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Archivos Mensuales: abril 2009

Primero fue Middlesbrough, en el nordeste. Toda una experiencia. Un takeaway por block. Paraíso de la comida basura multicultural. Uno de esos sitios que hay que ver antes de morir, vamos.

Siete meses aguanté alli, y tres alojamientos.

Luego vino Manchester. Mucho mejor: sólo dos alojamientos. La ciudad, cool, stylish. Quizá demasiado. Llevo once meses, vagabundeando no sólo por Manchester sino por el Gran Manchester y su atiborrado enjambre de minipoblaciones. Estoy ya harto de esta ciudad y de sus hermosos edificios victorianos. Es hora de moverse, de cambiar de aires.

¿Qué mejor aire que el sureño de Londres, la primera ciudad de Europa, paraíso de extranjeros, ingleses y desubicados? Si todo va bien, allí aterrizaré dentro de unas tres semanas. Ya tengo nuevo alojamiento, nueva habitación: la sexta en Inglaterra.

Espero que me guste Londres, porque mi proyecto es quedarme ahí bastante tiempo. La alternativa es volver a Barcelona (o a su arrabal Cunit) y francamente, de Barcelona en estos momentos no echo de menos ni las palomas. Espero que se me pase.

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Parece que UPD, la gran esperanza de aquellos a quienes nos interesa la Política y mucho, y estamos ya hasta la patilla del esclerótico triunvirato PSOE-PP-Regionacionalistas, va asomando poco a poco la cabecita.  En efecto, Rosa Díez ya sale hasta por TVE (unos segundos, eso sí).

Pero por algo se empieza. Y ese algo por lo que se empieza es lo que asusta a los neovictorianos de moral estrecha del PSOE, a los  carcamales premodernos del PP y los demagogos peronistas de PSC, CIU o PNV.

Y ello a pesar del acoso de plumíferos como los del indigerible PÚBLICO, con la gran estafa intelectual de la divisoria izquierda-derecha, idiotez de la que viven tantos mandarines y cuyo único objeto es tener al personal bien controlado ideológicamente.

Rosa Díez, Fernando Sabater y su UPD van asomando, sí. En Madrid, en Euskadi. Quizá pronto también en Cataluña. Hacía falta un partido de transversalidad ilustrada y de ceño un poquito fruncido, comprometido con el viejo legado del Enlightenment, ese al que los místicos de la izquierda han dado la espalda, un partido libre de moralina progre, alejado de remilgados y squeamish, un partido de gentes que se atrevan a pensar por sí mismas, que no necesiten comisarios ideológicos que les digan lo que está bien y lo que niño, eso no se dice, eso no se toca, que cantaba el gran Serrat.

Sí, sí. UPD y sus hastiados van, vamos asomando. Y la esperanza de los que creemos en la Política y en aquella herencia dieciochesca, y en la Razón, en la Educación, en la Naturaleza . También en la Ciencia, y en la aplicación de su método a la Sociología, la Economía, la Psicología, la Historia. Las llamadas Ciencias Humanas, y que como tales forman parte del mundo físico, y no de orden sobrenatural alguno. Esperanza de los devotos de la Tercera Cultura, de la que muy pronto se hablará y mucho. Sí, esa es nuestra esperanza.

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Notable, la isla en la que ahora vivo. Lo es desde no muy atrás. No hace tanto, apenas unos rápidos y pocos siglos era una isla desgarrada y lateral, como la llamó el anglófilo Borges. Eso era, eso había sido hasta su transmutación en uno de los grandes reinos del orbe. Dante, en sus XIII-XIV, en su abigarrada y espeluznante Comedia apenas la registró. Hasta Chaucer estaba en el futuro.

Es pequeña, esta isla. Al menos si tenemos en cuenta la vastedad sociocultural que contienen esos 200.000 y pico de kilómetros cuadrados, esas escasas 700 millas de largo. Los dialectos ilimitados, vertiginosos, la multiculturalidad rampante de las grandes ciudades (de algunas, como la cariñosa Manchester), la inquina Norte-Sur y sus agravios, sus quejumbres, tópicos irritados del norte industrial y ese sur posh, vampírico, el prurito imperial, las relaciones difíciles con Europa, la desproporción alucinante entre el tamaño y situación de la isla desgarrada y ese peso creciente y alarmante de las últimas centurias.

Otro país en crisis, en esta Crisis, el Credit Crunch, aquí llamado. Objeto de chistes (Credit Crunch Lunch, our offer) . Crisis. Como en la quejica España. Como se parecen estas dos tierras atlánticas, de pescadores y marinos orgullosos. Crisis economica, existencial. Hablan aqui los diarios, las tertulias del problema de la Gran Bretana, esa Britishness tan inaprensible y problemática, ese lamento tan parecido al de aquellos noventayochistas nuestros de mesa camilla y de baraja.

Me ha sorprendido la cantidad de ingleses que creen que su pais es crap. Britain is crap, me han asegurado en Middlesbrough, en Yarm, en York, en Warrington, en el Wigan de los mineros orwellianos, en Stalybridge, en Southport, en Salford. Crap, van diciendo cejijuntos con el aplomo de hispanos nórdicos. Gentes que no sabe nada de la historia profunda de esta lengua de tierra.

En 1985 Saramago imaginó una balsa de piedra y esa balsa de piedra iba a la deriva y era la Península Ibérica esa balsa, su Portugal y nuestra España, desgajada la Península de Europa tras un cataclismo geológico, fantástico.

Pero la balsa no es fantástica, no puebla un sueño de ese portugués aprensivo y melancólico. La balsa existe, sólo que no es Iberia, sino esa otra del Norte que se arranca porque quiere arrancarse y que va a la deriva porque está en su naturaleza, porque fueron demasiadas invasiones y traumas y violencias, y también introspecciones y avanzadillas.

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