El Sur, de Víctor Erice

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En El Sur (1983), se nos cuenta la historia de Estrella, una niña de unos nueve o diez años que vive en una ciudad del norte de España, hacia la década de 1950. A lo largo de la proyección, la niña (Sónsoles Aranguren) irá transformándose en la adolescente Icíar Bollaín. Durante ese tránsito, Estrella intentará, como todo ser humano en esos años cruciales, desmadejar un poco el lio que constituye su identidad como persona, es decir quién es ella realmente. Su padre (Omero Antonutti), con quien guarda una relación muy cercana y de gran complicidad, es una pieza clave para dilucidar el enigma, tan común, de la identidad.

Pero aquí, las cosas no van a ser tan sencillas. Hay enigmas que gravitan en torno al padre y sus orígenes. El padre viene del Sur, de una Andalucía casi mítica vista desde ese norte en el que los personajes residen. Y es de ese “Sur”, de donde el padre huyó por motivos familiares y de pugna ideológica, en el difícil marco de la guerra y la postguerra civil, y su grave fractura. Y en ese pasado del padre, ignoto para Estrella, hay además una misteriosa mujer, una tal Irene Ríos, que al parecer fue su amante. Continue reading “El Sur, de Víctor Erice”

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El Estatuto catalán de 2006: origen y desarrollo

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Origen y desarrollo de la reforma del Estatuto de Cataluña 

El anterior Estatuto, pactado en 1979, reconocía ya a Cataluña un generoso autogobierno y su contenido fue desarrollándose a lo largo de las dos décadas siguientes. No obstante, el nacionalismo moderado, en especial Convergència i Unió (CIU), hegemónico durante aquel periodo, apenas reconoció en ningún momento lo ambicioso del proyecto global de descentralización del Estado y mantuvo de manera más o menos permanente un alto tono reivindicativo.

No faltaron durante aquellos años alusiones a una posible reforma estatutaria, y CIU amagó con ello en alguna ocasión, pero la coalición nacionalista entendió que era más pragmático concentrarse en el despliegue del Estatuto del 79, y no subir de momento el nivel de la puja. La exigencia de una reforma la asumirían partidos de soberanismo más explícito.

CIU, que gobernó la Generalitat en unas décadas cruciales, entre 1980 y 2003, se hizo con el control ideológico y mediático del Principado. Sus responsabilidades de gobierno, así como los acuerdos con el ejecutivo central en 1993 y 1996 hacían aconsejable el pragmatismo y dejar posibles calentones para las campañas electorales. Los pactos de gobernabilidad con los partidos estatales obligaban además a mantener una imagen de “moderación” frente al resto de España. Aunque no renunció aquí y allá a algún guiño nacionalista más marcado, como la posibilidad de exigir un acuerdo fiscal a la vasca. Reivindicación por cierto, que en 2011 ha pasado a ocupar el centro de su discurso.

Derrotas del PSC en las autonómicas

En la primera convocatoria autonómica (1980), el PSC (Partit del Socialistes de Catalunya) se consideraba favorito gracias al mito del carácter “izquierdista” de Catalunya y al ya lejano recuerdo republicano del gobierno de ERC. Nadie podía imaginar que laderecha regionalista a la Cambó (así veía entonces la izquierda a CIU) no solo ganaría aquellas elecciones, sino que iba a dominar la política catalana hasta bien entrado el siglo XXI.

En las autonómicas de 1999 y tras la friolera de cinco derrotas, el PSC sufrió un sexto revés, y ello a pesar de contar con el carismático ex alcalde de Barcelona Pascual Maragall. Esta vez la cosa escoció bastante, no solo porque empezaba a antojarse imposible ganar nunca unas autonómicas, sino porque el PSC había superado a CIU en porcentaje de voto. No obstante, gracias a su victoria en escaños, el partido de Pujol logró otra vez formar gobierno.

El caso es que el PSC no era ningún partido fracasado en Catalunya. Su poder era grande. Coaligado con el PSOE desde 1977-78, el partido ganó todas las municipales barcelonesas, así como todas las generales en Cataluña, frustrando una y otra vez el anhelado sorpasso de CIU. El Ayuntamiento de Barcelona, que los socialistas mantuvieron hasta 2011, fue durante muchos años un contrapeso político al gran poder autonómico acaparado por CIU.

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