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Archivos Mensuales: octubre 2011

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En El Sur (1983), se nos cuenta la historia de Estrella, una niña de unos nueve o diez años que vive en una ciudad del norte de España, hacia la década de 1950. A lo largo de la proyección, la niña (Sónsoles Aranguren) irá transformándose en la adolescente Icíar Bollaín. Durante ese tránsito, Estrella intentará, como todo ser humano en esos años cruciales, desmadejar un poco el lio que constituye su identidad como persona, es decir quién es ella realmente. Su padre (Omero Antonutti), con quien guarda una relación muy cercana y de gran complicidad, es una pieza clave para dilucidar el enigma, tan común, de la identidad.

Pero aquí, las cosas no van a ser tan sencillas. Hay enigmas que gravitan en torno al padre y sus orígenes. El padre viene del Sur, de una Andalucía casi mítica vista desde ese norte en el que los personajes residen. Y es de ese “Sur”, de donde el padre huyó por motivos familiares y de pugna ideológica, en el difícil marco de la guerra y la postguerra civil, y su grave fractura. Y en ese pasado del padre, ignoto para Estrella, hay además una misteriosa mujer, una tal Irene Ríos, que al parecer fue su amante.

El padre intentará varias veces emprender el viaje de vuelta a ese Sur de sus orígenes. Algunas mañanas sale discretamente de la casa familiar y se marcha a la estación de tren con el ánimo de lograrlo finalmente, pero algo dentro de él le detiene una y otra vez. En el entramado de complicidades entre Estrella y su padre, el Sur va transformándose en un territorio mítico, origen y destino al mismo tiempo. Paraíso perdido y quizá prometido o al menos insinuado.

El proyecto inicial 

El Sur se empezó a rodar en 1982. El proyecto preveía una duración de unas dos horas y media para la película completa. La primera hora y media transcurriría en el “norte”, con las ensoñaciones de Estrella y los misterios del padre. La “segunda parte”, vamos a llamarla así, la hora final, iba a transcurrir en ese Sur mítico constantemente aludido en la “primera parte”.

El ¨Sur” iba pues a mostrarse, tras la decisión de Estrella de aventurarse hacia él. Y no solo eso. Allí iba Estrella a encontrarse con un hermano, hijo de su padre e Irene Ríos. Un muchacho que se constituiría en su propia imagen especular en el Sur, al haberse hecho durante años las mismas preguntas que ella. Habría pues, un “diálogo”, una simetría norte-sur. Tales eran las intenciones de Víctor Erice.

Pero cuando Erice había rodado aproximadamente esa primera hora y media, que había de coincidir con la “primera parte”, o del “norte”, el productor Elías Querejeta le comunicó que la financiación con la que contaban se había vuelto problemática. Hacia 1982, había habido cambios en el Ministerio de Cultura y en la dirección general de cinematografía. Parece que la nueva dirección era algo reacia a ceñirse a los compromisos adquiridos por la dirección anterior, entre ellos la financiación de El Sur, y eso comprometió la continuidad del rodaje, que iba a quedar momentáneamente suspendido.

El material con el que Erice contaba hasta ese momento y que estaba pendiente de montaje, acababa en el momento en que Estrella (Iciar Bollaín) toma finalmente la decisión de marchar hacia el Sur. La secuencia final, tras el montaje, nos muestra a una somnolienta Estrella, en las tempranas horas de la mañana, ultimando los preparativos para el inminente viaje. Así lo declara la voz en off de Estrella. La película se interrumpe ahí.

Interrupción del rodaje 

Elías Querejeta pidió a Erice ultimar el montaje de lo filmado, con esa hora y media que se había obtenido y de la que los preparativos de Estrella para el viaje constituirían el final. Erice, que consideraba la película inacabada, hizo el montaje a regañadientes.“Solo porque Querejeta era un amigo“, según declararía más tarde. El deseo de Erice era montar la película y empezar a exhibirla solo cuando estuviese “acabada”, es decir tras filmar el tramo final, que transcurría en el Sur “Era capital que el Sur se mostrase”, según Erice, y que no solo se insinuase a través de unas pocas fotografías. Tras el montaje, no obstante, Erice seguía confiando en que al final se resolverían los problemas y le sería permitido culminar el proyecto y filmar el tramo final. Pero pasaron una serie de cosas, paradójicamente buenas, que iban a dar al traste con este deseo.

