Mujer y Cuadro (fragmento)

Los remeros (1881). Renoir

(…)  ¿Qué mosca extraña le había picado con aquella representación que hasta entonces nada especial le había revelado, con una técnica pictórica (el impresionismo) que nunca le había atraido? A lo largo de los dias siguientes, la obra siguió desarrollándose en él, en su imaginación y en su recuerdo; germinaba, crecía y se desplegaba, su imagen se multiplicaba; podía ya casi oir los cuchicheos de los habitantes del cuadro, su trasiego tranquilo; las visitas al estante ocupado por el libro eran frecuentes; la contemplación incansable de las páginas centrales (que reproducían aquella obra que débilmente empezaba a obsesionarle) alimentaban su brillo y viveza, su capacidad generativa, su sugestión, el poder de iniciación y desvelamiento. Recorriendo desocupadas biografías de Renoir, llegó incluso a conocer algunos de los nombres de los personajes: la mujer de la barandilla era Alphonsine Fournaise; la que sostenía el perrito atendía por Aline Charigot (que habría de desposar al propio Auguste Renoir) : aquello los hizo aún más vivos. Pero sus incursiones en el impresionismo y en Renoir no le revelaron el nombre de la joven de la copa (…)

De mi relato Mujer y Cuadro. Publicado en Sobras Completas. Hijos del Hule, 2005

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