Dos frustraciones para Víctor Erice

rziUGM5yBgy8SazE5P1wAzpxXtl

Dejando de lado sus varios cortos, la obra del realizador vasco Víctor Erice, gran auteur de nuestro cine, se compone fundamentalmente de tres largometrajes : El Espíritu de la Colmena (1973), El Sur (1983) y El Sol del Membrillo (1992).

Con El Espíritu de la Colmena, Erice rodó una de las películas míticas de la cinematografía europea, rutinariamente aclamada como una obra maestra. Ambientada en un perdido pueblo castellano en 1940, aún humeante la Guerra Civil, es una conmovedora y muy poética historia de iniciación y descubrimiento, a través del prisma de una niña, la magnética Ana (Torrent).

Con El Sol del Membrillo, de 1992, Erice nos entrega un meticuloso e inclasificable “documental”, sobre el proceso creativo mediante el cual el pintor Antonio López va sacando de la nada un cuadro: la representación de un membrillero y sus frutos, bañados por la luz del sol de la mañana. Cine de arte y ensayo tout court.

download (1)Junto a estas dos obras, El Espíritu de la Colmena y El Sol del Membrillo, que han cimentado su gran prestigio, es necesario mencionar en la carrera de Víctor Erice otros dos proyectos que no iban a acabar exactamente de acuerdo con las intenciones iniciales del director.

El primero de esos proyectos iba a dar lugar en 1983 a la película El Sur que, a pesar del casi unánime aplauso de la crítica, Erice iba a considerar siempre como una obra que tuvo que dejar “inacabada” contra su voluntad. Tras rodarse unos dos tercios de lo inicialmente planificado, la productora decidió dar por acabada la película.

El segundo proyecto, a finales de los noventa, este sí totalmente frustrado, fue el de la adaptación al cine de la novela de Juan Marsé El Embrujo de Shangai.   (…)

El embrujo de Shangai

El Sur

Viaje a Francia, de Néstor Luján

Imagen

Ayer exhumé, de entre un montón polvoriento de libros en rústica, una edición de bolsillo (Bruguera, Libro Amigo) del Viaje a Francia, del gran cronista (algo olvidado) Nestor Luján. Esto me sirve de excusa para desempolvar (junto al libro) una reseña escrita hace años. El tono de la reseña es algo cursi, pero creo que se mantiene en los límites de lo legible. 

Alguien dijo en una ocasión que todo hombre tenía dos patrias: la suya propia y Francia. Quien hizo esta afirmación no tenía que ser necesariamente francés. Yo soy de los que la subscribirían gustosos (quizá porque para mi, como para muchos otros, Francia no es tanto una nación real como un mito y una idea romántica) y es muy posible que Nestor Luján, periodista, escritor, gastrónomo y bon vivant, también la hubiera suscrito. Como buen catalán, Luján sintió la gravitación del viejo y sofisticado pais galo y la fascinación por la cultura francesa, en especial la historia y la gastronomía. En Viaje a Francia, el autor recoje algunos de los reportajes que escribió para la revista Destino sobre sus viajes por el luminoso hexágono. El libro esta escrito de una manera libre y despreocupada y no hay que buscar en él método ni orden matemático. Tampoco busca eso el viajero que visita Francia, aunque esta sea la patria de Descartes y del método. Lo que busca, es lo mismo que Luján: cultura, historia, gastronomía, disciplina esta ultima que reina en el libro de manera absoluta y versallesca. El autor nacido en Mataró nos habla con pasión de las trufas de la Aquitania, de sus ostras, de los vinos y la opulenta cocina borgoñesa, de la mítica tierra de la Champaña. Nos ilustra sobre ritos gastronómicos, nos habla del legado de Dom Perignon, de la feria gastronómica de Dijon, de les trois glorieuses…Y todo ello trufado con elegantes alusiones a episodios y anécdotas sacadas de la pletórica historia de Francia. Un auténtico homenaje a la douce France. 

Una buena reseña de Juan Malpartida sobre Viaje a Francia 

 

Marías / Negra Espalda del Tiempo

Otra antigua (y algo desmañada) reseña de una novela de Marías que, junto a las del otro dia, también rescato de la oscuridad. La he retocado algo para volverla legible.

In the dark backward and abysm of time?

