Un amor difícil

deda64afb461d33bf0c66be91e515ab6A la altura de mediados de 2015, ha sucedido algo que hubiese sido impensable hace solo un par de años: la pugna entre C’s y UPyD de pronto se resuelve de manera fulminante a favor del primero. Tanto es así que no son pocas las voces que apuntan a una desaparición del partido de Rosa Díez tras las próximas generales de finales del presente año.

UPyD ha cometido muchos errores respecto a Ciudadanos. Díez parece haberse atrincherado al frente del partido y se ha puesto a dar vueltas de tuerca a su contestada estrategia, prácticamente desoyendo toda crítica interna o externa. No solo ha dado un portazo (en realidad varios) a cualquier convergencia con C’s, en algún caso con formas casi estalinistas (recordemos lo de Sosa Wagner), sino que en los últimos meses, en especial en la campaña andaluza, parece haber ordenado a los suyos que se dediquen a lanzar a C’s ataques destemplados y casi grotescos. Y así lo han hecho, sobre todo en las redes sociales. Triste espectáculo en un partido que se creía llamado a liderar la nueva política y a ocupar importantes espacios de poder: verse reducido a pelearse por migajas con otro partido próximo ideológicamente y (al menos hasta ahora) también pequeño.

Con todo, no olvidemos ni despreciemos el valioso trabajo que ha venido haciendo UPyD desde su aparición en 2007. La regeneración de la que tanto se habla ahora es algo por lo que el partido magenta lleva tiempo esforzándose con tesón y honestidad, de una manera muy palpable. Y es humanamente comprensible la actual irritación de UPyD hacia el fenómeno Ciudadanos. Tal vez piensen que un partido como C’s, “nuevo” al menos en lo que respecta a la política española, se les ha comido la merienda. Y va a llevarse las glorias político-mediáticas del impulso de regeneración. O dicho de otro modo menos lírico: va a hacerse con el poder institucional, la representación, los escaños, los recursos económicos, a una escala a la que jamás ha tenido acceso UPyD, y a la que creía tener más derecho que nadie. 

TAMBIÉN C’S LAS PASÓ PUTAS 

Pero la posible desaparición de UPyD sería un castigo excesivo para la gente de Rosa Díez, por muchos que hayan sido los errores cometidos en los últimos tiempos. Y sería negativa para el país. A pesar de lo que digan, siendo cierto que UPyD y C’s son en efecto partidos convergentes, que deberían ir de la mano mediante algún tipo de acuerdo, también es defendible que se trata de partidos con suficientes diferencias para ir bajo siglas distintas. Ambas son opciones políticas modernas y regeneracionistas, complementarias, aunque no 100% idénticas. Eso sí, tanto una como otra con gente muy preparada y valiosa, ávida de plantar cara tanto a la fosilizada casta establecida, como a los emergentes populismos catastrofistas o rupturistas.

Confío en que UPyD no desaparezca y sepa remontar la actual situación. Todos los partidos atraviesan altibajos. Y no digamos los partidos nuevos, sin la tradición, la estructura o los recursos de los grandes. UPyD pasa por un pésimo momento y parece haberse hundido momentáneamente en las preferencias de los electores. ¿Pero hemos olvidado ya cuál era la situación de Ciudadanos en el 2009? Muchos daban entonces por liquidado y amortizado el proyecto de Albert Rivera. No pocos de los intelectuales que les habían apoyado, con gran energía y determinación, durante los dias de su génesis, en 2005, o que incluso contribuyeron a crearlo, hacia 2009 habían poco menos que dado la espalda al partido. Azúa ya los ignoraba y defendía con ironía su derecho a la abstención, y Espada los trataba casi desdeñosamente.

UPyD parecía en aquel momento que se llevaba el gato el agua como el nuevo proyecto esperanzador que había de superar la esclerosis del trípode PP-PSOE-CIU. Era la opción de dimensión estatal y por tanto más útil que el partido de Rivera, que parecía reducido a servir tan solo de mosca cojonera de los nacionalistas en Cataluña, mientras se movía en la indefinición ideológica (al margen de su “especialización” antinacionalista) y un no pequeño desconcierto que le llevó a firmar algún pacto weird. Pero más tarde, a partir de las autómicas catalanas del 2010, el partido empezó a remontar. Después de que muchos (yo también) los vieran fuera ya del Parlament, tras tan solo una legislatura.

Yo creo que UPyD aún tiene, posiblemente, futuro. Como seguía teniéndolo (a la vista está), y contra del criterio de no pocos, el C’s de 2009. Pero los de Rosa Díez han de aceptar que la estrella ahora es Ciudadanos, por “injusto” que pudiera ser. O no. No olvidemos que C’s es un partido que lleva bregando casi una década y que, a pesar de estar en sus orígenes circunscrito a Cataluña, es en realidad más antiguo que UPyD. Y aceptar la estrella de Ciudadanos implica tragarse el orgullo (o la bilis) y pensar ante todo en el gran proyecto de regeneración que aguarda, una vez más, a España. Lo cual solo puede significar una cosa: generosidad y acuerdo.

El amor entre C’s y UPyD es una amor difícil, que aún no conoce final.

Aprovecho para recuperar un artículo escrito a mediados de 2011 (no recuerdo la fecha exacta) que tal vez se mantenga dentro de lo legible. Relaciones entre UPyD y Ciutadans (2011) 

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