Parece que estos, sí.

Parece que estos, sí. No como los petardos del fútbol, que yo creo que tienen intrucciones de no ganar ni un solo mundial ni eurocopa, sino no se entiende.

Pero estos, los del baskett, sí. Parece. De momento y tras arrollar a todo Dios, ya están en semifinales, que disputarán a la Argentina, campeona olímpica. Pero con el nivel de juego de Gasol and Co. no da la sensación de que ni los del cono sur puedan parar a España. Sólo quedarían los yankies en la final, que ya no son los reyes del Mambo que eran hasta los 80, cuando mandaban al Mundobaskett un equipo amateur y machacaban tomando el sol, untándose crema y haciéndose fotos en bermudas. Si nos cae el oro, ya tendremos otra selección (la de baskett) normalizada, depurada de fantasmas y demonios (última plata: la olímpica de los Ángeles, ningún oro, algún bronce). Ya exorcizó los suyos la España tenística, por ejemplo, con sus dos Davis -más una tercera final- en la década del 2000, después de treinta años viviendo de las fallidas finales contra Australia en los 1960´s. Aquellas de Santana, ese poeta solitario.

Los cinco Tour de Indurain también destrozaron la nostalgia de los Perico Delgado o los Bahamontes. Hacia 1992 ó 1993, el periodista Josep Pernau escribió que, de pronto, con el navarro nos habíamos vuelto como luteranos: al examinar el trazado del Tour, toda la vida los aficionados celtibéricos nos habíamos concentrado en los picachos, anhelándolos. Tan sólo ahi –en los Alpe d´Huez and Co. -los nuestros podían levantar la rueda; pero que no nos hablaran de contrarrelojes. Con el acelerón de Miguel Indurain, pasó a caérsenos la baba con las cronos y nos sucedió lo inaudito: rehuíamos los montes. Lo dicho, de pronto luteranos, protestantes. Nos metieron la Biblia en el cajón de la mesita de noche.

Todas las selecciones o deportistas individuales celtibéricos (baloncesto, balommano, waterpolo, ciclismo, tenis) han ido desvaneciendo, ignorando el mal de ojo a lo largo de los 90 y los 2000. Sólo quedan por aprobar los señoritos del fútbol, que por lo visto siguen roncos tras los alaridos de aquel golito madrileño de Marcelino contra la URSS, en 1964.

La España deportiva de los 2000 ha abandonado ya -debe abandonar- épocas heroicas. Bebemos ya demasiada leche y demasiado ColaCao (normal y light), acumulamos ya demasiado tejido adiposo como para seguir apegados a romanticismos arcaicos.

2 comentarios
  1. roberto dijo:

    parece ayer cuando serafa escribía:
    “El presuntamente abstemio Cordano se recogió pronto, alegando resaca. Jebluss-Chiaravallotti se sostuvo más tiempo, no mucho más. Restos del Italia-Francia, del fútbol arrabalero, de la ebriedad más canalla y pastosa. Triste.”
    hemos de esperar una nueva forma de ebriedad? otro mundo es posible?
    mira por donde nos tenía que salir este forofo de la españa cañí… casi dan ganas de cantar: opá, vamo a ganá…

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