Durante una acalorada discusión con Cordano, la Gausí y la Sorkin -que bordeó la violencia física, que rondó el puño americano verbal, el nudillo- referida a las relaciones entre realidad y lenguaje (discusión en la que fui pateado y demolido), para mi secreta satisfacción descubrí que los violentos personajes no identificaban a Lutwig Wittgenstein. Había dejado caer a la desesperada [...]

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