De nuevo, Houellebecq

Antes de nada mis disculpas a nuestros seguidores (básicamente la familia: perdón Laura, Carmen, etc), por haberles dado mal el dia de nuestra última emisión radiofónica, en la que hablamos de la diferencia entre el Cuento y la Novela. En lugar de salir al aire el lunes 26 de Febrero, como habíamos dicho inicialmente, salimos el lunes siguiente, el 5 de Marzo (es decir, el lunes pasado).

Bueno, la semana que viene, Jebluss y yo volvemos a RKB. Esta vez hablaremos de Michel Houellebecq, la gran estrella literaria francesa, el autor más vitriólico de la segunda mitad de siglo y, como mínimo de la primera década del siguiente; a menos que aparezca alguién más bestia que él, lo cual es dudoso, salvo que se trate de algún payo simplemente en su estela. El 13,99 euros de Beigbeder me pareció en esencia un bluff -aunque legible- y muy por debajo de la fuerza y glacial verosimilitud de Les Particules, no digamos ya de la Ille.

Lo increible de Michel Houellebecq es haber escandalizado a la sociedad francesa y parte de la europea en torno al sexo (!), uno de los temas más manoseados de la actualidad por plumíferos, publicistas, audiovisualistas y mercachifles. Como en los mejores tiempos del juicio a Flaubert por su M. Bovary, vamos.  Para cagarse.

Aunque lo que realmente irrita del francés es su incorrección política brutal, su proclamación de tres o cuatro cosas que muchos aprueban en silencio y reprueban sonoramente, ante el púlpito. Esencialmente temas referidos a lo sexual, a la prostitución en Thailandia o Cuba, al turismo sexual, a la democracia capitalista, al agotamiento de nuestra civilización, el supermercado mundial, al Islam y sus imanes, a la izquierda y sus tópicos, a los intelectuales engagé, a los media, y un largo y explosivo etcétera.

Se le acusa de ser un provocador, lo mismo que se le echaba en cara al añorado Terenci Moix. El francés hubiera podido contestar lo mismo que replicó el catalán a Joaquín Soler Serrano en una deliciosa entrevista en TV en 1980: yo no soy provocador, lo que pasa es que los otros son muy provocables.

Seguiré hablando de Houellebecq en futuros posts y no sólo en la emisora. Hay mucho, muchísimo que decir de él, aunque haya perdido algo de la autenticidad de La extensión del dominio de la lucha e incluso de Las Partículas, aunque se haya parcialmente transmutado en un personaje que él gestiona y maneja como un ventrílocuo. Pero ¿acaso no sucede eso casi siempre?. De todos modos, es bastante (es mucho) lo que queda de aprovechable. De arrasador, de incendiario. De humanista, de reivindicador del soterrado corazón humano.

Salir del siglo XX. Leed un excelente artículo de Michel Houellebecq (Diario Clarín, Argentina) en el que reivindica que lo único que se salva del desastre humanístico y cultural en la segunda mitad del XX ha sido la Ciencia-Ficción. Interesantísima conclusión. Tira a la basura a lo que él llama la canalla intelectual izquierdista y reivindica un clásico de la SF estadounidense: Ciudad, de Clifford D. Simak.

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2 comentarios
  1. jebluss dijo:

    Estimado co-equiper radiofófico: considero que otra de las cuestiones que el autor francés despierta tantos amores y tantos odios, es su capacidad de despertar las conciencias a través de un supuesto pesimismo crónico, que aparentemente no da ninguna esperanza, todos nos dirigimos inexorablemente a un final en el que nuestra piel se cae en mil pedazos, bogamos por la autodestrucción, estamos absolutamente solos en este mundo por más que querramos decorar nuestras vidas con objetos y matrimonios, y finalmente moriremos sin saber para qué cojones vinimos a hollar este puto planeta. Esto es por lo que se lo caratula de autor “duro” o que se-caga-en-todo-sin-aportar-soluciones. Por eso esto choca con la voluntad de las masas, ya que se torna insoportable tanto pesimismo. Sin embargo hay un transfondo, algo que nos ayuda a encontrar la clave de su literatura, un mensaje que se demuestra tanto en La posibilidad de una isla como, incluso, en Ampliación del campo de batalla. Pero el lector medio… ¿con qué se queda? Con la prostitución en Tailandia, con los insultos al Islam, con el miedo a la vejez, con la autodestrucción… El lector de hoy (el de masas, el televisivo) no está acostumbrado a digerir estas entrelíneas. Quiere un mensaje masticadito, clarito y con un final que dé esperanzas, que para penas ya tengo la vida real, que cojones… La provocación es el medio del que Houllebecq se vale para hacer sonar el gong de esta sociedad dormida y dominable, pero el fin es otro: reformularnos a nosotros mismos.

  2. Pingback: meneame.net

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