Casa Tomada

Hubo un tiempo en que El País era sin discusión, el mejor diario de España. En 1976 saltó por primera vez a la arena de la prensa nacional con un estilo honesto, sobrio y veraz. Un diario nuevo, novísimo: moralmente. Irrumpía El País en un universo comunicativo melifluo, algo estancado y no poco ponzoñoso, rodeado de rotativos que habían estado conviviendo con mayor o menor entusiasmo con el Régimen franquista (como cierto diario de la burguesía catalana fundado por un Conde y que en 1939-1940 saludó marcialmente al improbable “libertador”). Irrumpía El País, que habría de devenir referente ético y político. Inequívocamente comprometido con esa democracia embrionaria que iba tímidamente dibujándose. Era un diario que enlazaba con la tradición liberal y “progresista” (en 1976 esa palabra no sufría del manoseo y bastardeo actual) de cierto periodismo hispánico. El País no era otra cosa que una fresca ventana abierta: un compromiso claro y nítido con la libertad de expresión y de pensamiento, y -naturalmente- de asociación. Un diario serio, de ceño fruncido, eso sí. De poca broma. Nada peor podía caerte que un editorial negativo suyo. Nada peor desde la perspectiva de esa España liberal que en 1976 amanecía y “bostezaba”.

En febrero de 1981, mientras Pedro J. (y muchos otros)  esperaban a ver qué pasaba, El País sacó valiente y desacomplejadamente una edición especial, que titulaba: El País con la Constitución. Aquella portada le valió al diario su definitiva fama -a lo largo de la década siguiente- de campeón de la libertad, la claridad y el compromiso con la verdad. (pues la verdad de los hechos, antes de que el magma postmoderno se aposentase, aún existía y se aplaudía: se exigía)

En mi época facultística -en la primera mitad de los noventa- yo era de los que alardeaban con El País bajo el brazo. ¡Qué elegante, tomarse un café au lait en las inmediaciones pedralbinas con el diario a un lado, junto a la tacita! Hasta 1995 aproximadamente, se mantuvo mi respeto por él. Me gustaba -y sigue gustándome, lo único- su suplemento cultural, Babelia: sin duda uno de los placeres del sábado.

El artículo de Fernando Savater

Este año de 2007 me enteré de que El País le había censurado un artículo a Savater. El filósofo llevaba treinta años colaborando con el diario; nunca, que se tenga noticia, le había sucedido algo parecido con el otrora prestigioso rotativo. El artículo censurado llevaba por título Casa Tomada, y jugaba conceptualmente con el famoso cuento homónimo cortazariano, en el que presencias invisibles y vagamente amenazantes van “tomando”, ocupando, las diferentes estancias de una vivienda: ante lo cual, sus dos habitantes van simplemente replegándose en los pocos espacios que van quedando libres, sin rebelión alguna de su parte, con completo conformismo (total, en esas habitaciones no hay nada de interés, van como diciéndose, etc) hasta su definitiva expulsión de la casa.

Parece que la carga metafórica del cuento cortazariano y el derrotero del artículo de Savater no gustaron al señor Lluis Bassetts, actual demiurgo (editorialista) de El País, que lo desechó. El problema -y parece que Bassets y otros como él no acaban de entenderlo- es que ya no estamos ni en 1976 ni en 1990, y estas cosas hoy dia se saben instantáneamente. Y luego sucede que hay que dar incómodas explicaciones y recurrir al típico lenguajito socialdemócrata de la miel y las hojuelas, ese que ruboriza al propio emisor. Instantáneamente se supo pues la censura del artículo, instantáneamente rebosaron en el blog de Bassets los comentarios críticos, la confusión, las preguntas (¿Es esto verdad, se ha producido en verdad esta censura en nuestro amado diario?, se preguntaban no pocos afectos). Bassets eliminó de su blog esos comentarios incómodos. Más tarde se vio obligado a reconocer toda la secuencia de hechos, edulcorándola con una explicación que, supongo sólo convenció al lector militante de El País: ese que desfila marcialmente cada dia ante el kiosko. Hoy dia, con Internet y su explosión informativa, ese tipo de lector esta condenado si no a la extinción, sí a una implacable minorización. ¡Ah, ese lector disciplinado y marcial, que al repunte de cada alba se cuadraba ante su diario favorito!. Lector que tan cotidiano fue hasta el comienzo del siglo XXI. Eso se acaba.