Shakespeare, The Tempest. 

portada-negra-espalda-tiempo (1)Negra Espalda del Tiempo

Novela, inicialmente publicada en 1998, del para muchos (me incluyo) mejor escritor español vivo. En Negra Espalda del Tiempo, Marías desdibuja de una manera diabólica la línea que separa ficción y realidad. Con su habitual estilo elegante e hipnótico, el autor desarrolla esta ¿ficción? ribeteándola con seductoras ideas filosóficas. Aunque tal vez no sea esta la manera más precisa de referirse a Negra espalda del Tiempo: no debería hablarse de ribete filosófico, ya que la filosofía es más bien la materia prima de la obra. A parte de una absorbente lectura, esta novela es una reflexión sobre el Tiempo, o mejor dicho, sobre su reverso, lo que Marías llama su negra espalda ¿Donde se hallan, a donde van a parar esas cosas que podrían perfectamente haber sido y que finalmente no fueron, en beneficio de otras que, a su vez, pudieron no haber sido? Se hallan justamente ahí, en el reverso del Tiempo, en su “negra espalda”.

Aunque no puede hablarse en absoluto de secuela, la obra retoma en cierto modo el hilo de la anterior Todas las Almas (1989), donde también realidad y ficción se emulsionaban. Aquel libro y sus personajes, según cuenta el autor madrileño, fueron gradualmente invadiendo su realidad cotidiana, de manera que aquel material ficticio pareció ir volviéndose real. Este gradual viraje hacia la realidad de la fabulación de Todas las Almas servirá al autor de material de partida para Negra espalda del Tiempo, y es precisamente en esta nueva obra donde va desdibujando definitivamente sus contornos la siempre delgada línea que separa la realidad de la ficción.

78marias_300Si hubieramos de señalar algo criticable en Negra Espalda (ya puestos) es quizá el que, a medida que el autor desarrolla su apasionante juego literario (un juego muy serio a cargo de un escritor-pensador), va consumando ciertos ajustes de cuentas hacia algunos personajes cuyas trayectorias se han cruzado con la de Marías. Así, el narrador ironiza burlonamente sobre los Querejeta, responsables en 1996 de una versión cinematográfica de Todas las almas, que no le gustó en absoluto a Marías, y que al parecer no era en modo alguno fiel a la obra y a los personajes; o también sobre su antiguo editor de Anagrama, al que deja literalmente por los suelos (“se halla más cerca del tendero que del intelectual, por lo que no se sentía cómodo con razonamientos”). (*)

Vuelven a aparecer en esta obra, al igual que en All Souls, esos escritores ingleses raros y olvidados, siendo la primera impresión la de que son apócrifos, pero que no lo son, y que contribuyen a ese juego mágico al que se libra la pluma del autor. El narrador (como Marías) acostumbra a revolver en librerias de viejo en busca de libros raros de autores recónditos, libros descatalogados y olvidados, algo que también comparte con ese John Gawsworth, sabueso literario y autor raro y olvidado él mismo, que acabó convirtiendose en material de sabuesos. 

Negra Espalda del Tiempo, al igual que otras obras de Marias, combina elegancia formal y contenido filosófico con intriga (Corazón tan Blanco creaba una intriga casi hithcockiana, usando como material la filosofía y el pensamiento). La obra narrativa de Javier Marías, tanto novelas como cuentos, crea en el lector, como ninguna otra, lo que Fernando Savater llamó la fuerza absorta de leer. Algunas de sus descripciones dejan una extraña y fascinante sensación pictórica. Javier Marías es algo más que un escritor: es, por decirlo con las palabras de cierto crítico alemán, un programa estético.  

(*) Y Andrés Trapiello, al que Marías llama “el autor de Manzaneda de Torío” es despachado como el “escritor más inepto de España”. 

Javier Marías / reseñas recobradas

images (16)Leo que Marías prepara nueva novela para Septiembre. Esto me sirve de excusa para recuperar una serie de reseñas (algo imberbes) que escribí hace algunos años sobre unos cuantos libros del autor, así como una pequeña introducción. Como he visto que tampoco son tan malas, las reproduzco aqui.  

