Conciencia: Manual de Instrucciones

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La Conciencia, vaya jugada. Menudo peso, menuda carga. ¿Por qué se nos ha cargado, la evolución, la madrastra, con un cerebro tan avanzado, voluminoso, pesado? ¿Por qué esos 1300 gramos de masa blanquigris, si con mucho menos nos hubiera bastado? Total, para lo que nos han hecho hacer a lo largo de la historia, y también en su extensión y ancho, en las distintas civilizaciones que se han sucedido por la serie de milenios fatigada, o en las que coexisten o han coexistido en un mismo instante, del Tiempo. Yo creo que, ya ves, con 500 o 600 gramitos cerébricos ya nos hubiéramos apañado. Medio kilito, y no más. De ese modo no tendrían que lobotomizarnos (de las maneras más burdas o también imaginativas) en los ensayos de El Planeta de los Simios para toda serie de seres de toda época (siglo XXI, borrachera positivista del XIX-XX, Medioevo, Imperio Romano, and so). A cada Tiempo o a cada colectivo le ha sido prescrita una técnica lobotomizadora difente, original, pero Lobo-lobotomizadora. Así: El horror al Dios tiránico y shakespeariano del Antiguo Testamento, cuidado con cabrearlo, que te echa un cubo de agua o no ves la Tierra Prometida, habiéndote desollado los cojones por todo el Oriente Medio tras esa Tierra; el culto florido al Dios-hippie, Jesusín de Nazareth (el Jesús Leary), el carpintero de la otra mejilla, barbudo Sargento Pepper evangélico, restallante acid-God (sensación causó en Palestina y en todo el Imperio el divino,  arcoírico, Sky with Diamonds); la extenuación cafre en las fábricas dickensianas, germinada tres siglos antes por el cafre Lutero (su memorable y siniestro Everyday’ Sunday, en castizo, todo los dias son Lunes), el Lutero-Cafre, digo, el alemán anglosajón, el alemán estadounidense, y australiano y sudafricano, progenitor impío de la ética protestante, paridor del culto negro al trabajo y a la productividad y a las corbatas y a la semana de 60 horas o de 70 o de 80 o de 90, esas horas tiznadas que ennoblecen; el pavoroso duo XIX-XX francoanglogermanosajón, su atmósfera, trasunto espeluznante y verídico del Metrópolis de Lang; el desmantelamiento boloñés del sistema educativo en el finisecular 1999; las consignas vertidas en los vertederos publicitarios,la liquimierda que con agujas nos inyectan…. ¿Porque esa necesidad de lobotomizar al simio desnudo, tan bueno él, rousseauniano en su fondo tímido, tan natural y triste? Esa necesidad viene de los 1300 gramos, que si en vez de ser 1300 gramos fuesen 500 o 400 no habría necesidad de lobotomización, no sería necesaria ni necesario sería ensayar técnica ninguna, de las tantas que se han ensayado a lo largo de milenios y centurias. Lobo-técnicas. Los 500 gr adicionales: la Conciencia, suponen.  Y qué jodida. Con lo bien y felicísimos que estaríamos tan sólo con el sistemita límbico, con el cerebrito reptiliano. Y que felices serían, ellos también, los de Bolonia. Pero la Conciencia: como multiplica nuestra angustia y nuestra libertad y nuestro potencial y nuestros campos. Como lleva de cabeza a nuestros amos, y a los mandados boloñeses. Como nos proyecta hacia el pasado remoto o hacia el futuro remoto o nos dispara en todas las direcciones del presente tan desaprovechado. Tantos mundos que nos permite crear y recombinar y remodelar. Collons. Tantos mundos que superponer a la así llamada realidad. Cuantos misterios suyos (de ella, de la Conciencia, generadora indiferente de  lo real y de lo fantasioso y de lo virtual, tan intercambiable), cuantos misterios todavía por desvelar, en esos pliegues y recovecos de los ilimitados 1300 gramos. De los jodidos, de los maravillosos y angustiosos 1300 gramos. Qué puta, insisto una vez más, la Conciencia. Como nos atormenta con problemas como el del Sentido, qué existencialista y que tocahuevos a veces, como nos aplasta con el Spleen, y con el ennui, y con el vino y con las putas y con Baudelaire, y como nos empuja no pocas veces hacia el vacio, hacia el empedrado y el vacio. ¿Pero y si supiéramos manejarla, y si supiésemos dirigir ese ingenio?. ¿Y si reconstruésemos el Operating Instructions de la mente -monstruosa, hiperabarcante- aunque fuera con esfuerzo y a trocitos, el Operating Instructions, verdadero volumen ignorado y maldito y temido, libro de índice y escamoteado, y si lo reconstruyésemos? ¿Y si controlásemos nuestra Conciencia? ¿En lugar de que nos aplastase y sirviese a las Pharmaceuticals, a su cotización, espléndidas, nobles, a los ansiolíticos? Y si decidiéramos nosotros y nosotros y sólo, Qué entra y Qué no entra, Qué sale y qué no sale, Qué deseamos y Qué no, Qué cambiamos o qué no. And also: qué reencuadramos y qué no y en qué sentido y en qué dirección. ¿Y si nos volviéramos un poquitín orientales, hindús, japos, chinos, coreanos? ¿y si machacáramos la cabeza de algún griego con una espada persa, aunque no modificásemos el signo? ¿nos constituyésemos en hombres (o mujeres) de una puta vez, y ya no simios o cabritas en el monte mordisqueando hierbajos o borregos fuésemos? ¿y si nos levantásemos fieramente, con fiereza dulce, sobre las patas de atras, nuestras patas? ¿Y si recorriésemos ese Necronomicon del Manual de Instrucciones, en la noche desveladora y secreta? ¿Y si  penetrásemos en los misterios?  ¿Y si los publicistas tuvieran de pronto que acarrear cartones y contar moneditas y suplicarlas?

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