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Archivos Mensuales: marzo 2007

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Emerjo (trato de emerger) de un cierto desorden mental. También físico, ya que buena parte de los objetos que me rodean se han desorganizado. No obstante, a pesar de cierto asumible desconcierto en los tiempos últimos, mi vida intelectual ha sido rigurosa, intensísima, audaz, recostada.

Obsérvese en la foto adjunta, si se duda, la enorme cantidad de papel encuadernado junto a mi colchón -hesito en llamarlo cama. Obsérvese el pequeño tomo de arriba del montoncito que hay sobre la alfombra: Aurora, del gran coronador de montañas, el dionisíaco ceñudo, el migrañoso, Nietzsche. ¡Ah, hay tantas auroras que aun no han despuntado!, anotó el bigotudo

Cierta crisis en la que se han amalgamado diversos nombres existenciales -entre ellos Mersault y su congénere Sísifo, así como su cantor Camus, así como el estrábico y Roquentín su criatura, y su chava, la Simone- me parece ya superada, felizmente. O al menos redirigida. Aunque debo confesar que, en parte, he intentado intelectualizar, embadurnar con filosofía masticada lo que no ha sido más que cansancio y no poco aburrimiento. Alguien me ha murmurado que en ocasiones consideramos falto de sentido a aquello que sencillamente ha dejado de interesarnos. Cuando disfrutamos de algo, entonces pensamos que tiene sentido o no nos interrogamos sobre ese sentido. Y cuando dejamos de disfrutar de ese algo, entonces nos decimos: esto no tiene sentido. El sentido no sería más que una fantasía pseudofilosófica, un prurito falsamente existencial referido a lo que no es más que ausencia o presencia de disfrute. Otro tanto puede decirse de la plenitud o la no plenitud. Bien por mis cavilaciones de tresillo: no han sido estériles.

El problema se plantea entonces del modo que sigue: ¿Como recuperar entonces la capacidad de goce? O pronunciado con labios existenciales: ¿Como recuperar la sensación de plenitud y de sentido?

Por lo menos, la cosa va dilucidándose. Tras varios meses de desorganización psicológica y Sartro-naúsea de carrito y supermercado, sí, va dilucidándose. Emerjo del caos con cierta certidumbre en relación a lo que deseo hacer en el futuro, contabilidad enérgica de los recursos con los que cuento, y sobre todo, conocimiento de en qué dirección marchar.

Con paso decidido y marcial hay que hacer esto último, una vez elucidado. Con mirada fiera avanzar hacia la ladera, despreciativos de las alturas que nos aguardan, oteando las nubes y el ápice del picacho. Disfrutar del sentido y del sufrimiento de la dura subida, sí, como el bigotudo. ¿Qué importa si me quedo en el camino, sino corono nada, si me desvanezco a penas superada la invitadora falda? El sentido de la coronación está en el ejercicio del ascenso: mirar en torno y hacia arriba, también recrearse en el delicioso vértigo de las modestas alturas que escalan las botas obedientes.

A veces me miro al espejo y me interrogo con extrañeza sobre lo que veo. Ese maletín de dispositivos biológicos, me digo, esa blanda deformidad de la evolución mutantemente obstinada, azarosa. No estoy chiflado. Otro tanto le sucedía al amigo Roquentin, que notaba un extraño organismo al mirar por el rabillo del ojo su propia mano, que descansaba sobre la mesa. El sentimiento del absurdo sólo puede superarse con la fluidez y el disfrute. Con el orden de la conciencia. Bien, esto último está conseguido. O al menos, puesto en marcha.

Ahora, levantémonos ya del sofá, coño.

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Una de mis escabarajo-predilectas, tal vez la predilecta sin más, es She´s Leaving Home, del Sargeant Pepper’s Lonely Heart’s Club Band. Una letra que sólo se entiende colocándonos en 1967, año en que McCartney o Lennon (tanto monta monta tanto) la compuso. Y digo que sólo se entiende colocándonos en 1967 porque hoy, eso de que él o ella, vástago o vástaga,  se vaya de casa es poco menos que unbelievable.