Javier Marías: Hijo del filósofo Julián Marías, nació en Madrid en 1951. Estudió Filosofía y Letras y ha sido profesor en Oxford y en la Complutense de Madrid. Se inició en la literatura a los 17-18 años con Los dominios del lobo, aparecida en 1971 y apadrinada por Juan Benet. Antes de la aparición de esta ágil y juvenil novela, Marías ya había escrito algún relato (como La vida y la muerte de Marcelino Iturriaga, incluido en Mientras ellas duermen y que fue escrito con 15 años). Su consagración como novelista llega con Corazón tan blanco, probablemente su mejor obra, traducida a decenas de lenguas y un éxito arrollador en Alemania y Francia. El crítico alemán Marcel Reich-Ranicki, auténtico gurú literario en su país,  consideró a Marías uno de los mayores autores vivos del mundo, fundamentalmente por Corazón tan blanco.

A su siguiente novela, aparecida en 1994, Mañana en la batalla piensa en mí (título tomado de un verso de Shakespeare, al igual que Corazón tan blanco), le llovieron los premios en Europa y América. La novela le valió a Marías algún toque de atención en España, a causa de un episodio en el que satirizaba al rey Juan Carlos.

A pesar de su éxito de crítica y público (o quizá a causa de ello), a Marías no le faltan los detractores. Umbral, en su Diccionario de Literatura, lo llamó angloaburrido, y algunos lo consideran poco español (!?) y extranjerizante. Además de su actividad como novelista y cuentista, ha publicado artículos, antologías e importantes traducciones que también han sido reconocidas y galardonadas, como su versión del Tristam Shandy, de Sterne. Entre sus predilecciones literarias figuran Juan Benet, William Faulkner, Vladimir Nabokov, Lawrence Sterne y Joseph Conrad (del que tradujo El espejo del mar).

Marías es uno de los autores más admirados y odiados del panorama literario nacional. Odiado quizá por haber logrado lo que cualquier autor literario sueña y anhela (y agarraría a Mefistófeles por las solapas con tal de conseguirlo): agradar a la crítica nacional e internacional y congregar largas colas de lectores en busca de su dedicatoria.

Reseñas

Los dominios del lobo, 1971La opera prima del escritor madrileño (escrita a la rimbaudiana edad de 18 años) supuso una estimulante y novedosísima incorporación a la novelística española de los primeros 70. La obra, que contó con el elogio de Juan Benet y Carlos Barral (que le dedicó un prólogo), fue acusada por algunos de escapista, al no ser una obra engagée: es decir, de no retratar la España de la época, y no contribuir al derrocamiento del dictador, digamos. A pesar de tales pecados, se trata de una obra trepidante (contrariamente al Marías más tardío, lento y filosófico), cuya lectura resulta hoy interesante y amena. Ambientada en Estados Unidos y con personajes norteamericanos, su velocidad narrativa sorprenderá a los lectores familiarizados con las obras más recientes del autor.

Todas las almas, 1989. El material de Todas las Almas fue tomado de los dos años de estancia del autor como profesor en Oxford. La novela fue considerada por muchos como autobiográfica al haber en ella tantos elementos en correspondencia con ese intervalo oxoniense de la vida de Marías y parecerse tanto el narrador al autor. Pero esta no es una autobiografía ni una falsa novela, como aclarará el autor años más tarde en Negra espalda del tiempo. Tampoco es un roman à clef, como, al parecer creyeron algunos de sus antiguos colegas de Oxford. Sí es una novela típica de Marías, con su ritmo quedo y calmado; con esas sugerentes ideas extraidas de lo (en apariencia) más banal y cotidiano, y esos personajes descritos con el cuidado y la precisión de un miniaturista. Y todo ello con esa endiablada habilidad de Javier Marías para crear una historia absorvente a partir tan sólo de pensamientos, reflexiones y cuidados y acabados personajes. 

Corazón tan blanco, 1992. “Mis manos son de tu color, pero me averguenza llevar un corazón tan blanco”, dice Lady Macbeth a su usurpador y asesino conyuge, que ha sido instigado por ella misma. De este verso shakespeariano toma Marías el título de su novela: una novela sobre la instigación, sobre la irreversibilidad del conocimiento, sobre el saber o el no saber (que es análogo y paralelo al ser o no ser), es decir sobre el continuar llevando el corazón blanco o tiznarlo del conocimiento de cosas que tal vez desearíamos no saber (y que quizá habiamos intuido antes de saberlas que su conocimiento nos iba a suponer un peso y una carga de la que ya jamás podremos deshacernos). Una novela de intriga (e intrigante) que da cobijo a ideas y pensamientos de lo más hipnótico y sugestivo. Mi modesta afirmación de lector es la de que con la publicación de Corazón tan blanco apareció una de las mejores novelas españolas (quizá la mejor) de los años 90 y puede que del siglo. 