La película fue presentada en Cannes y exhibida en España, cosechando excelentes críticas, prácticamente aclamada como una obra maestra igual o superior a El Espíritu de la Colmena. Esto aceleró la decisión de Elías Querejeta: “la película había de quedarse tal y como estaba“, y no había realmente necesidad de rodar esa hora final.

Inicialmente, Erice no quería ir a Cannes a presentar una película “inacabada”, pero Pilar Miró, directora de cinematografía y “amiga” de Erice le telefoneó a casa desde la ciudad francesa conminándolo a coger un avión ese mismo día y presentarse allí. Tras una hora de conversación telefónica, Erice accedió a ello. La suerte para El Sur estaba echada.

La posición de Erice hacia la película que hoy conocemos como El Sur es la siguiente: la considera una obra inacabada. Pero prefirió asumir los hechos consumados y dejar correr el asunto, darla por concluida luego del primer montaje, y tras las muy buenas críticas recogidas y la presión de la productora. Pero las imágenes de la película, para Erice son claras y lo comunican todo. La morosidad de las secuencias y del comportamiento de los personajes, el típico carácter contemplativo, no son los de una película que acaba “abruptamente” al cabo de tan solo una hora y media.

El carácter “inconcluso” de El Sur, está pues, según Erice, escrito en sus mismas imágenes. No obstante, este carácter presuntamente inacabado no ha sido nunca óbice para la excelente consideración crítica de la película, sin duda una de las joyas de nuestra cinematografía.

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Origen y desarrollo de la reforma del Estatuto de Cataluña 

El anterior Estatuto, pactado en 1979, reconocía ya a Cataluña un generoso autogobierno y su contenido fue desarrollándose a lo largo de las dos décadas siguientes. No obstante, el nacionalismo moderado, en especial Convergència i Unió (CIU), hegemónico durante aquel periodo, apenas reconoció en ningún momento lo ambicioso del proyecto global de descentralización del Estado y mantuvo de manera más o menos permanente un alto tono reivindicativo.

No faltaron durante aquellos años alusiones a una posible reforma estatutaria, y CIU amagó con ello en alguna ocasión, pero la coalición nacionalista entendió que era más pragmático concentrarse en el despliegue del Estatuto del 79, y no subir de momento el nivel de la puja. La exigencia de una reforma la asumirían partidos de soberanismo más explícito.

CIU, que gobernó la Generalitat en unas décadas cruciales, entre 1980 y 2003, se hizo con el control ideológico y mediático del Principado. Sus responsabilidades de gobierno, así como los acuerdos con el ejecutivo central en 1993 y 1996 hacían aconsejable el pragmatismo y dejar posibles calentones para las campañas electorales. Los pactos de gobernabilidad con los partidos estatales obligaban además a mantener una imagen de “moderación” frente al resto de España. Aunque no renunció aquí y allá a algún guiño nacionalista más marcado, como la posibilidad de exigir un acuerdo fiscal a la vasca. Reivindicación por cierto, que en 2011 ha pasado a ocupar el centro de su discurso.

Derrotas del PSC en las autonómicas

En la primera convocatoria autonómica (1980), el PSC (Partit del Socialistes de Catalunya) se consideraba favorito gracias al mito del carácter “izquierdista” de Catalunya y al ya lejano recuerdo republicano del gobierno de ERC. Nadie podía imaginar que laderecha regionalista a la Cambó (así veía entonces la izquierda a CIU) no solo ganaría aquellas elecciones, sino que iba a dominar la política catalana hasta bien entrado el siglo XXI.

En las autonómicas de 1999 y tras la friolera de cinco derrotas, el PSC sufrió un sexto revés, y ello a pesar de contar con el carismático ex alcalde de Barcelona Pascual Maragall. Esta vez la cosa escoció bastante, no solo porque empezaba a antojarse imposible ganar nunca unas autonómicas, sino porque el PSC había superado a CIU en porcentaje de voto. No obstante, gracias a su victoria en escaños, el partido de Pujol logró otra vez formar gobierno.

El caso es que el PSC no era ningún partido fracasado en Catalunya. Su poder era grande. Coaligado con el PSOE desde 1977-78, el partido ganó todas las municipales barcelonesas, así como todas las generales en Cataluña, frustrando una y otra vez el anhelado sorpasso de CIU. El Ayuntamiento de Barcelona, que los socialistas mantuvieron hasta 2011, fue durante muchos años un contrapeso político al gran poder autonómico acaparado por CIU.

(…)

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