De ocurrir diez años antes, el asunto Casa Tomada hubiese quedado en el ámbito de la rumorología (“No, no creo que eso sea verdad, El Pais jamás censuraría” o incluso “Si lo han censurado será por algo” (sic) . Hoy dia las cosas no funcionan así, pues esas cosas, se saben o se acaban sabiendo.

Dejando aparte este lamentable asunto -que podría haber sido sólo un lunar ¿Qué es hoy El País?: una sombra de lo que fue. Nada queda de su viejo rigor, de su viejo compromiso con la verdad de los hechos (al margen de las interpretaciones ideológicas que se hagan más tarde de esos hechos, claro está), de su dinamismo indagador e investigativo, su seriedad, su antigua “poca broma”. Hoy dia es una frívola cabecera postmoderna más: blanda y complaciente. Otro magma de acrítica corrección política y servidumbre partidista.

A veces todavía lo compro, sí. A veces (también) me gusta recordar mis sueños de hace diez años.

6 comentarios
  1. Horrach dijo:

    El caso Savater ha sido alucinante. Dices que si se hubiera producido hace una década se habría quedado todo en un rumor. La pega es que hoy se ha sabido todo… pero prácticamente no ha pasado nada. Cuatro críticas y poco más. Ni el propio Savater se ha cabreado del todo; sigue publicando en El País y aquí no ha pasado nada. Cuando su caso no es el primero, que antes ya han pasado por situaciones similares Arcadi o Tertsch. Dudo que la cosa se hubiera borrado tan rápido si el censor, en lugar de El país, fuera otro periódico. Todavía en este país a algunos se les tolera por encima de la media.

    Yo empecé a leer prensa habitualmente (ahora ya menos) a principios de los 90, y ya me pilló todo el pollo de los Gal y demás, con lo que mi periódico de referencia era más El Mundo que El País, al que nunca he perdonado que tapara los crímenes de estado y encima acusara a los que revelaban detalles del caso. No es ese el papel que yo adjudico a la prensa. Siempre he leído el periódico de Prisa, pero siempre con reservas.

    saludos

  2. Juanillo dijo:

    Vengo de el vivero de S.Ganzález. Parece que la decadencia de El Pais está en la blogosfera.
    Muy acertado tu post. un periódico no es pernicioso nunca, salvo que sea leido sin reservas.

  3. Serafin dijo:

    Horrach: yo recuerdo que hacia 1994 a mí tampoco me hacía mucha gracia lo de airear el GAL. Era un tema complicado. Es evidente que el GAL fue una serie de crímenes de Estado y como tales, una prensa independiente y moralmente honesta había de dar cuenta de ellos. Pero no es menos cierto que el asunto -que no olvidemos que en 1994 ya era historia desde hacía bastantes años- fue magnificado por cierta prensa y ciertas emisoras para derribar al gobierno de Felipe González. El PP tuvo muchos problemas para aceptar su derrota electoral -para ellos inesperada- de 1993.

    No olvidemos tampoco -y espero que no se me malinterprete- que el GAL “funcionaba” en unos años (principios de los 80) en los que ETA asesinaba a 80-100 personas al año. Nada que ver con la ETA actual, que mata 20 veces menos. Los treintaañeros o apenas cuarentaañeros del PSOE tuvieron problemas al hacerse cargo de un Estado algunos de cuyos cuadros funcionaban automáticamente y con una lógica maleada y policialmente corrupta. Tuvieron que esforzarse para hacerse con el control de ciertos aparatos. Lo del GAL fueron operaciones “autónomas” de cierto sector policial gangrenado. El PSOE lo que hizo fue mirar para otro lado, pero no creo que organizase nada.

    Es evidente que El País se dejó llevar en aquel momento por ciertas “razones de Estado”, para evitar dar información sobre el GAL. La idea era la de que no se debía hablar del GAL -que insisto, era ya “historia”, es decir, el GAL al menos ya no “actuaba”- hasta la desaparición de ETA. En fin, era y es un tema complicado. Yo reconozco que desde un punto de vista estrictamente moral y de compromiso con la verdad -al margen de “razones de estado”- era obligado hablar del GAL. Pero, ¿Porqué empezó a hablarse insistentemente en 1994, cuando la última víctima de los GAL databa de 1983, si mal no recuerdo? ¿no será también que la información en torno a los GAL que suministraron ciertos media era interesada -derribar a un gobierno- y no exactamente un “compromiso con la verdad”?