Mientras ellas duermen, 1990. Fascinante colección de relatos escritos entre 1975 y 1990 (excepto La vida y la muerte de Marcelino Iturriaga, de 1968, cuando el autor contaba 16 años). Son algunos de mis predilectos del volumen: La dimisión de Santisteban, un relato de fantasmas (o mejor dicho de un solo fantasma) en la mejor tradición inglesa, nacionalidad a la que pertenecen algunos de los autores más visitados por Javier Marías; Gualta que recuerda el William Wilson, de Poe; Un epigrama de lealtad, otro de mis favoritos, ya que a pesar de su sabor literario, de su sabor a cuento, es, en cierto modo, la novelización de algo que debió más o menos corresponder punto por punto con la realidad: John Gawsworth, el olvidado autor (de existencia real) que ya apareció en Todas las Almas acabó efectivamente sus dias como vagabundo en Londres y en alguna ocasión debió en efecto señalar, a través del cristal de alguna librería (tal y como sucede en el cuento) alguna de sus obras, que ya no podría comprar, a sus camaradas indigentes; en Mientras ellas Duermen, que da título al volumen, aparece de nuevo el Marías más plástico, más miniaturista: su delicado y preciso pincel crea turbadoras escenas y personajes animados por motivaciones fascinantes y terribles; en Una noche de amor, lo sobrenatural amenaza con derribar el débil y delgado tabique que lo separa de lo real y lo cotidiano…en definitiva, catorce cuentos, catorce espléndidas miniaturas que saben fascinarnos no sólo con lo bello, sino con lo enigmático y extraño, y aún con lo terrible y atroz.

Cuentos únicos, 1989. Como el propio Marías explica en el prólogo, esta antología consta de relatos escritos por autores de segunda fila u olvidados (con alguna excepción, como la de Durrell o Churchill), que tuvieron el mérito de dar en la diana al menos una única vez y crear un espléndido cuento en el contexto de una obra globalmente menor y difuminada en el tiempo. Todos los cuentos son de autores anglosajones, pertenecen a la época de entreguerras y forman parte del género fantástico y de horror, en el que tan rica es la literatura inglesa. Entre estos autores olvidados, figura John Gawsworth, un escritor real y verídico, que apareció como personaje en Todas las Almas y Negra espalda del Tiempo y que daba al lector la sensación (casi la certeza) de que era apócrifo. Otro de estos misteriosos y lejanos autores olvidados o semiolvidados es el propio Javier Marías disfrazado. Por lo tanto sólo uno de los escritores es apócrifo ¿Quien? Juan Benet lo descubrió a la primera, no así el filósofo Julián Marías, padre del autor.

Vidas escritas, 1992. En este volumen, Marías nos presenta los retratos de algunos de los más importantes autores de la historia de la literatura: Sterne, Conrad, Joyce, Conan Doyle, Lampedusa, Stevenson, Nabokov, Rimbaud, James…Cada uno de los retratos, aparte de una elegante presentación del autor en cuestión, constituye el risueño descubrimiento de anécdotas y curiosidades sobre el personaje o su obra. El volumen se completa con Artistas perfectos, una galería fotográfica de autores literarios comentada con elegante y analítica precisión por Marías. Creo que Vidas Escritas supondrá un grato descubrimiento no sólo para los seguidores de la obra del autor madrileño, sino para los interesados por la literatura en general y por las vidas, manías y rarezas de sus insignes cultivadores. 

Miramientos, 1997. En la línea de su anterior Vidas escritas, Javier Marías abunda en sus retratos de autores literarios, en esta ocasión centrándose en los hispánicos (en tanto que Vidas se refería a literatos extranjeros). Uno de los retratados es el propio Marías, al que en el prólogo se refiere irónicamente como el húngaro (quizá en burlona alusión al hecho de que no pocos lo consideran un autor casi extranjero o como mínimo extranjerizante). Algunos de los autores que desfilan en Miramientos: Borges, Benet, Neruda, Eduardo Mendoza, Cabrera Infante...

