Cuando fuimos chinos

Todos esos que, como el amigo Juan Roig de Mercadona, insinuan que tenemos que aprender de los chinos. Perra con los chinos. ¿Chinos? Ya lo fuimos. En la década de 1960, hasta que nos hartamos, hasta que chillamos basta. Eso sería en los setenta.

No, amigo Roig. Ya pasamos por ese rito de iniciación. Solo se puede ser chino durante un tiempo. Y es muy pronto, no han pasado suficientes décadas, ni años, a pesar de nuestro embrutecimiento e ignorancia, como para que nos vuelvan a tomar el pelo tan pronto.

Anota Arcadi Espada en su magnífico artículo de hoy:

“Ya tuvimos bazares atiborrados, con su olorcillo. Ya organizamos un mundo de copia y simulacro, de segundas y terceras marcas, donde el plan comercial se parecía peligrosamente a la vida. Ya vivimos hacinados en pisos de sesenta metros, cuatro familias numerosas. Y en cuanto a la metrópoli ya tuvimos nuestra pena de muerte, nuestras mujeres en el trastero, nuestra democracia orgánica, nuestra censura y nuestra gasolina de soja, y nuestro país de uralita. Por tener, de chinos tuvimos hasta nuestros maoístas.”

Arcadi Espada, “El gran salto atrás”

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