Historia de la Ciencia 1543-2001, de John Gribbin

En la Delegación de Hacienda de Drassanes, y tras una espasmódica espera de casi una hora, por fin apareció mi número (Z-485) en la pantallita. La funcionaria que me atendió (amablemente) me indicó que el horrible borrador olvidó considerar en el cálculo mi préstamo hipotecario, razón por la cual había arrojado ese resultado de devolución tan ridículo. Una vez incluida la información del préstamo, comprobé aliviado que la devolución ascendía de nuevo a 1200 euros, como el año pasado.

Salí de la delegación con una rara sensación de acuerdo con el mundo. Hubiera besado en la frente del Estado. ¡Qué pro-Sistema me siento en esos momentos! ¡Lo que hacen mil eurillos! ¡Con qué poca cosa se conforma uno.

Avancé hacia la FNAC, ese lugar que me crea sentimientos tan encontrados, tan ambivalentes. Ese lugar rebosante de cultura, de cultura cosificada. Agarré un apetecible volumen de John Gribbin, Historia de la Ciencia 1543-2001. Casi 30 euros, pero a todas luces, merecía la pena. Conocía a Gribbin -astrofísico de formación- como excelente, aunque algo abstruso, divulgador en En busca del gato de Schrodinguer (1983), introducción al enigmático y carrolliano mundo cuántico.

Ya en casa, en el cuarto que en mi fantasía llamo Biblioteca, comencé a roer el libro. Recorrí a vista de pájaro -antes de un mayor detenimiento en los próximos dias- las vidas de Andreas Vesalio, Robert Hooke, Copérnico. El libro incluía ilustraciones, entre ellas una paginita de la celebérrima Micrografía, de Hooke (de 1665 o porahi), en la que se reproduce un piojo del tamaño de la página, talentosamente dibujado por un amigo y colaborador del científico.

Donde debo detenerme con más atención es en las hojas dedicadas al desarrollo de la Biología y en menor medida, de la Química. Es ahí donde debo escarbar, de acuerdo con mis planes o preferencias actuales. A menos que en las próximas semanas o meses, vuelva a reorientar mis cambiantes, mis errabundos intereses.

Por otra parte, quedan tan sólo quince dias para presentar los ensayos de Los Públicos de la Ciencia y de Historia de la Física. He estado haciendo búsquedas sobre Heisenberg, a la caza y captura de ideas. Por lo visto era un humanista, aficionado a la música, un romántico de esos que brotaron como hongos tras la derrota alemana de 1918 (ese atolondrado revival del Romanticismo en el tembloroso Régimen de Weimar): también era un nacionalista. Un nacionalista que rehusó aceptar una oferta en USA y decidió permanecer en Alemania, incluso tras ser desposeidos los científicos judíos de sus cargos académicos. Aunque su física fue tildada de judía o judaizante, colaboró con el régimen nazi y fue el cerebro rector del proyecto de bomba atómica alemana. ¿Hasta donde llegó su compromiso con la labor que se le había encomendado? ¿Su fracaso fue escogido, voluntario o producto de sus insuficiencias experimentales?

Bueno, dejémonos de rollos. Voy a ver si trazo un esquema del ensayo.

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