Literatura y fantasma, 1993. Edición ampliada, 2000. En Literatura y Fantasma, el autor recopila sus artículos sobre literatura. Marías habla de sus escritores predilectos, del oficio de traducir, de su admirado mentor Juan Benet, de la experiencia que supuso el (temido) reencuentro con su primera novela Los dominios del lobo, de lo efímeras que pueden resultar ciertas glorias literarias, sobre las razones para escribir o no escribir ficción, etc. Algunos de los artículos más agradables e interesantes del volumen, en mi opinión: uno de la serie dedicada a Benet, Mispíquel y leberquisa, adaptado de una charla en el Colegio de Ingenieros en homenaje a su padrino literario (fallecido poco antes), en el que se cuenta la muy divertida manera en la que el autor de Volverás a Región le elogió al entonces joven Marías su segunda novela Travesía del Horizonte; otro artículo en el que se nos presenta la traducción como representación (en el sentido teatral de la palabra) de lo escrito y creado por el autor, a la manera en que una obra de teatro, por ejemplo, es una representación de la realidad y no la propia realidad, idea interesante, que vindica el oficio de traductor, tradicionalmente tan vituperado; Las patas del perro, donde Marías reivindica a Hammett, el padre de la novela negra norteamericana; etc…Se trata, en definitiva de un interesante volumen que conforma una especie de summa del pensamiento literario de Marías. 

Virginia Woolf / Aniversario

Hoy 28 de Marzo se cumple un nuevo aniversario de la muerte de Virgina Woolf. 73 años ya, desde aquel dia de 1941 en que sucumbiendo a una de sus depresiones, esta vez brutal, escribió una última carta a Leonard, llenó sus bolsillos de piedras y se sumergió en el rio Ouse, en Sussex.

“Querido:

Estoy segura de que me vuelvo loca de nuevo. Creo que no puedo pasar por otra de esas espantosas temporadas. Esta vez no voy a recuperarme. Empiezo a oír voces y no puedo concentrarme. Así que estoy haciendo lo que me parece mejor. Me has dado la mayor felicidad posible. Has sido en todos los aspectos todo lo que se puede ser. No creo que dos personas puedan haber sido más felices hasta que esta terrible enfermedad apareció. No puedo luchar más. Sé que estoy destrozando tu vida, que sin mí podrías trabajar. Y sé que lo harás. Verás que ni siquiera puedo escribir esto adecuadamente. No puedo leer. Lo que quiero decir es que te debo toda la felicidad de mi vida. Has sido totalmente paciente conmigo e increíblemente bueno. Quiero decirte que… Todo el mundo lo sabe. Si alguien pudiera haberme salvado, habrías sido tú. No me queda nada excepto la certeza de tu bondad. No puedo seguir destrozando tu vida por más tiempo.

No creo que dos personas pudieran haber sido más felices de lo que lo hemos sido nosotros.

V. “

Contrato Único

Imagen

Sorpresa para hoy. El País se declara a favor del Contrato Único. Ese mismo que rechaza numantinamente el cuarteto reaccionario formado por PP, PSOE, Patronal y Sindicatos.

Teniendo en cuenta la influencia que (incomprensiblemente) sigue teniendo el diario de PRISA como gran referente socialdemócrata, creo que es una muy buena noticia su apoyo al Contrato Único. Para que la gente deje de verlo absurdamente como una maldad “neoliberal”. El País lo hace apelando de manera populista a la “juventud condenada”, pero es igual. El Contrato Único es una medida fundamental para acabar con la dualidad y la esclerosis de nuestro mercado laboral, para modernizar su viejo marco cutre, rígido y carcelario. Un Contrato Único con indemnización creciente es algo tan razonable que solo una casta calcificada puede seguir oponiéndose, como es el caso.

Bueno. Poco a poco y a lo tonto, tal vez podamos ir desmantelando las estructuras jurásicas que siempre han lastrado a nuestra economía. Al margen de que se lograra esa bendición para nuestro mercado laboral que sería el Contrato Único, otro movimiento fundamental sería desmontar de una vez el tinglado pantagruélico de las AAPP. Las diputaciones inútiles y la jungla de ayuntamientos, entre muchas otras cosas. Lo que permitiría no tener que freir a impuestos a ciudadanos, emprendedores y empresas, con el único objeto de mantener al Mastodonte Estatal. Eso, junto a la reactivación del crédito, dinamizaría la economía, el consumo y la creacion de empleo.

