Vuelta ciclista al Baix Penedès. Cunit-Tarragona (40 km)

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Para ver el slideshow de las fotos del Baix Penedès, click aqui.

Esta mañana -bueno, no, eran ya las 11, 30 o así- me he levantado deportista. Desde que me compré mi bicicletita de montaña acudo a ella dia si dia no para que me sirva de camello en la provisión de endorfinas.

Las endorfinas son unas substancias cojonudas. Y son completamente legales, al menos de momento. Lo único que tiene que hacer uno es moverse para generarlas.

Hay que hacer un esfuerzo, desde luego, y puede ser duro. Pero tras el esfuerzo uno se siente como Dios.

Bueno, total, que esta mañana me he levantado deportista. Bajé al parking, donde se encuentra el trastero en el que guardo mi maquinita, me recliné sobre ella y empezé a pedalear. A la espalda lucía mi mochila DIR -para vacilar- en la que llevaba un par de litros del líquido elemento. Al principio, fui como una bala. Tras dejar atrás Cunit, los demás pueblitos fueron desfilando uno tras otro a velocidad de vértigo: Segur, Calafell, Comarruga…Agarré la carretera y me llegué hasta…Tarragona!.

Total, 40 kilometritos que me he chupado. Entre Comarruga y Tarragona hube de circular por carretera. Las pasé un poquito putas, ya que hay trechos de mucha cuesta (varios Tourmalets o Alpe d´Huez, vaya).  Me extravié y hube de dar un rodeo por pueblos desconocidos y recónditos: fantasmáticos, por mucho que chorreara el sol. No había ni una puta terracita en la que sentarse y tomar un aguita o algo. Sólo campo, sol, viento.

Cerca ya de Tarragona, me dolía el culo una barbaridad por el sillín, tenía eczema en las ingles, desholladas las plantas de los pies y de las manos. La piel me ardía: pillé un bronce fenomenal. Afortunadamente, antes de salir había tomado la precaución de untarme la piel de la cara con protector solar facial ISDIN factor 30. Nunca salgo sin ponerme mi protector facial, pues es importante prevenir el fotoenvejecimiento. Hay que cuidarse.

A la entrada de la capital del Tarragonès, quise tomar un autobus,para hacer más cómodamente esos centenares de metros finales, pero el tipo del volante, al ver que pretendía subir con la bicicleta, me dijo que ni hablar de la peluca. Lo hizo con un gesto despreciativo, chulesco. Me cerró con violencia las puertas en la cara.

Volví a subirme a la maquinita y pude llegar finalmente a Tarragona. Allí tomé unas fotitos, las que incrusto en el post. La ciudad estaba llena de guiris, lo que consideré una desagradable contaminación visual. Aún así, a pesar de ese añadido antiestético de temporada, Tarragona me pareció espléndida, reluciente, chorreante.

Volví a Cunit en tren, un Catalunya Express atestado de guiris. Pude introducir la bicicleta -ningún guiri me ayudó a subirla- en un pequeño cuartito que la RENFE habilita a tal efecto.

Más tarde, ya duchado y repuesto, tomé unas cervecitas -tres- en el bar de la RENFE con Oscar, otro Bloggero cunitense, como yo. Discutimos (durante dos horas) principalmente sobre política y sobre las diferentes perversidades y mecanismos de Control del Sistema.

Bueno, pues en esto es en lo que he echado el dia.

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