Expiación, de Ian McEwan

Atonement-saoirse

La imaginación, la propia fantasia, la capacidad de fabular, cuando coinciden con un cierto desapego a la verdad de los hechos, pueden dar lugar a consecuencias muy serias, dramáticas. Arbitrariedad, injusticia. Sufrimiento gratuito. La subjetividad extrema puede dañar a los otros.

Pero la fantasía y la fabulación pueden también, o eso pretenden McEwan y su increíble criatura literaria Briony, construir a la larga universos más potentes que el real, en donde sea posible no solo la “expiación” simbólica de la propia culpa, sino la reconversión estética de la historia y la justicia retrospectiva: la reparación, que solo un Dios (un autor) puede otorgar.

¿Donde existen esos otros universos, poderosas creaciones de la mente? No son tangibles, pero viven tan pegados a nuestra piel que pueden ser tomados por reales, y acaso lo sean. Llega un momento que pesan sobre nuestro corazón casi tanto como lo real. Nos sirven de expiación, como a Briony.

Nadie que haya escrito unas pocas líneas, que haya sentido alguna vez el prurito de lo literario y sus milagros, debería perderse esta novela.

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