Aunque el aligeramiento del Estado y una fiscalidad baja es más un sueño que otra cosa, teniendo en cuenta nuestra desgraciada cultura estatista. Pero vaya.

Quizá este país pueda tener arreglo a pesar de todo. No hay que hacerse demasiadas ilusiones, pero ya veremos. El Contrato Único sería una gran válvula de escape para una cifra de desempleo insoportable y la base de un marco laboral infinitamente más flexible, moderno y con oportunidades.

Xavier Sala Martín y el amor

Estan-relacionados-el-amor-y-l_54373243329_53699622600_601_341

En su mini disertación de hoy en la web de La Vanguardia, el economista neoliberal declara que “el mundo está lleno de amor”.

Tras analizar una serie de datos por países, Xavier Sala Martín concluye que “cuanto más rico es el país más fluye el amor”.

Sus explicaciones aqui:

http://videos.lavanguardia.com/economia/20130507/54373243329/sala-i-martin-amor-economia.html

Micrófonos

montilla-puchero

Ah, Montilla. Pensábamos que era un tipo más bien simple y sin luces, especie de muñequito de trapo en la mano juguetona de Carod-Rovira, figurita de plastilina de la calle Nicaragua.

Ahora vemos que bajo su mandato se produjeron en Cataluña sucesos frente a los cuales el Watergate fue una gamberrada de chiquillería callejera, pelota y cristal roto.

Espionaje y escuchas, micrófono y cableado oculto. La Vida de los Otros en La Camarga. Descubrimos que Montilla era tan complejo y malvado como el mismísimo Richard Nixon. Ahora necesitaríamos algo que no tenemos: un David Frost que durante dias y semanas desmadejara esa complejidad y esa maldad para la audiencia. Que le arrancara al Yago disléxico confesiones, frases para la historia.

Yo anhelaría algún titular explosivo como aquel que Nixon le regaló a Frost, tras muchas horas de agotadora entrevista televisada: ” Si el presidente lo hace, entonces NO ES delito!” Algo que rebelaría a nuestro tranquilo socialdemócrata como un secreto lector de Carlyle; un republican en el sentido más estadounidense y cafre. ¿Como podría explicarse si no lo que vino después?

Es increíble lo que el tiempo nos va descubriendo. Como nos obliga a redefinir las biografías, los personajes. Montilla era una oscura criatura shakespeariana, especie de Macbeth alopécico. Vemos ahora que Carod a su lado no llegaba ni a brujita de prólogo.

http://www.elmundo.es/elmundo/2013/02/11/barcelona/1360588153.html

The Night of The Hunter, 1955

1220_2_nigh_90

No me canso de ver Night of the Hunter. Es un enfrentamiento entre el Bien y el Mal (nada nuevo) en un entorno pastoral de llanuras infinitas, de cosechas laboriosas, granjas, ríos e iglesias; de gente campestre profundamente estadounidense, como salida de ese American Gothic, la pintura quintaesencial de Grant Wood. El Bien y el Mal, como en Melville, Tolkien o El Génesis. El Mal es aquí gratuito y puro, y no parece consecuencia de la injusticia, la miseria o la desestructuración. Simplemente es: forma parte de la realidad del mundo. Robert Mitchum es un psicópata de Biblia y cuchillo, y que nadie busque una explicación de su maldad criminal. No la hay, o la historia la ignora: el tipo es así. Es su carácter o su naturaleza. Lo percibe rápidamente el espectador en su alucinante monólogo inicial, tras cometer un primer crimen: mientras conduce el automóvil sin techo sobre la llanura hablándole a ese Dios que ahí está, supuestamente colgando en el cielo, escuchando sus razones. Un espeluznante diálogo, a la altura del de Norman Bates y su madre, en una película que aún estaba por hacer.

Mitchum es la compleja (por incomprensible) expresión del Mal. ¿Y el Bien? El Bien es simplemente el de aquellas gentes que viven y trabajan en esa Virginia Occidental de la Depresión, que van a la iglesia con fe de autómatas o sin fe, que conversan y festejan bajo el tórrido cielo del casi medio oeste. Los pequeños hijos de Shelley Winters (dos de los actores infantiles más formidables que se hayan visto en una pantalla) son el “Bien” que escapa, a través de los campos, y de la noche, y duermen en granjas abandonadas, o se deslizan en barca sobre silenciosos lagos nocturnos. Huyendo de ese Leaning on the Everlasting Arm, el aterrador estribillo del reverendo.

