Junger en París

Hay mucho tontito por ahi -entre los que se incluyen novísimos licenciados en filología germánica-, que cree que Junger es una especie de Doctor Rosenberg. A esos va dedicada la foto de arriba. Pero nadie tema nada: Junger sólo se parecía a los otros en el traje.

Ya dije en el post del viaje a Paris que a los alemanes les encantaba fotografiarse junto al Arco y junto a la Torre. A Junger también, aunque no creo que lo hiciera con la mala leche de los otros. Se fotografiaba igual que se fotografía cualquiera de nosotros cuando va allí, nazi o no. Junger era un esteta, una especie de dandy vestido de capitán del ejército. Su presencia uniformada infundia rechazo y odio entre los parisinos, pero estaba mucho más próximo a ellos de lo que imaginaban. En campaña, antes de pasar revista como capitán, lee a Boecio o se hunde en reflexiones sobre la naturaleza y la vida y la belleza, al contemplar un animáculo, un tímido vegetal, o un cadáver en descomposición arrojado a los bosques.

Habla, piensa, conversa. Se siente a gusto en el bello centro de la cultura francesa. Se preocupa por perfeccionar su francés (nos advierte de la distinción popular entre mouches y abeilles, jactancioso de haber atrapado esa sutileza), reflexiona sobre el porvenir de la ciudad que pisa, París. Cómo es, cómo teme que llegará a ser. Al final del dia, antes de recogerse, disfruta del intercambio de ideas y de palabras, recorre unas páginas de Montaigne o de la Rouchefoucald, anota en su diario (Radiaciones) la imagen última de un ejecutado: un desertor. Como se enfrentó a las balas, como funciona esa imagen como símbolo.

Cada palabra de Junger tiene el empaque de una vida plena atravesada por el nervio de la reflexión, del análisis, del sentido estético, de la búsqueda del símbolo. Se comió todo el siglo (1895-1998): 103 años. Nació bajo Bismarck y a un paso estuvo de ver el XXI. Y el XX, como se sabe, no fue cualquier siglo. No exploró sólo ese mundo que se nos despliega en el estado standard de la mente. Buscó también alternativas, la contemplación de otros universos; modificó su percepción con psicótropos.

¿Qué podía escapársele a este Junger, que brillo recóndito, qué pequeña gloria u horror?

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6 comentarios
  1. Dianoia dijo:

    Incómodo personaje… pero lúcido… cómo consiguió entender el siglo, a contrapelo del mismo. Sus diarios, El trabajador, Sobre el dolor, los acantilados… Esteta, sí, pero de acero. Demasiado fuerte para caer de parte de ningún bando. Pero también para recibir un universal rechazo.

    Suscribo su texto, caballero. Gracias por ofrecérnoslo.

  2. Cellaris dijo:

    Jünger es más de lo que su texto indica, pero servirá para despertar – quizás – algún interés hacia su lectura. Jünger es acaso el más hondo auscultador del tiempo nuevo, lo que exige conocer el latido entero de la historia, e incluso algún tipo de posición metahistórica. ¿Sabe Uds. algo definitivo relativo a su mentada conversión al catolicismo pocos días antes de su muerte?

  3. dianoia dijo:

    Nada definitivo… tampoco me parece algo extraño… En todo caso, quizá pudiéramos pensar que es una de esas historias tan convenientes que la realidad no debiera estropearla, o como se dice: se non è vero, è ben trovato. Entiéndame, no lo digo por sacar moralejas edificantes; me parece más interesante hacer una lectura en clave de estadios espirituales (no necesariamente “evolutivos”, si es que a esta palabra se le han de sacar, como habitualmente, consecuencias jerárquico-morales, esto es, políticas) que recorren todo el espectro, desde el “nihilismo heroico” de un cierto momento de su vida hasta el acunamiento pre mortem en un sustituto maternal, nutricio como cualquier otro.

    Sobre las posiciones metahistóricas que usted menciona… pues, si es que por estas entendemos algo parecido, coincido con usted en su necesidad para entrar con rigor en ciertos asuntos. De otro modo, el pensar la historia no es mayor cosa que el vertedero del periodismo histórico-ideológico. Y permítame una reflexión de pasada: Jünger, como tantos personajes del abismo del pasado siglo, no debiera ser “secuestrado” por ningún plano ideológico. Incluso afirmar alegremente su irreductibilidad le endosa un papel. En mi caso, que no pretendo pontificar, tan sólo quiero dirigirle una mirada lo más limpia posible -imposible- y aprender de él todo lo que la experiencia de sus años y sus letras quiera o pueda enseñarme.

  4. Felipe Groenberg dijo:

    Me parece un ejercicio idiota andar tratando de quitarle el carácter nazi o fascista a personajes connotados de la historia, como el mismo Junger, Jung, Céline, Hamsun o el mismo Borges (racista a mango).

    Ciertamente es posible la dupla genio-fascista, como también son posibles otras: genio-alcohólico, genio-hippie, genio-socialista, genio-drogadicto, etc.

  5. No me ha parecido, amigo Groenberg, que nadie haya dudado de la posibilidad de esos binomios que planteas.

    Tampoco nadie -al menos, yo no- ha hecho el menor intento de substraerle a Junger su presunta condición de nazi. Tampoco lo contrario: Junger era un personaje con muchas sombras, certes, pero también con no pocas suavidades y clemencias: un ser complejo, sin duda, que menospreciaba a los jerarcas nazis, dicho sea de paso, y no como descargo.

    ¡Si precisamente a mi, Felipe, me repatea que para hacerte acreedor al Nobel de Literatura, ese premio ínfimo que entrega un pequeño país periférico, tengas que demostrar que igualmente podría concedérsete el de la Paz! ¡Qué tendrá que ver una cosa con la otra! Y tanto que son posibles los binomios que planteas, en especial ese de genio-fascista, o variantes mucho más suaves como genio-conservador, por ejemplo, algo que hoy dia no quiere entenderse. ¡anda que no se han dado y se dan!

    Gracias por pasarte por aqui y por tu mensaje.

  6. emilioarriaga dijo:

    ¿Quién es el oficial que está con Jünger?

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