Bienvenido sea

El discurso de Artur Mas es esperanzador, y sobre todo es esperanzador su gobierno. El personaje me parece de una honestidad intelectual e ideológica poco común. A pesar de su fama de vaguedad y ambigüedad (el tot i que popularizado por la gente de Toni Soler), yo no diría que este hombre engañe realmente a nadie, o confunda. Como sí llevan haciendo  (y años) los trileros del PsC, antes PSC-PSOE .

Artur Mas es un soberanista. Es decir, decodificado: un independentista que no rechaza de plano una  tenue confederación con España. El soberanismo, Mas nunca lo ha negado. Pero también ha demostrado ser alguien inteligente y pragmático, que ha sabido formar un gobierno no sectario y en el que convivirán soberanistas del morro fort con algún vecino ideológico del PP. Y hasta algún socialista desempleado, como Mascarell, el divino. Tal es la generosidad de Artur Mas i Gavarró.

Mas dijo en su día que votaríaen un referéndum de autodeterminación. No pasa nada. Yo votaría  No y tan amigos, como la mayoría. Por lo tanto yo no necesito ese referéndum. Los que sí lo necesitan (los que votarían Sí) deben exigirlo de manera clara, yendo a las urnas con esa exigencia bien expuesta y verbalizada, sin trucos. No ha sido el caso de Mas, cierto, pero también ha dicho que el asunto de la autodeterminación de momento, pues mira,  lo dejamos para más adelante.

Un país de emprendedores

Sí, eso, dejémoslo para más adelante. De momento, intentemos que Cataluña sea un territorio donde merezca la pena vivir, sea como Estado “libre” o tan solo libre asociado, como lo es ahora. Un territorio donde un individuo pueda salir adelante con su esfuerzo, creatividad e ingenio, donde se estimule la autonomía personal  y la educación de calidad, y se ponga una alfombra suntuosa a los pies del emprendedor. De aquel que no quiere que su vida sea una cárcel remunerada o que, como alternativa, la libertad se la hagan pagar con extorsiones trimestrales. Un país de emprendedores, sí, y no de funcionarios o subsidiados. Un país de gentes que sueñen (al menos, joder, sueñen) con integrar su trabajo en la trama de su vida, que no lo vean como una prisión. Para ello, en este país, el trabajo tendría que dejar de ser en efecto una prisión. Gentes motivadas, que busquen el equilibrio y la independencia personal  y cuyo meta vital no sea hacerse con un empleo tedioso, y repetitivo, aunque, eso sí, blindado por el Estado. Donde no nos pongamos histéricos porque  la vida laboral se prolongue de los 65 a los 67, cuando la vida en general hace ya tiempo que se prolongó de los 60 a los 90.

Y si a este intento se dedican Mas y su Gobierno, aunque mientras tanto vayan dándole a la manivela del tedioso organillo patriotero,  pues bienvenido sea.

Leer más : Cataluña: primer Gobierno de Artur Mas 

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