Hay momentos de estremecedora poesía en Night of the Hunter. Como ese en que los dos pequeños hermanos escapan por un pelo de Mitchum, empujando la barca un segundo antes de que el reverendo asesino pueda arrojar su corpachón en ella. A continuación, Laughton nos regala unos minutos mágicos, de terrores infantiles, sueño y música. Esa barca moviéndose en la soledad de la noche estrellada, la indefensión de los niños, la inocencia y la voluntad. Un momento Mark Twain, vagamente gótico.

Algo esencial en la increíble (y única) película de Charles Laughton: aquí el Bien sabe defenderse. Quizá porque ser “Bien” es algo abnegado y costoso, un nada fácil ejercicio de autodisciplina, sobre todo en esa Depresión, en esos tiempos difíciles en los que el Mal forzosamente crece. Lillian Gish acoge a los niños fugitivos, ya huérfanos, y planta cara por ellos y por un espacio moral (el suyo), trabajado y que cree recto; lo hace con su Biblia y sus sermones, y con historias y cánticos. Pero también con energía y valor, y con un rifle más grande que ella misma.

Generación X, variante española

¿Qué fue de la Generación X, básicamente aquellos nacidos a lo largo de los setenta, año arriba, año abajo?  Su versión española ha sido especialmente desgraciada. Hacia 1995-96 se van asomando al mundo adulto, a la dura vida responsable, las profesiones, el mundo laboral, la búsqueda de vivienda y los laboriosos (luego no tanto) créditos. ¿Qué se encontraron? Pues, tachán, una España en crisis, en recesión económica desde como mínimo 1993, con un paro superior al 20%, y un reguero de corruptelas y escándalos, además de una insoportable crispación mediática. Y un reciente cambio de gobierno que se lanzaba a reformas impopulares. ¿Nos suena todo esto de algo?

Pero además, había que bregar en la época con una desventaja muy grave: en 1996 no había Internet (en la práctica), ni redes sociales, ni smartphones, ni vuelos lowcost. Irte a Londres, por ejemplo, era una aventura nada barata y casi temeraria. Y el abrelatas de las relaciones sociales y afectivas era todavia penosamente analógico. Había que lanzarse a la calle, al campus, a los cafés, al mundo noctámbulo o a los anuncios por palabras.

En 1996, Pedro Maestre, un joven de 29 años hoy olvidado, ganó el Nadal con su novela Matando dinosaurios con tirachinas. Alguien debería reeditarla. Al igual que el autor, su protagonista era un joven licenciado que no encontraba trabajo ni de coña y se dedicaba a masticar su hastío. Año 1996. Luego vendría en España una década de crecimiento económico caótico y bastante falsario, pero que nos hizo creer que el cutrerío ancestral del país quedaba atrás.

Bien. ¿Qué se nos ofrece hoy, entre 15 y 20 años más tarde, en este país? Pues más o menos lo mismo que entonces: un panorama de paro, recesión y corrupción. Vuelta al punto de partida. Qué asco, ¿no?, para esa antigua generación X que, ahora como treintañeros tardíos o cuarentones, además ya no están en el centro de los desvelos populistas de gobiernos y medios. Y es que una nueva generación joven, los nacidos a partir de 1981 (digamos) es ahora la estrella y nueva víctima, la última de la serie. La diferencia ahora, para los hastiados y estafados X que casi dos décadas después vuelven atónitos a la España de Pedro Maestre, es la existencia en 2013 de unas  potentes herramientas tecnológicas que nos permiten moldear nuestra realidad como nunca antes. Y que son la única esperanza de sobreponerse creativamente a esta estafa de país, o de sociedad.Y evitar la sensación de que nos vuelven a colocar en la misma parada de autobus tras desvalijarnos durante la carrera.

Y con una ventaja adicional: la de saber muy bien como eran las cosas antes. Como eran aquellos años noventeros todavía más tristones en los que había que recurrir al Primeramà, poner anuncios en los tablones, coger el metro para pagar un recibo, buscar un buzón para enviar un CV o ahorrar para permitirse un modesto citybreak. Y justamente por eso valoramos más lo que tenemos ahora en las manos, todo eso que entonces hubiera sido una fantasía futurista. Al final resultará que la X es una generación de privilegio, de perspectiva inmejorable e intransferible.