  4. Horrach dijo:

    Hombre, yo creo que sí es cierto que hubo interés del PP en airear lo del Gal para sacar rédito de ello (el PSOE ha hecho lo mismo con casos infinitamente menos graves como el Prestige), pero la respuesta a porqué se convierte en el tema estrella de la prensa en 1994 y no antes es simplemente porque en 1994 se estaba juzgando el caso. Eso lo primero. Segundo: El País no se contentó con tapar el Gal (lo que hubiera dicho si lo hubiera montado el PP o AP), sino que atacó muy duramente a los que lo investigaban (a Garzón lo medio-compraron para que cerrara el caso, hay que recordarlo), jueces y periodistas (eso del ‘sindicato del crimen’ es otra de las perlas que recordaremos del exfranquista JL Cebrián). Y tercero: me parece que la responsabilidad del PSOE es directa, y no indirecta, que estaba inplicada la cúpula del Ministerio de Interior, nada menos. Al menos ese fue el resultado de la instrucción judicial: cárcel para Barrionuevo y Vera, junto con Sancristóbal (que era el que redacataba los comunicados del Gal, nada menos).

    Yo creo que el problema del PSOE en ese momento (los 80, con múltiples atentados etarras y con una sociedad apenas crítica con los terroristas de extrema izquierda, sí con los de extrema derecha) es que, como suele hacer muchas veces (lo del Proceso es otro ejemplo), quiso jugar a varias barajas. Con la mayoría impresionante que sacó en 1982 creo que pudo haber intentado ‘mentalizar’ a la sociedad de que era necesario enfrentarse al terrorismo nacionalista, endureciendo penas y más cosas. Pero no se atrevió a hacer las cosas de frente, tal vez porque veía en peligro su imagen progresista. Pero, por otro lado, sí llevó a cabo medidas drásticas (el Gal) a espaldas de todo el mundo. Como con lo de la OTAN, quiso jugar a dos barajas para ganar en los dos frentes.

    saludos

  5. Serafin dijo:

    Al margen de la trayectoria de El País, que ha sido lamentable a lo largo de la última década, hay que decir también que la del PSOE no le va a la zaga.

    A mi me inspiraba mucho más respeto aquel PSOE de Felipe González, pese a los escándalos de su última étapa, que no este socialismo buenista de Zapatero y sus amigos.

    En cierto modo, la decadencia de El País ha venido pareja a la del PSOE.

    Si he de ser sincero: desearía que aqui tuviésemos un Sarkozy, alguien que llevase a la “izquierda” a recapacitar. Pero con gentes como Rajoy y compañía en el PP, el socialismo zapateril podrá permitirse -por contraste- vivir del cuento y de su habitual y vacua fraseología progre.

    En fin.

  6. Vigoleis dijo:

    Ni razones de Estado ni que otras mangancias para discernir los medios de los fines. Es preciso observar la pureza de los medios en la consecución de los fines, cuestión que no es baladí y que no debería hacernos perder el oremus siquiera en un tema tan lacerante como el terrorismo, que despierta pasiones recónditas y primitivas. Aunque no sólo se trataba de crímenes de estado en la era de Gonzalez, puesto que el magma de corrupción alcanzó grados que son inverosímiles sin una prensa complaciente como El País. Yo dejé de comprarlo en cuanto observé una connivencia con el poder establecido que desprendía un tufo que me conmovía más allá de las cuestiones de identidad e ideológicas que se superponen claramente en el análisis de algunos.

    En el País, se confunden los intereses haciendo una meliflua labor crítica cuando los socialistas enciman el poder, y una posición no tan displicente con los conservadores. No se puede entender una democracia sin una prensa que vele como testigo del bue funcionamiento del poder, es a fin de cuentas uno de los contrapesos sin el cual, la democracia se desliza hacia el autoritarismo pese a que el sistema siga guardando aparentemente las formas democráticas. Me sorprende Serafín, después de haberte leído el comentario sobre 1984. Kundera habla en sus libros de cómo distinguir entre los derechos ( la constitución de la antigua Checoslovaquia) y una serie de normas que se establecen de modo tácito gracias a la correa de transmisión que suponen estos medios complacientes.

    Recomiendo la Isla del Segundo Rostro de Albert Thelen….

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