Continuo youtubeando, anda que no me lo paso bien. Se me acaba de venir a la cabeza un pequeño artículo leído en 1992 en el diario sensacionalista barcelonés El Periódico de Catalunya , en el que se aseguraba que Mozart, de haber vivido en 1967, habría compuesto She´s leaving home.

Como es natural, el aserto es una chorrada, pero la  cancioncita es deliciosa. Nos remite a un tiempo (1967, insisto, año sociológicamente lejanísimo) en el que los hijitos se iban de casa y los papás lloraban.

Algo increíble hoy dia, lógicamente. Unbelievable, insisto. Hoy, un hijo o hija se van de casa y el papá o la mamá se emborrachan.

En el blog de SuperSantiago, pertenecienteal frikísimo anillo de Dianoia, encontré un tubo pasadísimo de vueltas, como dice el propio autor del blog. Unos dibujitos iraníes hipergeneradores de odio, irano-animaciones que nos dan claves sobre la atmósfera cognitiva que se respira en Irán, al menos por parte de ciertos sectores, si bien los dibujitos se refieren a Palestina y al inacabable, agotador, conflicto con los israelíes.

Los dibujitos convierten en heroe a un chavalín palestino que se autoinmola entusíasticamente (ebrio del sentimiento de venganza, superado ya el recibidor hamletiano) para aniquilar a un comando israelí capitaneado por el sujeto bloodthirsty que a su vez aniquiló -según el maniqueo y aterrador guión de los dibujitos- a su familia.

Es absolutamente alucinante, no tengo palabras, para describir el horror que transparentan los dibujitos en cuestión. La lectura parcial de la Historia, la deshumanización del adversario -atroz víctima un par o tres de generaciones atras-, el maniqueismo maníaco y delirante, el desprecio a la vida, los códigos de honor aristocra-tronados, el culto al ojo por ojo (que deja ciego a todo el mundo, que diría el abatido y sangrado Luther King)…

Conviene que al Occidente comatoso nos lleguen peliculitas animadas como esta, no solo las Disney-chorradas habituales.  Para ver en que mundo vivimos. Para ver lo que hay debajo -el Hades que se oculta debajo- del matrix estadounidense.

Los terro-dibujitos están hablados en árabe y subtitulados en pitinglish.

Ya es primavera. En el Corte Inglés y arreu, lo cual se agradece tras un long cold lonely winter, little darling. Aunque aqui, en el Garraf-BP, hoy le haya dado por hacer fresquito. De hecho, estoy arrecido. Y el sol (protagonista de este post) es más bien tímido y escaso.

No obstante, youtubeando (otra mañana tomando café y youtubeando, vaya zángano), he encontrado un agradable video de The Beatles que viene como anillo al dedo para la época del año que estamos a punto de atravesar: la primavera, como dije.

Voy a hacer como Dianoia, que en su blog acostumbra a incrustar youtubes en los que coteja versiones originales con curiosísimas adaptaciones de las piezas en cuestión, hechas en tiempos más recientes y con un enfoque y ritmo totalmente alterado. Memorable fue su inclusión del Mad Word de los Tears for Fears : el video original de 1983, junto con una melancólica y agradabilísima recreación de Gary Jules (2002) para la cultmovie o más bien freakimovie Donni Darko.

Bueno pues ahi va el Here Comes The Sun de los escarabajos en un video que recoge diversos momentos de la trayectoria beatlelera e instantáneas de los cuatro lads en los años y décadas más dispares, con arrugas y sin, con melenas y barbas a lo Tagore y sin.

Luego, os coloco una versión doméstica de un youtubero rabiosamente yankie que recrea la pieza inglesa con la característica nasalización de pato estadounidense. El tipo lo hace genial.

