Cría Cuervos (1976), de Carlos Saura
12 junio, 2011
(…)
La obra mayúscula del gran Saura de los setenta vendría con Cría Cuervos (1976), auténtico cuento gótico de represión y perturbación infantil, de ensoñaciones oscuras y hasta instintos asesinos.
Se dice que Saura quedó impresionado con la niña Ana Torrent en El Espíritu de la Colmena, y que escribió Cría Cuervos pensando en ella para el papel principal. Pues la cosa salió redonda, ya que la pequeña Torrent logra su segundo gran milagro cinematográfico, vertebrando Cría Cuervos con la misma mágica intensidad que en la película de Erice. Pero aquí, la Torrent nos presenta un personaje mucho más inquietante, vagamente siniestro, que en El Espíritu de la Colmena.
La película está contada por completo desde su perturbado prisma. Las apariciones de Geraldine Chaplin (su madre muerta) son constantes evocaciones de su imaginación y su ausencia la lleva a una depurada agresividad (muy intima y hacia adentro) dirigida a las figuras supervivientes, en especial a la bienintencionada, aunque rígida, tía (Mónica Randall), que ha de ocuparse de la educación de las niñas tras la muerte de la madre.
Este polvo es un veneno que puede matar a un elefante. La madre (Geraldine Chaplin) le había hecho entrega a Ana de esa discreta arma de destrucción, aunque solo lo será en la imaginación de la niña. Pero lo que cuenta son las intenciones. Y las de Ana son de verdadero cuidado. Espeluznantes.
Geraldine Chaplin encarna al fantasma de la madre ausente, pero también a una Ana futura, que nos habla desde un lejano 1995, dos décadas en el porvenir. La Ana adulta habla a la cámara en un dolido e inquietante monólogo en el que explica su peripecia emocional en aquellos años infantiles. Y desliza cosas como esta: “yo recuerdo mi infancia como un periodo largo, interminable, triste, donde el miedo lo llenaba todo.”
(…)






