Rubalcaba vs Chacón

El triunfo de Rubalcaba en el Congreso del PSOE es una buena noticia para España. La diferencia entre el cántabro y Chacón ha sido solo de 22 votos, pero basta para ahuyentar cualquier tentación del PSOE en insistir en su frívola política postmoderna de los últimos diez años: el zapaterismo. Recordemos, dicho sea de paso, que Zapatero le ganó a Bono el Congreso del 2000 por solo diez votos.

El PSOE ha comprendido que el zapaterismo ha sido un lamentable accidente histórico. Hay prisa por volver a la seriedad en un partido que merece un destino mejor. Una cosa es ser socialdemócrata, defender la “justicia” social, el sector público, los derechos del grupo frente a los del individuo o las cuotas de discriminación positiva, y otra muy diferente es apostar, como ha hecho el zapaterismo, por la confrontación, la negación misma no ya de la realidad sino del concepto mismo de lo real, el constructivismo educativo generador de analfabetos, la dislocación del Estado, la falta de asertividad exterior o el imperio de la sentimentalidad.

El PSOE ha dicho no al zapaterismo y a todo lo que representa. Nunca Mais. Never More. Y ha prefererido quedarse con un Rubalcaba que pese a ser claramente una figura del pasado, corresponsable de la lamentable gestión del país de los últimos años, no deja de ser un personaje infinitamente más sólido, serio y preparado que la vacua camaleona de Esplugas. La Pasionaria de los 140 caracteres, como la ha llamado el siempre brillante Enric Juliana.

Es una buena noticia, sí. Porque lo último que necesita este pais es un zapaterismo segunda época para el futuro inmediato. Volver al surfismo ideológico, al marketing político, a la pose, a un buenismo ingenuo e irracional.

Y es bueno sobretodo, porque las posibilidades de que el PSOE vuelva al poder en solo un par de legislaturas raspadas ha crecido como la espuma, a pesar de su actual descrédito, tras la desconcertante decisión del PP de dar una alegría a su extremo más catolicón. La patética retórica de Gallardón con su casposo y apolillado “derecho a la vida”, que nos devuelve imágenes de la Transición, debe haber sido la mayor alegría del año en la redacción del maltrecho diario Público.

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