Una web primeriza

En el año inconcebiblemente lejano de 2000 diseñé una primeriza página web. Recién descubiertos los placeres solitarios del frikismo internáutico, casi de inmediato me lanzé al diseño web. Había comprado un oscuro librito sobre el tema en un recóndito rincón de la FNAC del Triangle, que saqué de allí de modo casi clandestino, aunque pasando por caja. Incapaz de esperar, en el metropolitano dubitativo, empecé a hojear con miedo, con expectación, el misterioso tomito, barato,  en rústica.

Aquel fin de semana, agarré el FrontPage -me refiero a la versión simplificada, la Express- y me puse a trazar, a dibujar la que habría de ser mi web. ¡una web propia, mía, personal. En el remotísimo 2000.

La paginilla temblorosa que fue saliendo del somnoliento, alucinado, ratón trataba, como es natural, de la Ciencia-Ficción. ¿De que iba a tratar, siendo quien era su autor? De la literatura de ese género, de mi orgullosa y modesta biblioteca SF. Incluí también algunos copipastes con entrevistas y biografías de autores señeros, como Asimov o Heinlein o el excelente y esquizofrénico Dick. Citaba siempre las fuentes y colocaba los correspondientes links, pues siempre he sido un caballero, internáutico.

El mar de la Tranquilidad

La llamé el Mar de la Tranquilidad, Mare Tranquilitatis, mar de piedra sito en la Luna. (Desde allí, en 1969, los apolos Armstrong y Aldrin hablaron con Nixon, que a lo mejor estaba ya espiando a los demócratas, a lo mejor incubaba ya el Watergate. A lo mejor el tipo hacía ya de las suyas mientras aplaudía y sonreía y vitoreaba. Bueno, no, eso llegaría unos años más tarde.)

La página, para los actuales recursos del Internet 2.0, recursos que no podían ni soñarse en aquel 2000, la página, digo, se aparece pobremente artesanal, arqueológica. Un hacha de piedra. Pero las webs que trabajadamente se creaban en aquel tiempo lejano -con HTML, con Java (lenguajes que me aterrorizaban) o con editores Web, no eran mucho mejores. No olvidemos que poco antes, en 1994, apenas había un puñado de webs en España, en su espacio aéreo internáutico.

Recuerdo que una de las secciones rezaba La Divina Comedia: Cielo, Infierno y Purgatorio. El Cielo era la Tierra; el Infierno, el asfixiante Venus con sus nubecillas amables de ácido sulfúrico y sus 477 grados en la superficie; el Purgatorio, el Marte rojo y soñado y desértico, hollado ya por múltiples ingenios y robotitos humanos y candidato número uno a la Terraformación.

Quede esa página, que sigue paciente y solitariamente colgada, como testimonio de mi temprano, y nunca superado del todo, asumido ya casi, frikismo.

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