Por último una lumínica y tartamudeante versión Saturday Night del tema, con los característicos DJ’s sobadores de vinilos.

Ahi van, doncs.

Here Comes The Sun. The Beatles (la canción original, del Album Abbey Road, 1969, y compuesta por Harrison):

El yankee de la gorra, recreándola en 2006:

El (espantoso) Sun Saturday Night, de 1998.

Ostia, ha salido el sol….

Nace un nuevo proyecto literario en la Red: Revista Plural, impulsada por Alberto Estrada.

Alberto encontró rápidamente en mi un freaki de su especie y un colaborador entusiasta. Tras cerca de un año de discusión cortés y frenética, desde abril o mayo del 2006,  en las mesitas de la fatigada Librería-Café Laie y junto a líquidos sin alcohol ni cafeína,  la publicación electrónica ha sido por fin echada a la Red.

Revista Plural es autoría de Alberto al 100%, o al 99 %. Suyas son la idea, el durísimo trabajo técnico y el diseño, así como la contratación del dominio y un largo etcétera. Servidor se limita de momento a suministrar material a la página y a balbucear tímidamente alguna mejora técnica o referente a contenidos, que Alberto escucha con amabilidad.

Ahora necesitamos colaboradores para que esto se desarrolle. Gente que tenga cosas que decir en el campo cultural (literario, cinematográfico, artístico; reseñas, críticas, apuntes biográficos, etc). Cualquier aporte de material (que tenga un mínimo de calidad, eso sí) será bienvenido. Y quien sabe, si la cosa se desarrolla como debe y damos con el enfoque correcto que nos separe del resto (del innumerable Internet portaleroliterario), tal vez podamos introducir publicidad en un futuro -con seguridad más bien alejado- y ganar algún mínimo royalty.

Empezamos con dos K: Kafka y Kubrick. No está mal.

Antes de nada mis disculpas a nuestros seguidores (básicamente la familia: perdón Laura, Carmen, etc), por haberles dado mal el dia de nuestra última emisión radiofónica, en la que hablamos de la diferencia entre el Cuento y la Novela. En lugar de salir al aire el lunes 26 de Febrero, como habíamos dicho inicialmente, salimos el lunes siguiente, el 5 de Marzo (es decir, el lunes pasado).

Bueno, la semana que viene, Jebluss y yo volvemos a RKB. Esta vez hablaremos de Michel Houellebecq, la gran estrella literaria francesa, el autor más vitriólico de la segunda mitad de siglo y, como mínimo de la primera década del siguiente; a menos que aparezca alguién más bestia que él, lo cual es dudoso, salvo que se trate de algún payo simplemente en su estela. El 13,99 euros de Beigbeder me pareció en esencia un bluff -aunque legible- y muy por debajo de la fuerza y glacial verosimilitud de Les Particules, no digamos ya de la Ille.

Lo increible de Michel Houellebecq es haber escandalizado a la sociedad francesa y parte de la europea en torno al sexo (!), uno de los temas más manoseados de la actualidad por plumíferos, publicistas, audiovisualistas y mercachifles. Como en los mejores tiempos del juicio a Flaubert por su M. Bovary, vamos.  Para cagarse.

Aunque lo que realmente irrita del francés es su incorrección política brutal, su proclamación de tres o cuatro cosas que muchos aprueban en silencio y reprueban sonoramente, ante el púlpito. Esencialmente temas referidos a lo sexual, a la prostitución en Thailandia o Cuba, al turismo sexual, a la democracia capitalista, al agotamiento de nuestra civilización, el supermercado mundial, al Islam y sus imanes, a la izquierda y sus tópicos, a los intelectuales engagé, a los media, y un largo y explosivo etcétera.

Se le acusa de ser un provocador, lo mismo que se le echaba en cara al añorado Terenci Moix. El francés hubiera podido contestar lo mismo que replicó el catalán a Joaquín Soler Serrano en una deliciosa entrevista en TV en 1980: yo no soy provocador, lo que pasa es que los otros son muy provocables.

