Autonómicas catalanas 2010: resultados y lecturas

La interpretación de los resultados de unas elecciones autonómicas en Catalunya es siempre una operación intelectualmente compleja. Un desafío de sociología electoral, vamos,  teniendo en cuenta la vaguedad ideológica y la ambigüedad en la que acostumbran a moverse los partidos, en parte por su deseo de abarcar sectores amplios del electorado, o por su (a veces) complicada política de pactos.

Los resultados de las autonómicas del 2010 son pues de interpretación nada fácil.¿Qué lectura puede hacerse, por ejemplo, en términos del gran tema estrella (a veces casi único) de la política catalana: el de las relaciones Catalunya-España?

Pues de todo tipo. Consideremos la debacle del PSC. Muchos dicen que es debido tan solo a la mala gestión de la crisis económica. Otros, a las asperezas del tripartito o a la “deriva nacionalista” de Montilla y los suyos, la “supeditación” al independentismo. No falta todavía quien insiste (desde el AVUI o El Punt) en que el problema del PSC es que no es suficientemente catalanista. Cada cual cuenta la película a su modo.

División en torno al tema identitario

Un par o tres de cosas sí que parecen claras, más allá de la compleja cabalística electoral catalana: la gente estaba harta del tripartito, PSC y ERC sufren un auténtico descalabro. El independentismo directo, que según los medios del establishment iba a pegar un subidón tras la movida de la sentencia estatutaria y el supuesto millón y pico de asistentes al 11-J, pues no ha pegado ningún subidón. Laporta entra con cuatro, pero ERC pierde 11.

CIU gana con contundencia con un discurso más soberanista que en la época de Pujol, pero haciendo guiños aquí y allá e insistiendo en su “moderación” a la hora de gobernar. Por su parte PP y Ciutadans logran 21 escaños con el discurso más “españolista” desde Vidal-Quadras, la máxima representación que haya tenido nunca ese discurso en el Parlament. Y no hablemos de la casi entrada de Plataforma per Catalunya, que llego a tener 3 escaños durante el recuento.

Una conclusión inmediata: tenemos una Catalunya más dividida en torno al tema identitario, o mejor dicho, por primera vez esa división empieza a ser electoralmente visualizada. Es el fin de los consensos ficticios. Más

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