Hope Hodgson, la insinuación constante del Mal y de lo innombrable, hacen de él una figura de referencia entre los cultivadores de la literatura materialista de terror. Esa de la que Lovecraft se convertirá en símbolo y en el autor más atendido por crítica y público.

Marino mercante, fisioculturista, fotógrafo, escritor

WH Hodgson nació en Essex, Inglaterra, en 1877. Para la siempre complicada tarea de ganarse la vida, ensayó varios oficios. Fue marino mercante y recorrió mares y océanos como hiciera Joseph Conrad algo antes, y el mar y sus misterios son un elemento constante en sus narraciones.

Pero acabó hastiado del mar, que en sus obras será siempre algo amenazante, como en Lovecraft. Trabajó como fotógrafo. Durante un tiempo puso en marcha un negocio fisicoculturista, entre cuyos clientes se contaban miembros del cuerpo policial de Blackburn. Mientras tanto escribía y escribía, novelas y relatos.

(…)

Biografía de W.H. Hodgson (continuación)

La obra de W.H. Hodgson 

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