Seguiré hablando de Houellebecq en futuros posts y no sólo en la emisora. Hay mucho, muchísimo que decir de él, aunque haya perdido algo de la autenticidad de La extensión del dominio de la lucha e incluso de Las Partículas, aunque se haya parcialmente transmutado en un personaje que él gestiona y maneja como un ventrílocuo. Pero ¿acaso no sucede eso casi siempre?. De todos modos, es bastante (es mucho) lo que queda de aprovechable. De arrasador, de incendiario. De humanista, de reivindicador del soterrado corazón humano.

Salir del siglo XX. Leed un excelente artículo de Michel Houellebecq (Diario Clarín, Argentina) en el que reivindica que lo único que se salva del desastre humanístico y cultural en la segunda mitad del XX ha sido la Ciencia-Ficción. Interesantísima conclusión. Tira a la basura a lo que él llama la canalla intelectual izquierdista y reivindica un clásico de la SF estadounidense: Ciudad, de Clifford D. Simak.

Más sobre Houellebecq

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En estos momentos, no consigo acabar ningún relato. Tengo ideas que anoto para que no se me escapen, pero no consigo desarrollarlas adecuadamente sobre la hoja, darles un acabado, un pulido. Pienso que es un reflejo de mi estado actual. Tengo varios proyectos de todo tipo, algunos verdaderamente ilusionantes y no todos inabordables, pero cierto estado apático me impide sino ponerlos en marcha, sí acelerarlos.

Qué diferencia con los años 2005 y 2006 en los que exudaba creatividad, ingenio, productividad. En fin. Uno de esos proyectos es el ya clásico de la autopublicación. La apatía en torno a ese proyecto es compartida, al menos. En un primer momento, Chiaravallotti había diseñado unos plazos enérgicos (que de haberse cumplido, tendríamos ya el libro en la calle), pero el general adormecimiento ha acabado diluyendo ese horizonte. Cordano se desenganchó enseguida, Serra-Hammet absorbido con sus oposiciones se desentendió, Helena decidió no incluirlo entre sus ilimitadas actividades; solo el propio Chiaravallotti, Samper (con reservas) y servidor seguimos, desde la lejanía, contemplando el hipotético tomito.

El bruscamente céltico Chiaravallotti, que proyecta establecerse en Irlanda, vislumbra un tomito en solitario, que nos excluiría a mi y a Samper. Aunque la aventura compartida no esté descartada, tan sólo los plazos se habrían alargado.

El caso es que llevamos desde diciembre de 2005 barruntando lo del librito, lo de la autopublicación, las presentaciones, etc, pero luego, como ya dije en un anterior mensaje, ná.

Creo que emularé al italo-argentino e intentaré una autopublicación en solitario.Tengo un material desde hace un par de años que, a mi entender, es perfectamente publicable, sobre todo considerando que hoy dia publican casi cualquier cosa. Por si acaso, voy a intentar un pequeño y definitivo pulido de esos textos. Algunos los sometí a la amable y enérgica consideración de Magda, una de mis más lúcidas guias en lo literario, aunque en su dia destrozara cálida y cortésmente mi Mujer y Cuadro (Sobras Completas, 2005).

También trataré de desarrollar y concluir alguna de esas muchas ideas que apuntaba al principio. Me gustaría recuperar ese placer de ver como el relato que escribes va desplegándose bajo tus dedos, casi al margen de tí mismo, atrapándote, llevándote a la interrogación y la intriga en torno a tu propia historia. ¿Cómo evolucionará ese personaje, qué va a pasar aquí, como sucederá esto sí sucede? El autor mismo no lo sabe, lo va descubriendo como si fuese más bien el lector del relato ya acabado. Esa es una de las mayores excitaciones del ejercicio de la escritura y de la creación literaria.

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