Eyes Wide Shut (apunte)

En uno de nuestros encuentros, en esta ocasión en casa de Fanny, el pasado Lunes de Pascua (dia en que Helena decapitó salvajemente una gallina de chocolate), Roberto Cordano, italo-escritor, enfant terrible temible, polemista profesional, valiente disminuidor de Borges, se descolgó con una de sus ideas explosivas. Tembló el ático en el que se celebraba la barbacoa, se sobrecogieron bistecs y morcillas, trémulas sobre las brasas. Eyes Wide Shut, de Kubrick -proclamó Cordano- es mediocre, Tom Cruise es inexpresivo y a su vez mediocre, el propio Kubrick -no recuerdo ahora si también lo dijo, tal era mi desconcierto- es igualmente mediocre.

Aterrado, empequeñecido ante el ímpetu dialéctico de Roberto, susurré que Eyes Wide Shut no me parecía tan mediocre: algunas de sus escenas se me antojaban memorables. Helena, cosa que agradecí, se mostró de acuerdo. La secuencia o secuencias orgíasticas -esas en las que se adentra el inesperadamente noctámbulo Hardford-Cruise- son magníficas, gozosamente escalofriantes. La música que subraya las enmascaradas orgías caligulescas -y como escribí en algún lugar internáutico, hace ya años- es de lo más intenso que me ha sido deparado en mis dias y noches de tímido espectador cinematográfico.

En el meeting hipercolesterolémico, balbucée (asentí) que el inexpresivo Cruise era precisamente lo que buscaba Kubrick. Ah, la pareja Cruise-Kidman, hallada con felicidad, quien sabe si azarosa. La Kidman, sombría y bella y bello el culo contoneante, la Kidman, símbolo de profundidades femeninas recónditas (“si supierais en verdad como somos”, le dice al marido, al Hardford) y el Cruise pateante y llorón. Pero eso perseguía Kubrick. El contraste, el misterio: el desconcierto masculino, la estupefacción masculina y los abismos del alma femenina, esencialmente inexplorados, a pesar de Henry James y de la Wolf y de Joyce (alguien proclamó que Joyce conocía a las mujeres mejor que la madre del Demonio): eso, todo eso puede rastrearse en Eyes Wide Shut.

Una cosa está clara. Una herida te abre -si no en la conciencia, sí al menos en la sensibilidad- ese descenso a los infiernos, ese viaje al fin de la noche del personaje de Cruise, esa música…Esa música. Deliciosa e infernal. Creada por una estadounidensita mona que en 1999 estaba todavía en la treintena. Y no por un clásico de pulso devastador, como había creído yo.

El tubo que recojo recoge a su vez algo del asustado pateo de Hardford-Cruise por la noche y por Nueva York. Hacia el primer tercio o la mitad del metraje, Cruise encuentra en su vagabundeo a un ex-compañero de facultad que no acabó la carrera, y que ha devenido pianista. Charlan, beben. El pianista revela que ha sido invitado a tocar en un secreto lugar en el que se celebra un encuentro orgíastico, cuyos protagonistas son gente de mucha relevancia, muchísima. Es necesaria una contraseña para entrar: Fidelio, ópera del viejo Ludwig Van. El pianista y el médico se despiden. Hardford-Cruise resuelve ir por su cuenta y riesgo al misterioso lugar insinuado, abismarse en Nueva York y en la noche y en su conciencia y en su obsesión y en su neurosis.

Eyes Wide Shut: los ojos cerrados de par en par, una poderosa versión, traslación en imágenes de la decorosa novelita austro-húngara de Schnitzler. Traída de los años 1910 al convulso, finisecular 1999. Carruajes permutados por motores de explosión. Viena devenida Nueva York.

Afilados todos los ángulos por Kubrick, todos los ángulos de la susurrante novelita. Punzantes, desholladores.

4 comentarios
  1. No he visto la película…no sé porqué pensé que era bastante mala, aunque de la crítica muchas veces no se puede uno fiar…en fin, pues la sacaré este fin de semana y ya me pasaré a opinar con más criterio.

    Curioso blog, me imaginé algo mucho más científico y, la verdad, me he llevado una grata sorpresa 🙂

    Hasta pronto!!

  2. Serafin dijo:

    Sí, alquílala, merece la pena. Han pasado ya algunos años desde 1999, y puede decirse y hasta proclamarse: Eyes Wide Shut, tal vez no la mejor de Kubrick, es una buena película.

    Tom Cruise haciendo de K. Dullea (David Bowman), buscando también -en la noche neoyorkina- la Puerta de las Estrellas.

  3. roberto dijo:

    estimado serafin,

    no dije que kubrick era mediocre, no seas manipulador, astuto polemista…
    es curioso en cambio lo que dices de cruise: si parece tonto, es porque lo es y es justamente lo que buscaba kubrick. todos contentos!!??
    no se, a mi esta pelicula me dejó muy frio. se respira una irrealidad, una indulgencia continua hacia lo estético y lo intelectual, que tiene su encanto, no lo niego, pero que poco tiene que ver con la normalidad y naturalidad con las que ocurren las cosas contadas en la peli en la vida real.
    qué pintan los rituales de una sociedad secreta con la infidelidad, no se sabe. cada vez hay más clubes bildenberg para todo, como si hiciera falta el elitismo para hundirse en los “abismos del alma”…

    yo muy humildemente creo que tu compatriota buñuel había tratado los mismos temas en belle de jour de manera mucho más convincente (y sin negarse una larga secuencia onírica) con veinte años de antelación.

    mi escasa sensibilidad musical me impidió emocionarme como tu durante la visión de la peli. pero creo que por esta vía podría cambiar opinión…
    y en todo caso recuerda lo acertado que fue mi juicio sobre houllebecq.
    un abrazo,
    r.

  4. Sera dijo:

    Roberto:

    No he visto todavía Belle de Jour: es una de mis innumerables pendientes. De hecho tengo casi todo Buñuel pendiente-salvo Le Chien Andalou, Tristana (también con la Deneuve) y alguna más.

    Bueno, el arte no tiene porque ser realista, ni naturalista. Parece que esa es la crítica que le haces a Eyes Wide. Puedes manejar un tema -es más yo lo prefiero- en clave “estética e intelectual”. Piensa que para un tratamiento realista de estas cosas, ya tenemos a la Ciencia: la Psicología, la Psiquiatría, la Sociología, la Antropología.

    La película habría que analizarla un poco más a fondo, -yo no lo he hecho. Lo de la Sociedad Secreta: no olvides que eso fue idea de Schnitzler y no de Kubrick. Kubrick ha interpretado al autor austríaco según su prisma y tallándolo debidamente.

    Bueno ya seguiremos otro dia. Son las 6, 50 de la mañana, ando endormiscado: he de ir tristemente a currar.

    Nos vemos,

    S.

    PD. Y el librito aquel de Williamson sobre Borges ¿qué?

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